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COSAS QUE DAN PARA UNA ENTRADA

Aunque pueda parecer tonto lo contrario, dadas las múltiples ocasiones en las que he tocado el tema de la creciente volatilidad de mi capacidad de atención, yo me fijo mucho en los detalles. Cuando uno pasea por la calle y comete la desfachatez de mirar hacia otro sitio que no sea a dónde pisa, puede ser testigo de la maravillosa diversidad de personas dignas de mención que pululan por las aceras.

En mi caso, los que hayáis leído otras veces esta sarta de tonterías que libero a la atmósfera, sabéis que soy una persona muy observadora, pues la finitud de la batería de mi móvil me obliga a veces a fijarme en todo para no aburrirme, incluida la gente que va por la calle.

Y es que para escribir este tipo de textos es imprescindible fijarte en los pormenores de la vida, esos detalles que tu cerebro obvia hasta el punto de parecer ignorarlos, pero sabe que están ahí. Tal y como hacen tus ojos con tu nariz o el resto de los cazafantasmas con el cazafantasmas negro.

Estos detalles son los que yo recopilo mientras me arrastro por mi penosa existencia para luego ir con el cuento a vosotros. Y uno de esos detalles propiamente dichos son los que veo caminando por la calle (caminando yo, no es que a los detalles les hayan salido patas). Arranquemos por ejemplo con la gente que topa con un conocido. A mí esos encuentros fortuitos con ciertos conocidos solo me sirven para recordarme que tengo que eliminarles del Facebook.

“—Hombre Eze, ¡cuánto tiempo!
—Y porque me has visto tu antes…
—¿Eh?
—¡Que cuánto tiempo!”

Pero parece que no es así para el resto de la gente. Después de una cordial conversación, se despiden prometiendo volver a verse, y que cuando lo hagan no sea por casualidad.

“Un día tenemos que quedar para tomar un café y mirar cada uno su movil”

Lo que me sirve como material para entradas es ver como esas personas se desean lo mejor, se encargan mutuamente saludos a amigos comunes y familiares, y se estrechan la mano efusivamente en una cálida despedida para proseguir cada uno su camino… en la misma dirección.

¿Qué le dices a una persona de la que te acabas de despedir pero que estas obligado a seguir viendo hasta que vuestras sendas os separen? En serio, no es una pregunta capciosa, quiero saberlo porque me ha pasado ya varias veces, y no porque me lo busque despidiéndome en medio de un puente.

Hasta que alguien pueda ayudarme con el dilema seguiré con mi estrategia de soltar un: “de perdidos al río” y cogerle de la mano. “Y es que todo pasa por algo, guapetón”.

No es solo mi inclinación pseudohomosexual la que me hace preferir a esta gente a su opuesto: Esos vecinos con los que vives puerta con puerta y que no saludan porque les han afectado los recortes en educación.

La calle no es el único sitio en donde uno encuentra cosas curiosas. Cualquier sitio público es un simposio de temas de los que hablar. El otro día estaba haciendo la compra en unos grandes almacenes cuando apareció un joven de unos treinta y dos años (porque tengas la edad que tengas, la definición de joven es tu edad; lo demás son viejos o niñatos). El pobre parecía notablemente afligido porque había perdido de vista a su hijo. Me detalló la ropa y la edad del vástago y yo respondí negativamente ante sus pesquisas.

Un par de pasillos más allá, me encontré con un minisujeto que concordada perfectamente con la descripción. Así que en un acto de altruismo me acerqué al niño y le susurré con ternura: “Tranquilo, yo llevo perdido aquí veintidós años, y nunca me ha faltado de nada. Tan solo tienes que buscarte un sitio alto para dormir donde no te alcance Johnny Depp; lo sueltan aquí por las noches”.

Ya se sabe. Johnny Depp puede ser muy peligroso, sobre todo si te interpones entre él y su padre Tim Burton.

“—Señor Burton, el señor Depp está en la puerta.
—Joder… ¿De qué va disfrazado ahora?
—De pene gigantesco
—Madre mía… Abre anda, ya se nos ocurrirá algo”

Caminando por la calle ves cosas extrañas. Algunas no lo parecen, pues entran dentro de la normalidad de cada día. Pero tu mente se encarga de darles esa chispa de misterio al hacer que te plantees ciertas dudas existenciales. A mi me pasa con esos policías que van en bicicleta.

Su presencia está cada vez más arraigada en nuestro día a día y, en honor a la verdad, me parece muy buena idea. Son efectivos que cumplen su trabajo ahorrándole al estado un dinero en combustible y contribuyen a dar un respiro a la capa de ozono. Pero (y aquí es donde mi mente empieza a oler a quemado) ¿cómo hacen para arrestar a la gente llevando bici? Debe de ser algo así como:

“Tú te lo has buscado, hijo. ¡A la cesta! Tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga…”

Si hablamos de transeúntes, tarde o temprano acabaremos hablando de los que van por ahí usando su teléfono móvil. En algunos casos ya de por sí es un deporte. Como en el mío, pues me he comprado un Samsung Galaxy Note. Es un poco…  un poco grande ¿verdad?. De hecho he contratado a una cofradía entera para llevarlo por la calle.

Como decía, dentro de los phonejockeys hay categorías para elegir. Y de ellas la que más me gusta es ese que va por ahí hablando por el movil con el altavoz del manos libres activado. Que vosotros direis: “iría con las manos ocupadas…” No, no. Ambas manos libres. ¡Ambas! Una agarrando el aparato y otra en el bolsillo, presumiblemente aferrándose al poco atisbo de dignidad que les ha dejado semejante práctica. Así que ahí van, hablando como si llevarán un walkie talkie, como si se hubieran escapado de un programa del Discovery Channel.

Y ya puestos a hablar de gastar dinero en estupideces, hablemos de los artistas callejeros. El otro día pasé por delante de un mimo que simulaba subir por una cuerda. Me gustó mucho, de modo que simulé dejarle una moneda. Pero no son estos los únicos que te piden dinero por la calle. Hay otra gente que… ¿Cómo explicarlo? Digamos que es un hecho que las drogas no son la respuesta, a menos que la pregunta sea: “¿Por qué no tienes dientes y estas haciendo como que trabajas de aparcacoches?

Se que hay gente que ya sea por miedo o por caridad, no es capaz de negarles una moneda. Pero luego se sienten mal por haberlo hecho sabiendo para qué lo van a utilizar. Para esa gente tengo un ligero comentario que tal vez sea de ayuda:

-Aparcar con “aparcacoches”=1€
-Utilizar transporte público=1.30

De nada.

¿Qué me decís de las gitanas? Esas simpáticas vendedoras que parece que pasan hambre, pero no hay ninguna flaca. Que quieren venderte un trozo de hierva a modo de talismán. Pero no de la que se fuma, si no de la que se echa al cocido.

“—Ay payo guapo, toma esta ramita de romero, te dará suerte.
—¡Gracias!
—¿Me das algo pa pasá el día guapo?
—Ten, toma esta ramita de romero, te dará suerte.”

Así que ya sabéis, amigos/as/is no perdáis la fe en la humanidad. Y si lo hacéis, preguntad a vuestra madre que seguro que la ha guardado ella.

Twitter=@cansinoroyal

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6 thoughts on “COSAS QUE DAN PARA UNA ENTRADA

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