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CORRER V: Alternativas al running

“El ser humano solo usa el 10%de su matrícula de gimnasio”  Albert Einstein.

¿Por qué dejar el Running? Pues porque estoy sufriendo bastante rechazo social. Ya estoy harto de que la gente se me acerque y me pregunte “¿De qué huyes? ¿Tu amigo va a hacer una mudanza?”

Vosotros reiros. Pero el running podría ser un problema. Cuando todos esos yonkies que corren para no pensar en la droga vuelvan a engancharse a ver quién los persigue cuando te roben el móvil para cambiarlo por un bolo.

Yo empecé en esto del running por casualidad. Eran esas corazonadas que me daban cuando veía gente correr en domingo y cosas así. Yo veía todos esos señores corriendo y pensaba: Al final va a haber que hacerse Runner. No sea que un día caiga un apocalipsis Zombie y todos corran más que uno.

BUSCANDO ALTERNATIVAS

Cuando una persona comete la inmoralidad de salir a correr porque sí. Tiene que tener por seguro que, a menos que tengas quince años, a la larga empezarás a notar el desgaste endémico de esta práctica. Yo no tardé demasiado en empezar a verme aquejado de serios dolores de rodilla. Tenía  que buscar una alternativa sana a eso de correr por ahí que me llenase tanto o más que el running.

No me hacen mucha gracia las máquinas de gimnasio, excepto una en la que metes un euro y te sale un Bollicao. Las pesas tampoco so lo mío. Total, que llevo dos meses apuntado a un gimnasio. Y lo único que he perdido son 90 euros. Puede que así, vestido, aún no se me note, pero esperad a que termine el verano y haya que ir a tomar café a un Starbucks…

“—Mi novia me ha dejado porque dice que estoy obsesionado con el gimnasio.
—Qué fuerte…
—Gracias. Toca, toca”

En estos enclaves para cultivar el cuerpo (los gimnasios, no los Starbucks) hay muchas actividades que hacer. Y una de ellas me interesó lo bastante como para apuntarme: el Bodycombat.

El Bodycombat es como el aerobic de toda la vida. Solo que pegando patadas al aire o a un extraño saco de boxeo que en lugar de pender suspendido de una cadena se alza desde el suelo hasta alcanzar la altura de una persona. Pues bien: durante la primera semana asistí a las lecciones que un simpático señor bajito (hasta el punto de que le olía la cabeza a pies) impartió lunes, miércoles y viernes. Todo muy bien, pues gracias a mi pasado Runner logré estar a la altura. Un poco de cuidado de no resbalar con los calcetines al ejecutar las patadas al saco y listo.

Mi frustración comenzó el primer día de la semana siguiente.

El sábado ya había ido al Gato largo (Thecatlong) a adquirir ciertos artículos como unas vendas elásticas para transformar mis puños en herramientas de muerte y destrucción y un calzado especial para deportes en parquet sospechosamente parecido a unas bailarinas. Y eso que a mí este tipo de indumentarias no me despierta mucha confianza. Las vendas para las manos, por ejemplo, tienen un cierre parecido al de un sujetador. Baste decir que hace años cogí un sujetador de mi hermana para practicar con el cierre.No pude abrirlo y me dio mucha vergüenza decir algo. A día de hoy todavía lo llevo puesto. Lo uso para colgar mi GoPro.

Así que allí estaba yo el lunes a las 18:30 horas (hora zulú) entrando al gym caracterizado como el guerrero ninja de la tonificación muscular. Cuál no sería mi sorpresa cuando al mirar el horario del tablón de anuncios me doy cuenta de que habían cambiado mi clase de bodycombat por otra llamada cardiocombat.

Ante aquella adversidad me dirigí a la fofisana de la recepción (porque los gimnasios de más de 39’99 al mes cuentan con recepción) a pedir una explicación ante tamaño desastre. La muchacha me aclaró que la clase era la misma. Pero que en ocasiones se le cambia el nombre a las clases porque los nuevos cánones deportivos apuntan a tal o cuál otro por motivos de atraer al público.

Por mi parte lo veo una estupidez, qué queréis que os diga. Es como si el domingo mi novia me manda a pastorear pelusas en vez de a barrer.

Resignado, me interné en el área de bodycombat cardiocombat y efectivamente, ahí estaba mi amigo el corpocorto. Presidiendo el calentamiento como si tal cosa. Como si no tuviera que ver con el inmenso sentimiento de vacío que atenazaba mi alma, el puto enano karateka.

Curiosamente, la clase fue exactamente igual que la semana pasada. Mismos movimientos, misma música. Solo cambió una cosa: los alumnos. No había ninguno de los que habían empezado conmigo. Lo cuál llenó mi mente de preguntas mientras aporreaba rítmicamente aquel saco.

¿Dónde estaban los antiguos alumnos?

¿Habrían mal interpretado el cambio de nombre como un cambio de horario y habían dejado de venir pensando que aquella clase había sido trasladada o, peor aún, anulada?

¿O quizás se trataba de algo mucho peor? Cabía la posibilidad de que el cambio de nombre de esta disciplina fuera algo periódico. Cabía la posibilidad de que se vieran obligados a hacerlo para evitar las sospechas suscitadas de que algo atroz estaba pasando en esas clases. Cabía la posibilidad de que los alumnos hubieran estado muriendo víctimas de la extenuación o alguna patada voladora errada. Cabía la posibilidad de que el cambio de nombre no fuese la única estratagema para ocultarlo, y que sus cadáveres hubieran pasado a rellenar aquellos sacos de boxeo. Cabía también la posibilidad de que la falta de oxígeno me estuviera afectando al cerebro.

Fuera como fuese, a la semana siguiente, cuando comprobé en el tablón que el cardiocombat había vuelto a mutar para renacer como dancecombat. Me di cuenta de que no estaba hecho para cambios tan frecuentes y tan poco motivados. Dejé  de ir a aquellas clases infernales y volví a running, pero running, running. No esa tontería de correr que hacen los pobres. No os dejéis engañar: hay una gran diferencia entre un corredor y un Runner (240 euros en equipación fosforito).

El hijo del viento, me llaman. Pues ya se sabe: cuando te muerde el gusanillo…

“—¡Me ha mordido un runner!
—¡Una ambulancia, rápido!
—Ya voy yo mismo corriendo
—¡Aguanta! ¿Cuál es tu grupo sanguineo?
—Supinador
—Lo perdimos”

He aprendido algo. Y es que si algo te va bien, mejor no dejarlo. Ya encontraré alguna manera de cultivar mis músculos. Por cierto, para marcar abdominales, ¿alguien sabe qué prefijo es?

Twitter=@cansinoroyal

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