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LA GENTE MAYOR

“Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir más tiempo”

          Charles A. Sainte-Beuve

Hoy voy a hablaros de un gran colectivo cada vez más numeroso según los últimos estudios debido a la falta de natalidad y un aumento de la longevidad general: la gente mayor. Al decir esto me siento como Manuel Torre iglesias, presentador del programa Saber Vivir dedicado a la salud y los buenos hábitos para mantenerla. “Mi gente mayor -decía- mi queridísima gente mayor“. Siempre me resulta impactante ver a un señor mayor dirigirse a su propia quinta como si no formase parte de ella.

El gran Pepe Colubi decía que este señor (M. T.) planeaba dominar el mundo. Que estaba adiestrando una raza de superabuelos sanos y fibrosos que sólo comen verdura, que a penas duermen y son capaces de cubrir grandes distancias a pie armados con muñequeras medidoras de tensión. Colubi aseguraba que algún día nos arrepentiríamos de infravalorarlos.

Javier Cansado, gran humorista parte de la pareja cómica Faemino y Cansado, por su parte aseguraba:

“El día en que los viejos entiendan que no tienen nada que perder, dominarán el mundo”

En fin, muy fan de Manuel Torreiglesias. Para nuestros amigos que no conozcan su gran labor, aquí os dejo una foto de nuestro héroe con uno de sus amigos de la infancia.

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Lejos de lo que pueda parecer después de leer algunas de mis entradas en las que toco el tema de la tercera edad como en conducir, yo adoro a la gente mayor, mi queridísima gent… ¿¡Veis¡? ¡es qué no puedes evitarlo! ¡qué grande eres,  Torreiglesias!

Como decía, soy un firme defensor de estas sabias y menospreciadas personas y creo que hay que apoyarlas y ayudarlas. Yo lo hago a menudo, y es porque disfruto mucho ayudando a la gente mayor.

Una de mis prácticas favoritas para con mis mayores es ayudarlos a cruzar. El problema es que hay algunos que todavía no saben que quieren cruzar. Ellos se suelen negar pero yo imagino que es por cosas de la edad que se les va la cabeza y eso.

Se les va tanto que muchas veces justo después de cruzarlos van los muy pillos y vuelven a cruzar. Menos mal que me gustan los retos…

Algunos me miran mal. Pero yo me lo tomo con filosofía. Yo no hago estas cosas por los agradecimientos. Y si, es de bien nacido ser agradecido, pero mi inteligencia está muy por encima de esos nimios rencores ¿qué le vamos hacer si son todos unos malnacidos?

Un aspecto que no sólo no comparto, sino que además no permito que se atribuya a la gente mayor es la falta de cultura. Máxime cuando a muchos de vosotros os quitan el autocorrector y no sois naide.

“¡Como encuentre al carbón que me ha reactivado el fruto autocorrector le corto los cojines!”

Por otro lado, y aún manteniéndome defensor de las virtudes de la tercera, tengo que decir que ya no hay abuelos como los de antes, que a las diez de la mañana ya llevaban tomados dos carajillos, un coñac y dos sol y sombra. Ahora a lo sumo se toman un Danacol: otro de esos yogures de beber diminutos que al parecer tienen cada uno una finalidad distinta relacionada con el colesterol, las defensas, etc. pero que a mi juicio salen todos de la misma cuba, en donde han echado los yogures caducados y los han rebajado con agua para que no se note, brindándoles a estos pobres lácteos otra oportunidad para pasar por nuestros intestinos.

Y es que los abuelos ya no son lo que eran. A mí mi abuelo jamás me dio un caramelo Werther’s Original y estoy seguro de que a él tampoco se los dio su abuelo como decía el del anuncio.

“—Aún recuerdo cuando mi abuelo me daba mis Werther’s Original. Igual que ahora te los doy yo a ti.

—Caballero, le repito que no le conozco, suelte esa caca de perro o al menos aléjela de mi, por favor”

Es más, teniendo en cuenta cómo sacaba mi padre la “mano a pasear” y habida constancia de que su padre lo hacía mucho más, por esa regla de tres lo único que recibiría mi abuelo de su abuelo serían martillazos en la cabeza.

Mi abuelo era un artista también. Siempre me decía “ustede lo chiquillo de ahora na más que valen pa hacer el mal” y se iba. Luego sacaba otra vez la cabeza por el marco de la puerta y repetía “¡EL MAL!” y ya se iba a beber (dato real).

Y es esta predisposición que tenían mi abuelo y su homónimo a arreglarlo todo con el látigo cinturón, la que nos lleva a abordar el siguiente tema: las manías de la gente mayor.

La gente mayor, en adelante GM (pronunciarlo en vuestra mente como yemmmh, muy importante la h al final, que representa al último aliento de vida), tiene una serie de particularidades bastante significativas que nos ayudarán a identificarlos.

Los GM’s tienen, entre otras, la curiosa manía de decir que los jóvenes de hoy en día despilfarran su vida, poniendo esto por una lastima. Y lo hacen desde la barra del bar de la asociación de vecinos donde pasan entre 6 y 8 horas diarias.

Amigo GM (esa h, que no se oye), lo nuestro es una pena, pero más pena es lo vuestro, que os queda menos tiempo. Las a estadísticas van en vuestra contra así que vosotros sabréis…

“—Qué bien te habría venido una mili de las de antes…

—¿Qué has dicho?

—Nada abuelo, nada.”

No es recomendable reírnos de la gente mayor. No sólo por las razones lógicas de respeto y educación. Sino porque todos,  en el mejor de los casos, acabaremos así. Por mucho que a los 40 empieces con el running nada te salvará de llegar a la tercera edad salvo la muerte,  que por otro lado intentas evitar a toda costa haciendo ejercicio; un círculo vicioso.

Yo por mi parte creo que ya me estoy haciendo mayor. He empezado a pensar cosas, como en que me pasaría el día dándoles de bofetones a los chavales hasta ponerles las dichosas gorras derechas. En fin, no se si me hago viejo, pero está claro que soy hijo de mi padre.

Este es un tema delicado para mí. Pero no porque tenga tanto miedo a envejecer que siga llamando “seño” a la profesora de la universidad, sino porque me hago cargo de la ignorancia de la gente respecto a los ancianos, pues se ríen de ellos como si ignorasen que tan sólo son un reflejo de su propio futuro.

Así pues, Cuando vayas a una discoteca con tus veinticinco añazos, no es recomendable preguntar entre risas qué hace ese señor que roza la cincuentena sentado a la barra mirando su ron con Bitter Kas, pues es muy posible que simplemente te esté calentando el puesto.

APRENDIENDO A ACEPTAR EVITAR LO INEVITABLE.

Por último, quiero ayudaros a aceptar el final evitar entrar en la vejez antes de tiempo. No os preocupéis, he estado buscando por internet la friolera diez minutos y he descubierto que la vejez es en cierta manera prorrogable. Hay ciertas pautas de comportamiento que debemos evitar si aún no queremos salir de la segunda edad:

-Decir “aaaaaay” cuando nos levantamos del sofá.

-Decir “es la primera vez que me siento en todo el dia”

Admitir que tengas problemas en la vista, el oído, etc. Siempre has de tener una escusa preparada para esas situaciones:

“—Del uno al diez, ¿cuál es su nivel de sordera?

—Si.”

Dejar de poner las manos delante cuando do te caes de bruces. No se a que edad empieza esto, pero los mayores desarrollan cierta predisposición a aterrizar con la cara.

Decir “la noche es joven”  a las 20:30. Es más, mejor no lo digamos nunca.

Intentar engañar al personal esforzándonos por utilizar léxico de cuando eramos más jóvenes, así que ya sabéis, cuando vayáis a la discoteque, hablad d’abuten. De esas palabras molonas nasty de plasty, ¿okidoki?.

Revelar a alguien lo que había antes de lo que está. Ejemplo: “antes de este centro comercial, todo esto era una plantación de plataneras”.

Mirar el tiempo meteorológico: Cuando tenemos 30 años el tiempo es eso que pasa cuando estás fuera -cuando eres vigilante de seguridad el tiempo es eso que pasa de la cámara 1 a la 17-. Pero a partir de cierta edad empezamos a planificar el día siguiente en función del tiempo. “hoy no salimos que va a llover”; “mañana vamos al mercado en vez de al centro, que va a hacer calor.” Estas planificaciones tendrían su sentido si pretendiésemos coronar el Everest o ganar el París-Dakar, pero no para el día a día a menos que seas mayor.

Tardar más de 10 minutos en el cajero.

Conducir como si nuestro coche solo tuviera dos marchas: la lenta y la lentísima.

Bailar con los niños en las bodas.

Todo esto lo he encontrado en 10 minutos. Lo que nos da una idea aproximada del terror general que hay a envejecer. Pero amigos, no deberíamos temer llegar a viejos. La muerte, esa fuerza implacable de la realidad,  todopoderosa, que alcanza a ricos y a pobres, al joven y al valiente. El tribunal final al que todos tenemos que dar cuenta. Tarde o temprano nos alcanzará, tengamos la edad que tengamos.

A mi parecer, envejecer es magnífico. Pues es la única manera de mirar a la cara a esa fuerza omnipotente que es la muerte y decirle “¿a qué coño estabas esperando, HIJA DE PUTA?”

Twitter=@cansinoroyal

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