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OPERACION BIKINI

Se acerca el verano. Se lo ha tomado con calma, pero se acerca. Hemos pasado más frío que robando pingüinos. Ha llegado a llamar a mi puerta un oso polar para pedirme un Frenadol. Pero ese tiempo ha pasado (por fin). Llega el calor (por fin). Y con él llega el acortamiento general de la ropa y el enseñar más, (¡por fin por fin por fin!… ¿por fin?) Así es, amigo/a. Ha llegado la hora de probar cosas nuevas en el sexo. Como por ejemplo, practicarlo. Y para ello hay que exhibir el género.

El problema es que esto trae consigo un dilema: ¿tienes el cuerpo adecuado para enseñarlo? ¿no hay cierta parte de ti que sobra? ¿no te parece demasiada coincidencia que el hecho de que te hayas sentado en el sofá coincida con la desaparición de un hijo tuyo?

» —¡Que pasa, culo gordo!

—…Me siento insultado.

—¡¡Pues será en cuatro sillas!!»

A nadie le gusta que la gente que le ha visto durante todo el invierno sin mediar palabra a cerca de cómo le quedaban las capas y capas de ropa que llevaba de repente lo vean en todo su esplendor y acierten a soltar comentarios del tipo «Cómo te has puesto macho. ¿Has tirado de la anilla del chaleco salvavidas o que?» o «Colega, un poco más y tendrías tu propio código postal».

Amigo/a, así no se conoce gente.

» —Hola, eres la dependienta más guapa que he visto en la vida. Te observo todos los días a través del escaparESTÁS PULSANDO LA ALARMA?!
—Sí.»

Yo me siento tan absolutamente  culpable por todo lo que he engullido desde antes de navidad que al pellizcarme la barriga creo notar la forma de un turrón que me comí en marzo. Lo sé, sé lo que estáis pensando: ¿Turrón en marzo? Pues si, porque mi madre no tira nada. Entre eso y las sobras de las cenas de Noche Buena y Noche Vieja todos los años tengo para comer sin cocinar hasta mediados de abril.

Pero eso se acabó. El calor ya aprieta y los días de playa están cada vez más cerca, así que por mucho dinero que hayamos gastado en cultivar esta curva de la felicidad, su aventura acaba aquí y ahora.

Bueno, quien dice Ahora, dice mejor el lunes.

El lunes, eso es. Está decidido, el lunes empiezo la dieta, empiezo a hacer ejercicio… y empiezo a poner excusas para empezar el próximo lunes. No sé si esta técnica de entrenamiento os suena de algo… ¿Por qué insistimos en empezar este tipo de cosas un lunes? ¿Acaso este día no está ya lo suficientemente vilipendiado por la sociedad?

Si el lunes tuviera cara, seguramente estaría rota.

Qué queréis que os diga: yo los lunes, hasta que no me tomo un café y son las cuatro de la tarde del viernes, no soy persona. Y es que para mi los cinco primeros días de la semana son los más complicados. Los lunes me siento tan débil que David el Gnomo es 14 veces más fuerte que yo. ¿Cómo voy a empezar otro sufrimiento más ese día?

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Pero yo se por qué lo hacen, yo se por qué dejan estas cosas para el lunes: porque el lunes,  amigos, es el septiembre de la semana. Es el que pasa lista, el que pide cuentas. Es…  Cómo decirlo: el lunes es el MSDOS de la semana. Porque el MSDOS  es la cara seria del WINDOWS, la que nadie quiere ver.

Tu estas muy a gusto bajándote porno musiquita con tu Windows y viendo tus videos porno en YouTube, y mientras tanto Windows te ofrece su cara amable: todo es colorcitos y animaciones. Pero de repente una de las páginas de dudosa reputación que frecuentas te cuela un virus; es entonces cuando MSDOS hace su aparición con su pantalla azul para darte las malas noticias.

En fin, por mucho que tardemos en decidir el día para empezar a cuidarse. Hay que hacerlo y hacerlo bien. Hay que se optimistas y perseverantes, no como mi novia, que ha dejado la Operación Bikini y se ha pasado a la Operación Pareo directamente.

“—Cariño, ¿a que se me nota el gimnasio?
—¿Te lo has comido?
—No.
—Pues entonces no.“

Como decía, hemos de empezar a comer menos. Pero claro. Ello tiene unos inconvenientes. Si comes pescado hervido, por ejemplo, es muy importante sentarte tres horas en el sofá y no mover ni una ceja a fin de conservar las 23 calorías.

Pero no sólo de pan vive el hombre, al menos no si quiere mostrar un cuerpo fuerte y portentoso. Y aquí es donde entran los pinchazos de hormonas de toro batidos de proteínas.

Un batido de proteínas sirve para tomarte un batido muy caro y decirle a la gente lo bueno que es. También sirve para tirarse pedos de colores.

En realidad no son de colores, pero como alcances a oler alguno te lo parecerán.

Creo que la gente que insiste en lo mucho que le sabe y le conviene su batido después de entrenar en realidad tratan de convencer, no tanto a los demás como a si mismos, de que ha sido una buena idea gastar 60 euros en caca (esta bien escrito, no quería decir cacao) en polvo con un sabor que algún imaginativo poeta, en alguna noche de tormento entre opiaceos, tuvo a bien llamar vainilla.

«La vida es como una caja de bombones. Para los gordos se acaba antes.»

EL CONCEPTO DE FOFISANO:

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Estas modas me superan. Según la cultura (¿cultura?) popular, un fofisano es una persona con kilos de más que, aunque es proclive a recolectar colesterol, aun le quedan un par de Big Macs para palmarla. Ello unido a la simpatía que los tópicos atribuyen a la gente con kilos de más les ha provisto de un aura de pseudoatracción para el sexo opuesto que nada tiene que ver con la gravedad que genera su generosa masa.

Y digo yo: ¿no es mucha coincidencia que este concepto haya surgido tan cerca del verano? ¿Se tratará de un oscuro complot dirigido por metes golosas? Quién sabe si en la última planta de algún rascacielos, en un despacho en donde cabe mi casa, y sentando a una mesa llena de comida en donde también cabe mi casa, no hay un fofisano enfundado en un traje carisimo, con la corbata manchada de grasa, que acaricia una pata de jamón ibérico en su regazo con sus rechonchos dedos llenos de anillos y dice a sus esbirros «comenzad la operación: mete un fofisano en tu cama

Lo que no es coincidencia es que la gente haya aprovechado esta moda pasajera para airear sus lorzas sin acritud. Yo respeto eso, siempre y cuando no demos un tetazo a nadie, claro. Recuerda que tú libertad empieza donde termina la del otro. Siempre que el otro no tenga petróleo, claro.

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MASCOTAS Y DUEÑOS: esos seres estúpidos e irracionales, y sus perros.

«Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.»
                      Groucho Marx

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Perdonad que haya tardado en colgar otra entrada. Mi perra (en la imagen) está deshaciéndose del pelaje invernal y he estado bastante ocupado cepillándola. Lo malo es que he acabado bastante cansado; lo bueno es que he sacado suficientes repuestos como para fabricar al menos tres Huskies enteros.

«A Buzz Lightyear le prestaba yo a mi perra para que la paseara hasta que hiciese sus necesidades. Se iba a enterar de lo que es hasta el infinito y más allá…»

Porque, reconozcámoslo: pocos sentimientos de libertad son tan puros como el que nos embarga cuando sabemos que nuestro perro ha terminando de hacer sus cosas. Ahora ya podemos hacer lo que queramos. Nos sentimos tan libres como si fuésemos nosotros los que nos hemos aliviado.

Los perros son maravillosos. Pero sus dueños lo son aún más. Ayer mismo ayudé a cruzar a un ciego con su perro guía. Fue una experiencia maravillosamente reveladora. Lo malo es que tendremos que esperar a ver la raza que sale de este cruce.

En serio, tener un perro es un compendio de experiencias que no se consiguen con otro animal. Claro que no hay mucho donde elegir; por ejemplo los peces, que aún no tengo claro si cuentan como mascota o como decoración. En el caso de los gatos me queda más claro, pero no mucho más.

Tener un perro te da muchos momentos buenos. A parte de los que tú te esfuerzas en recordar como buenos como dormir con ellos y creerte que duermes bien cuando en realidad te pasas la noche procurando no mover un músculo porque sabes que a la mayor molestia tu mejor amigo se va a pasar al suelo.

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Vaya todo ésto por delante, he estado pensando en un tema: Hay un extenso catálogo de razas perrunas. Y digo yo, ¿por qué no hay uno de razas humanas?

Tranquiiiiilos no me tacheis de facha, corrais detrás de mí en sandalias, y me dispareis florecillas y cartones enrollados sobrantes de filtros de porro. Me refiero a un [insertar redoble de tambor aquí].

BESTIARIO DEFINITIVO DE RAZAS DE DUEÑOS DE PERROS [insertar banda sonora de Star Wars aquí].

DUEÑOS PRIMERIZOS (canidus novatus)
A estos pobres se les ve a la legua. Llevan la correa más tensa que la cuerda de una guitarra ya paseen un Chihuahua o un San Bernardo. Tienen miedo de todo: Miedo de otros perros, miedo de los coches, miedo de lo que su propio perro pueda hacer…

Ver la cara de un dueño primerizo cuando recoge la primera deposición del animal puede ser suficiente para definir perfectamente si es de esas personas que pueden tener mascota o no. Aprovechamos este marco para comentar que recoger la caca de perro es un acto civilizado, recomendable y admirable. Siempre que tengas perro, y siempre que no te la lleves a casa…

Como decía hay gente que NO está preparada para cuidar de una mascota.

«—Buenas. Gasolina sin plomo de 98,por favor
—Es su primer caballo, ¿verdad?
—No crea, ya se me han muerto tres»

DUEÑO PASOTA (amus indiferentis).
La tranquilidad que este dueño es capaz de mostrar mientras su perro de 60 kilogramos corre hacia ti es admirable. Al grito de «¡SI NO HACE NÁ’!» Resta importancia al asunto aunque su perro sea uno de esos ejemplares a los que les lanzas un palo para que vayan a buscarlo y te traen un parachoques.

«—Disculpe, ¿podría atar a su perro?
—¿Por qué, si es muy bueno y no hace na’?
—Entiendo. ¿podría al menos ayudarme a salir de su boca?»

DUEÑOS MATERNALES: (Canis Raritus)

Todos hemos conocido a ese perfil de amo que insiste en poner al animal a la misma altura que cualquier miembro de la familia, y en algunos casos incluso más arriba. Son ese tipo de personas que dicen «Trosky, no comas eso porque no es para perritos y te puede ocasionar una obstrucción intestinal» mientras que a su hijo se limitan a decirle «No, porque lo digo yo».

«—¿Tú  a quién quieres más cielo, a Mamá o a Papá?

—Guau.»

ENTRENADORES FRUSTRADOS (cesarmillanis loscojonis)

A estos Cesar Millan autodidactas que creen saber todo acerca de los perros sólo por haberse tragado de un tirón todas las temporadas de El encantador de perros los identificaremos de forma muy sencilla.

Esgrimiendo un sonoro «¡sssshhhh!», este señor ya tiene la situación controlada. Quizás sea esa la razón que hace tan graciosa su cara cuando, después de haber dado una orden ejemplar a su esclavo -porque así es como tienden a tratar a su perro-, éste por toda respuesta se retira corriendo en busca de un ano que oler.

«—¿Qué haces aquí? ¡Te voy a reventar!
—¡Yo si que te voy a reventar hijo de… ¡Anda! Bonito ano. ¿Puedo olerlo?
—Por supuesto. Por favor, sírvase. »

           (Dos perros conociéndose)
Más divertido aún es comprobar la metamorfosis que sufren las facciones de estos eruditos cuando su expresión salta de la vergüenza al miedo y vuelta conforme su perro va ganando distancia y acercándose a la autopista.

Es entonces cuando su infalible «sssshhhh» pasa a ultrasonidos. Hay informes de gente capaz de decapar la pintura de la chapa de un coche de tanta fuerza que le imprimen a esta llamada de atención.

DUEÑO DE PEGA (subnormalis)
Esta variante no debería existir. De hecho me da tanto asco hablar de esta gentuza que voy a resumirla en la siguiente frase:

«Me voy a gastar setecientos euros en un perro de raza para hacerle tres mil fotos al día y no sacarlo a pasear.»

Es increíble las excusas tan estúpidas que llegan a dar estos fantoches y fantochas a la hora de deshacerse de sus mascotas. Uno me dijo una vez que le vio una pulga, y que es alérgico a las mismas.

Los perros son perros, y a veces tienen pulgas, ¿o creías que el tuyo no porque te había costado 700 euros?

Y es que hay gente que no se detiene a pensar en los contras de tener una mascota y adoptan sin pensar. Esta tendencia es más antigua de lo que creemos:

“—Papi, quiero una mascota.
—Te he dicho que no.
–¡Ay Noé, que extricto eres con el niño!
—¡Ainssss! Está bien. Mete todos los animales que quieras…“

No nos confundamos señores. Esto no es ninguna broma. Hay gente que debería tener que pedir un permiso judicial para tener perro. Bueno…  mejor olvidemos esto último, no vaya a estar un miembro del gobierno leyendo y vea otra forma de sacarnos dinero. Pero qué digo, ¿un político leyendo este Blog? Es más, ¡¿un político leyendo?!

Volviendo al tema, Los perros no son tontos. Quizá no son tan listos como a mi me gustaría, ya que sería curioso tener un perro al que le preocuparan los antioxidantes de sus latas de comida. Pero desde luego no son tan estúpidos como para no darse cuenta de que su amo lo tiene porque la moda es tener un Bulldog Francés.

El Bulldog Francés: un perro que tiene un ataque de asma crónico.  Si Dios existe, estoy seguro de que no quiere a este perro: están amenazando con morirse desde el momento en que nacen.

«el mayor rasgo evolutivo del perro es simular normalidad mientras le recogen la mierda»

                            Pepe Colubi

Lo único que me queda claro sobre los dueños de los perros, a parte de lo dicho, es que son los responsables de un perro sufra o sea feliz,  así como de que este ocasione alegría o sufrimiento.

Antes de cruzaros a la otra acera porque veis acercarse un Pitbull, un Bullterrier o un Stafford, no busquéis peligro en el animal, sino en su dueño.

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A BUEN MALENTENDEDOR…

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El otro día estaba en un ascensor con una chica guapa y la cosa se complicó. Cuando estás en un ascensor con una chica guapa, ella sabe perfectamente lo que estás pensando. Pero nosotros no, claro. Ella me dijo «¿subes?» y yo le dije «si», acto seguido subí y me metí en su casa.

Para no entrar en más detalles me limitaré a decir que la velada acabó antes de empezar cuando ella llamó a la policía, al parecer era la típica pregunta de ascensor y no una propuesta en firme.

Los malentendidos, accidentales o no, forman y formarán parte de nuestra historia hasta el momento en el que dejemos de existir. Y estoy seguro de que cuando eso ocurra, la especie que nos sustituya como especie dominante también sufrirá estas desavenencias.

Como decía, hay dos tipos de malentendidos: aquellos involuntarios que por lo general suele causar contratiempos a uno o los dos interlocutores, y otra variante más difícil de identificar como son los malentendidos asistidos, situaciones en las que uno de los implicados pone de su parte para «malentender» con algún propósito.

«—Me gustaría invitarte a cenar.

—soy lesbiana

—¿y no cenais?»

Una persona con malas intenciones puede resultar un problema, pero un mal entendedor de la primera categoría citada que tarda en entender puede resultar un auténtico incordio.

“—Una forma de ser feliz es ignorar a la gente estúpida…

—Buena frase, ¿de quién es?

—hacer como si no existiesen

—Ya, ¿de quién es la frase?

—y vivir.“

Aunque la gente corta de entendederas dan para un libro, no son los únicos posibles culpables de que el sentido de una conversación se vaya a pique. Muchas veces los malentendidos ayudan a los interlocutores a confundir aún más al pobre receptor, como en un interrogatorio de las películas:

«POLI MALO: Te vamos a meter en el puto trullo, ¿entiendes?

POLI BUENO: Te he hecho un suéter»

Y es que es muy fácil culpar a las víctimas, pero algunos que se creen muy finos con su prosa no hacen más que liarnos aun más. Con lo fácil que es hablar claro…

«—Quisiera manifestar el  descontento y frustración que me produce este giro tan poco afortunado que han tomado las circunstancias.

—¿Qué?

—¡QUE ME CAGO LA PUTA!»

Prestemos especial cuidado a ciertas afirmaciones, nunca se sabe quien puede oírlas. La experiencia dicta que cuando más bruta es una persona, mayor es su tendencia a tomarse los comentarios al pie de la letra, y viceversa…

«—¿No queríais que os enterraran juntos?

—Sí.

—Pues entonces no gritéis.»

No nos despistemos: cualquier cosa puede malentenderse excepto la razón de que mi novia llame a mis amigos mis amigotes y a mis amigas mis amiguitas.

Claro que las conversaciones orales no son las únicas en las que nuestra comprensión puede peligrar; uno no tiene mas que deslizarse las bolsas de la compra desde la mano hacia mitad del antebrazo con objeto de tener la mano libre y pagar a la cajera, para perder todo atisbo de virilidad para el que le observa.

Si a eso añadimos la deliciosa costumbre que tienen las cajeras de devolverte las monedas del cambio SOBRE EL TICKET DE COMPRA haciendo que éstas cobren vida, pues ya tenemos la coreografía perfecta para el cabaret. Después de todo la comunicación visual es tanto o más importante que la verbal.

La comunicación gráfica también es un torbellino  de confusión. No hay más que intentar seguir unos fáciles y sencillos planos para verte dentro de su vórtice de caos:

“—Mira cariño, ya he montado la cama de IKEA.

—Era un armario.

—Vaya.“

Aprovechando la coyuntura cabe destacar un par de puntos interesantes que cualquier cliente del IKEA podría encontrar de ayuda:

1: Desconfía de cualquier cuñado que afirme que los planos de la tienda sueca no tienen secretos para él porque si que los tienen. Los tienen para el, para ti, y para todos.

YO también dije «trae, que tu no sabes» y al final tampoco supe.

2: Los de IKEA venden barato, pero NO regalan. Si al terminar de construir tu estantería Sprügengar de 19’95 te sobran piezas, no es porque éstas vengan de repuesto. Repite la operación y no dejes de hacerlo hasta que no sobre ninguna pieza. No pongas nada frágil encima de las baldas hasta entonces.

Yo también caigo a menudo en los malentendidos (¿alguien lleva la cuenta de las veces que he escrito esta palabra?), aunque a veces mi estado de ánimo tenga la culpa. Como una vez que unos niños me dijeron «¿nos pasa la pelota señor?»

¿Señor? ¡Que sólo tengo 31 años! En fin, son niños, alguien va a tener que enseñarle a esos mocosos cómo tratar a la gente, pero no seré yo. Me tomé la ofensa con filosofía, y me fui sorprendentemente tranquilo después de colarles la pelota en un cuarto piso.

No quiero irme de vuestra pantalla sin recomendaros que no abuseis de la técnica de asentir sonrientes cuando no habeis entendido a alguien, con la esperanza que lo que no entendisteis no fuera una pregunta. Pues de ser así la sensación de ridículo es considerablemente mayor que preguntar «¿eh?» por segunda vez.

Tampoco abuseis de vuestros conocimientos de idiomas extrangeros:

Tal es mi nivel de inglés que acabo de pedir dos cervezas en un pub de Londres y ahora no sé cómo voy a meter a los dos osos en el avión.

                (Visto en Facebook)

OFF TOPIC

Una vez más o agradezco humildemente vuestro interés en mi Blog. Y me pongo en contacto con vosotros con una idea bajo el brazo.

Varios amigos me han recomendado temas sobre los que hablar. Cosa que agradezco por partida doble. A parte de por lo obvio, porque con ello me muestra su interés en mis pedradas.

Dichos consejos me han llevado a pensar que sería una buena idea brindaros la posibilidad de proponerme temas para nuevas entradas: si odias a tu jefe y quieres que haga un bestiario a ver si le encuentras a él en el catálogo (con eso no te vas a librar de el, pero conocer la enfermedad es el primer paso para tratarla), necesitas consolarte sabiendo que no eres el único al que sus vecinos despiertan o algún otro tema,  por favor no dejes de proponérselo al que suscribe comentando esta o cualquiera de las entradas 

Un abrazo

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El ODIO

Tengo el placer de dedicar esta entrada a los diseñadores a los que no conoce ni Dios que salen en las fotos en blanco y negro que decoran las paredes del IKEA pillados a media carcajada.

¿Te han dado un sablazo los de la compañía telefónica? ¿te has descubierto una cana más? ¿has discutido con tu pareja? Es igual. No importa el porqué, importa el estado en sí. Hoy no estás para tonterías, serías capaz de arrancarte un miembro sólo para tener algo que lanzarle a cualquiera que ose dirigirte sus  palabras.

¿O quizá no es un estado temporal? ¿Quizás sea simplemente lo que te define? Y si es así, ¿hay algo de malo en ello?

Yo personalmente me siento mejor sabiendo que odio a algunas personas. Claro, ahora saltará la gente que piensa que odiar esta muy mal, que el niño Jesús llora con estas cosas, etc…

«yo no odio a ese tío, es más si se estuviera ahogando y yo pasara con una lancha, yo hasta le saludaría»

Si bien puede haber quien no suela contemplarlo, me resulta imposible creer que pueda existir una persona incapaz de odiar. Y si este personaje existiera, albergo serías dudas respecto a que pueda hacer alguna aportación interesante a mi vida, salvo quizás ser el objetivo de mi odio.

Si, ya se lo que muchos pensais: envidio su felicidad. Puede ser, aunque desde mi punto de vista, los sentimientos que estos Ned Flanders de la vida me despiertan se inclinan más hacia la lástima. Pues no dejan de parecerme ignorantes de una ley de la vida: hay que odiar para avanzar en el terreno de lo personal, familiar, social y laboral.

Pero no os preocupéis, ya estoy aquí yo para sacar el odio que lleváis dentro. Y para ello sólo tengo que poneros en alguna situación que lo desentierre, cómo por ejemplo, elegir el nombre de un hijo.

Uno no se figura la cantidad de gente a la que odia hasta que tiene que ponerle nombre a su bebé.

«-¿Qué te parece Miguel?

-¿Como tu hermano? Lo que me faltaba, como si no fuera bastante creído ya…

-¿Y Carlos?

-Si hombre, con un vecino imbécil ya tengo, gracias.

-¿Y Moisés?

-¡Secuestró a los judíos! ¡Céntrate mujer!»

Desde luego no hay que escatimar en reparos a la hora de poner nombre a nuestro hijo. Sobre todo si una de las parejas tiene ideas un poco… peculiares.

«—Papá, ¿por qué siempre obecedes a mamá?

—Porque me dejó escoger tu nombre.

—¿Y valió la pena?

—Claro que sí, Goku.»

No cabe duda de que el odio ha sido uno de los conceptos que más ha marcado la historia. Muchísimos acontecimientos importantes quizá no hubieran tenido lugar de no ser por su existencia. Algo me dice que Hitler no siempre ganaba a la Oca.

Cabe discernir entre el odio innato y el odio adquirido. Este último generalmente fomentado por ciertos «agentes externos» que contribuyen a hacer nuestra existencia más agradable.

Gran ejemplo de ello son los vecinos, como la que vive encima mía; todas las mujeres del mundo están deseando llegar a casa para quitarse los zapatos de tacón, excepto ella.

«—Vecina, ¿tú crees que soy uno de esos vecinos raros?

—No sabría que decirte, espera a que salga de la ducha y lo hablamos»

Una vida difícil también ayuda a fomentar ese sentimiento tan profundo que es la ira hacia los demás.

«Hola. Tengo 5 años y vivo en África. No como ni bebo casi nunca. Pero las mejores cosas de la vida son gratis. ¿SE DICE ASÍ, HIJOS DE PUTA?»

Desde luego cualquiera es libre de odiar. Siempre que no vayamos más allá del propio sentimiento. Y eso que hay gente que parece que lo pide de rodillas. Como esas parejas que SIEMPRE necesitan hablar…

«—Tenemos que hablar…

—¿Otra vez? ¿pero tú cómo coño consigues quitarte el esparadrapo de la boca?»

Tu padre puede ser también un estupendo catalizador para tu odio. Sobre todo si es de esos padres que le restan importancia a todo lo que dices.

«—Padre, mañana parto a La Argentina a buscar a mi Mamá. Será un viaje largo y peligroso. Y no se si volveré con vida.

—Llévate al mono».

Ya terminando, aunque suene contradictorio, no creo que el odio sea malo. Si es verdad eso de que todo es relativo, con lo que no habría amor sin odio, sólo por eso este ya merece un sitio en el mundo. Además como ya hemos visto, el odio puede ser como la válvula de escape de una olla exprés, que marca la diferencia entre «he hecho un cocido en 25 minutos» y «pues no queda tan mal la pared pintada de potaje».

Seamos buenos los unos con los otros, pero no olvidemos el lado oscuro. Ya lo dijo el sabio.

Errar es humano, perdonar es divino, dar una hostia con la mano abierta es orgásmico.

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UNA CINTA POR LA CARA B, MI WALKMAN, LOS 80′ Y YO

Vamos a probar una cosa, busca en YouTube la canción «Don’t You (forget About Me )» del grupo Simple Minds, y escúchala mientras lees estas líneas. Da igual la edad que tengas.

Cuando veo esos videoclips de los 80, con esa total ausencia de gomina, donde los cantantes ataviados con gabardinas abiertas con hombreras siguen el ritmo de sus propias canciones con los hombros hacia delante medio jorobados (cuasimodo style) para abrir los brazos en cruz de a la vez que dan vueltas sobre si mismos en los momentos en los que despega la canción, me doy cuenta que que he nacido tarde. Quizás no ayer, como mi padre suele repetirme, pero si tarde.

Tampoco es que me crea desgraciado por no haber alcanzado la pubertad hasta principios de los noventa. Disponer de un bien como la gomina y vivir sin miedo al SIDA tienen su parte buena. Claro que en los 90 la sociedad experimentó cambios drásticos, como la obligatoriedad social y moral de salir de casa peinado.

Al escuchar esos increíbles temas que una vez poblaron mis cintas de casete me imagino viviendo en su mundo: corriendo entre los jardines de mis vecinos para llegar antes que mis padres a mi casa, en donde ellos creen que estoy agonizando por la enfermedad que me impidió ir al instituto esta mañana, pero que en realidad no me ha impedido pasar el mejor día de mi vida.

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Me imagino tambien al volante de un enorme coche de fabricación norteamericana viajando por gigantescas carreteras secundarias en las que no hay un maldito bache, sin saber a dónde voy, pero no me…

*¿Qué pasa? Ah, que ha terminado la canción. Pues ponla otra vez, yo te espero…

¿Ya? Vamos.*

Pero no me importa porque lo que interesa es el viaje en sí. Voy con mi mejor amigo, el de las gafas de sol de plástico que no para de decir cosas ingeniosas y graciosas, y el amor de mi juventud, que no para de reír con sus pies desnudos en el salpicadero. 

En el ochopistas suena algún gran éxito de la década, Durán Durán, Petshop Boys, Police, Culture Club…

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Entonces me despierto. Y me doy cuenta de que no voy en un Lincoln Mercury del 76, sino en el asiento trasero de un minúsculo Renault Clio, que por cierto no es mío, sino de mi amigo, que va con su novia delante. Y es que en nuestros sueños siempre somos el muchacho de la película, nunca somos el amigo gracioso, soltero, y considerablemente más feo que el protagonista, y que tiene la doble misión de alivio cómico y de hacer que dicho prota parezca más guapo.

«—¿Por qué sólo encuentro a hombres superficiales que únicamente se fijan en mi cuerpo?

—Yo no soy así.

—Ya, pero tu eres gord… mi mejor amigo»

Todos queríamos ser Kevin, de Aquellos Maravillosos Años, pero la mayoría nos quedamos en Marilyn Manson Paul.

En la cruda realidad, lejos del sueño ochentero, no digo chorradas en voz alta que hacen reír a mis amigos, de hecho no estoy hablando, pues a mi amigo no le gusta que hablen mientras escucha a Pitbull feat. no sé quién. Qué se le va a hacer, tiene otros valores.

«Perdone camarero, ¿puede cambiarme el sashimi y el tartar de atún por la hostia que no me dieron a tiempo mis padres?»

Por cierto, a colación de lo de Pitbull, recuerdo que el otro día me senté sobre el teclado del ordenador y sin querer escribí la letra de una de sus canciones, pero ese es otro tema.

Como decía, en lugar de contarle mis cosas graciosas de personaje secundario cómico a mi amigo las estoy escribiendo en Twitter, donde tienen mejor aceptación y valoración que en este coche.

Porque hoy en día entre nosotros no nos reímos con nuestras bromas, a menos que nos las contemos por WhatsApp en forma de Meme.

Las carreteras tampoco son las del sueño, son estrechas calles cuadradas, idénticas unas a otras. Nuestro viaje tiene rumbo, no como en mi imaginación, si es que a los quince minutos que llevamos buscando aparcamiento se le puede llamar rumbo.

Cuando en las películas escuchaba hablar sobre «el sueño americano», no veía el oro que los inmigrantes fueron a buscar a Klondike. Ni el abundante trabajo bien remunerado que los recién llegados a la Isla de Ellis, en Nueva York, tenían en mente mientras hacían cola para que les cambiarán el nombre que sus padres les pusieron por uno más… pronunciable.

Cuando escucho esa frase me veo en ese coche gigante, con un pasado poblado de animadoras, hermandades universitarias de nombres griegos chaquetas con las mangas blancas y una letra en el pecho. Y un futuro prometedor en el que puedo hacer lo que quiera, pero yo elijo viajar sin rumbo por la Ruta 66.

Ese es mi sueño americano, tan válido como el de inmigrantes y buscadores de oro e igual de falso. Pero aún así me aferró a él.
Cuando oigo en la radio un tema de Milli Vanilli nunca lo canto, solo muevo la boca. Ellos lo hubiesen querido asi.

¿Y qué más da si se descubrió el pastel y resultó que ellos siempre cantaba en playback? Los sigo prefiriendo a muchos de los que hay ahora. Como a Alex Ubago. Os juro que yo prefiero que me deje mi novia antes que a Alex Ubago la suya. Qué pesado se pone…

Me encuentro totalmente perdido en la música actual. Pitbull no para de decirme «ya tu sabe» y me mete en un compromiso: ¿Cómo le digo yo a este hombre que yo no sé, con lo emocionado que parece con ello?

«—¿Qué escuchas?

—Regueton

—¿A ver?

*pu chapu cha pucha chapu cha*

—… Ta bien…  ¿A ver otra?

*pu chapu cha pucha chapu cha*

—… »

¿Qué les pasa a los del Regueton que siempre le cantan a la novia de otro? ¿No hay solteras en el Regueton?

En fin, resumiendo:

1980>1990+2000+2010

Nunca volveremos a vivir la vida como lo hacía esa gente.

@cansinoroyal

Off Topic

Este blog, que empezó como una terapia para desconectar del trabajo y alejar mis ganas de mataros a todos, se ha convertido rápidamente en parte de mi vida.

Su razón de ser sigue siendo la misma. Compartir mis Inquietudes con quien esté tan aburrido como para leerlas.

Cuál no sería mi sorpresa cuando empecé a ver que la gente, en vez de estudiar, estuvieron comentado las entradas que yo subía. Y aún mayor fue al comprobar que esos comentarios no se quedaban en un comprometido «me gusta», sino que aportaban una sarta de maravillas que bien merecían el reconocimiento que ya les hice en su momento y que hago ahora.

Si te gusta mi Blog, no te pierdas los comentarios de estos AMIGOS. Y es que yo no soy quién para vender estas entradas que escribo como buenas, pero sí que me veo en el derecho -y el deber- de comentar que vuestros aportes son ORO PURO.

Las reacciones reflejadas en los comentarios de la gente que lo lee, tanto mis amigos y familiares, a los que tengo un gran aprecio aunque siga aún trazando planes para su muerte, como las de los que más tarde os habéis ido interesando y llegando hasta él (a vosotros ya os pillaré) han pasado de sorprenderme a hacerme muy feliz.

Sois el mejor aliciente para seguir plasmando esta sarta de tonterías en las que me fijo en lugar de prestar la atención a mi novia que ella merece.

Por otro lado he sido nominado a ciertos premios de comunidades de Bloggers. Todavía no se si me ingresarán los millones en mi cuenta o he de ir a buscar yo el cheque con todo lo que ello supone (fiestas, ceremonias, Lamborghinis…) pero me hace muy feliz saber que os gusta lo que hago.

Comentaros que seguiré con esto de mataros escribir mis observaciones y opiniones sobre algunos aspectos de la vida que me quitan el sueño. Unas serán más graciosas, otras menos. Pero igualmente espero que disfrutéis aunque sólo sea la mitad que yo al compartirlas.

En fin, no quiero irme sin recomendaros que os concentréis en eso de ser felices, porque estas cosas tan delicadas no se pueden dejar en manos de nadie.

Saludos y gracias

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¡QUE NO SOY UNA FRUTA!

Hoy la he tenido con mi novia porque al parecer ninguno de los dos hace caso al otro. Ella me decía que tengo que madurar y yo le decía que le tocaba sacar en el FIFA. El problema es que me ha dado un ultimátum: o la escucho más cuando habla o no se qué más.

«-¿112 emergencias?

-he llamado a mi novia por el nombre de mi ex…

-salga de casa,  mandamos patruya.

-es que hace 15 años…

-como si empezaron ayer. ¡SALGA DE CASA YA!»

Qué manía con que maduremos. Y no sólo nuestras parejas. Nuestros padres,  nuestros jefes, hasta nuestros hijos insisten en que espabilemos de una u otra manera.

Ya se lo que vais a decir: «estamos ante un claro caso de síndrome de Peter Pan».  Pues bien, no pienso dignificar esa conjetura tan falta de base con una respuesta,  excepto quiza: ¡un dos tres el que lo dice lo es!

Ni siquiera mi suegra,  a la que tenía en alta estima, es capaz de comprenderme.

«-Desde luego vaya desorden de casa, yerno. Anda,  trae la escoba.

-¿por qué, ya se va?»

¡Y eso que yo me hago querer! Le dejo que me cocine todo lo que quiere, le dejo que haga café, que me tenga mi cervecita,  que me compre tabaco…  Les das la mano y te cogen el brazo. Esta visto que la excesiva permisividad de la que hago gala no está dando más que resultados negativos, lo que va en detrimento de la relación con mi novia.

«-Cari, te noto como distante, ¿necesitas algo?

-que firmes aquí, aquí y aquí.»

Y eso que uno intenta arreglarlo. Pero no nos lo ponen fácil. Ni nuestra pareja ni el resto de la gente:

Si vas por la calle con un ramo de flores la gente te mira como pensando «la que habrá armado el pobre…»

Y es que el que un novio compre un ramo de flores no tiene por qué significar que haya hecho algo malo. Quizás el hombre sólo quiera convencer a su pareja de hacer juntos algo… malo…

Volviendo al tema del síndrome  de Peter Pan, me hallo en el deber de reconocer que quizás no vayáis muy desencaminados. No me encuentro nada agraciado por la idea de madurar. Hasta el punto de que a la profesora de la UNED la llamo seño.

Aunque si me lo preguntáis, considero mi defecto, por llamarlo de alguna manera,  mucho más acertado que otros que afectan a la mayoría de la gente de nuestra franja generacional, como el de una amiga que sale de marcha igual que al IKEA: todo lo que ve se lo lleva a casa y se lo monta.

«Y tú… ¿Cuándo piensas madurar?

-¡Shhh! No grites. Noa y Pablo están discutiendo.

-¿Y esos quiénes son?

-Mis muñecos.»

Madurar es infinitamente más aburrido y malo para la salud de lo que queremos aceptar. Es como esas películas en las que al  principio advierten de que salen escenas para adultos, pero luego no sale nadie arreglando papeleos, ni quejándose de la espalda, ni ejecutando el «aaaaay» pertinente cada vez que se levantan del sofá, ni diciendo cosas como «es la primera vez que me siento en todo el día».

Amigos, si eso es madurar, yo prefiero seguir como estoy. Todos los días hago descubrimientos alucinantes. Me quedo perplejo con las paradojas de la vida como las pestañas, cuya función principal es evitar que te entren cosas en el ojo, aunque el 99,9% de las veces que te entra algo en el ojo es una pestaña.

Madurar no mola.

Madurar es aprender a disfrutar de los domingos por la tarde.

Madurar es elegir qué día salir de fiesta, el viernes o el sábado, y al final no salir ninguno de los dos.

Madurar es arrepentirte de no haber hecho más el subnormal

Amigos,  Madurar no es difícil, lo difícil es hacer que un amigo mire disimuladamente cuando le dices «mira, ahí viene ese…»

Bien señores (os trato de usted para que veáis que puedo madurar). ¿Qué otra acepción podemos encontrar al término que nos ocupa? Hacer las cosas en el momento y no dejarlo para mañana. Pues mira (o mire) yo en eso estoy de acuerdo. No dejes para mañana lo que te pueda hacer otro.

Pero claro, es muy fácil escudarnos en excusas que no hacen más que dar la razón al que te llama inmaduro,como es la típica de «se me olvidó».

A ver, mis queridos paisanos de Nuncajamás, esa excusa ya no cuela, teniendo en cuenta lo fácil que es recordar las cosas. Yo por ejemplo tan sólo tengo que tumbarme en el sofá con el móvil para que enseguida mi novia me haga un rápido dossier verbal de todas las cosas que me faltan por hacer; mano de santo.

Otro símbolo de inmadurez, dicen, es que nunca queremos hacer la compra.

»

-Pero… ¿seguro que no vas a comprar mucho?

-que nooooo tonto, sólo es un moment… no, una cesta no, coje un carro»

Cómo les gusta a las mujeres de mi vida meterme en un supermercado. Ahora, que yo lo disfruto ¿eh?

«- Esa es nuestra canción ¿la recuerdas? Bailemos.

-Ahora recuerdo por qué no vengo a comprar nunca contigo.

-Mercadoooona, Mercadona ¡Vamos todos!»

@cansinoroyal

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LA TEORÍA DE LA HIJOPUTABILIDAD

La entrada de hoy está dedicada a esas cajeras que disfrutan creando el Caos diciendo «pasen por esta caja por orden por favor».

Hola, y bienvenidos a las clases a distancia de mateprobafisidistica del profesor Supereze. Hoy vamos a aprender a calcular el factor de Hijoputabilidad de un sujeto basándonos en una serie de variantes que nos permitan crear la ecuación necesaria para realizar un perfil de la persona sospechosa de ser un HP.

Esta práctica nos será de inestimable utilidad en nuestro día a día, tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Un poco de historia…

En la época de los sumerios (allá por marzo del siglo uve palo palo), el rey Fulano Equis Palo Uve reunió a su consejo de sabios alegando encontrarse cabalgando en la melancolía. La culpable de tamaña tristeza no era otra que su prometida, la cual había experimentado una serie de drásticos cambios de humor conforme se acercaba la fecha de la boda.

«-¿que te pasa nena?

-nada.

-Vale.

-si, eso, ¡PASA DE MÍ COMO SIEMPRE GILIPOLLAS!

-¡¿pero amor qué es lo que pasa?!

-nada.»

La pasión de Fulano era equiparable a la empresa, pues temía que aquella «enfermedad» empeorara con el enlace. Tales eran sus temores que llegó a vivir con el miedo a  que su descendencia heredase ese rasgo tan común extraño en la mujer. Así anduvo escuchando, alicaído e inconsolable, canciones de gotas en la ventana y pijama.

Pero un día sus consejeros, que habían estudiado el asunto sin descanso, acudieron a su regia presencia y le plantearon una teoría que ahondar en el por qué de esos caminos que había tomado su prometida: la Teoría De La Hijoputabilidad, que consiste en la siguiente ecuación.

Hp = XXX (St + Tr + inf)

Donde:

XXX = tiempo transcurrido desde la última relación  sexual

St = tiempo transcurrido desde la última visita al WC (streñimientus) 

Tr = contratiempos laborales en el dia

inf = traumas en la infancia

Calculadas estas magnitudes tenemos que

•    A mayor incremento de cualquiera de los valores, mayor incremento de la Hijoputabilidad. Por otro lado, si reducimos el tiempo desde el última relación sexual a 0 (XXX=0) tenemos que:

Hp=0(St+Tr)

¡¡¡Hp=0!!!

Demostrando así que justo después de practicado el encuentro carnal. El sujeto debería de ser más manso que una cesta de gatetes.

Aún  así,  hay otras tantas variables que se han ido añadiendo en posteriores estudios con el paso del tiempo que no han hecho más que hacer la fórmula muy poco fiable. En conclusión, el enunciado de del teorema sería el siguiente:

Quédate con la que tenga el sofá más cómodo, porque enfadarse se enfadan todas.

No debemos olvidar que por cada sujeto potencial, hay un detonante que provoca su mal desarrollo, haciéndole susceptible de mostrar los síntomas del denominado síndrome Hp.

«-Cielo, ¿me ayudas con un problema?

-Claro nena. ¿Cómo de grande quieres que se vuelva?»

Pero no todo se trata de problemas de convivencia. Una infancia cargada de traumas y complejos puede volvernos un claro candidato.

«-Estas reuniones son para tratar traumas desde el respeto, la comprensión y el cariñ…

-¿Puedes abrir una ventana?

-Vaya… ¿que os parece? El puto gordo tiene calor.»

La infancia de la generación actual puede haber resultado de lo más traumática, pero no tanto como otras anteriores como la de mi abuela,cuyo primer beso fue interrumpido por el llanto de su tercer hijo. 

«-anda que no te hubiera venido bien a ti una buena mili…

-¡¿que has dicho?!

-nada Abuelo, nada»

Nuestras amistades tampoco están a salvo de caer en el síndrome Hp.

«PLAFF

-¿pero a qué a venido esa bofetada?

-acabo de llegar a la cárcel, y aquí hay que hacerse respetar desde el primer minuto.

-ya,  pero no en la carcel del Monopoly.

-mi putita va tirar los dados o no?»

Estos no son más que unos pocos de los cientos de ejemplos posibles en los que queda patente la necesidad de una táctica para identificar y aislar a los potenciales HP.

Hay exponentes que no elegimos (familiares)  a los que no queda otra que acostumbrarse y evitar verlos salvo en contadas ocasiones, pero hay otras variantes como son los compañeros de trabajo (ver compañeros) que de disponer un buen método de identificación hubiéramos podido eliminar de la ecuación hace tiempo. Estos hermanos de sueldo pueden llegar a ser unos HP memorables.

«-Houston, Houston, tenemos un problema

-tienes, tienes un problema, que yo estoy aquí bien cómodo con mis auriculares, pero dime, perla»

En resumen, que hay personas en este camino que es la vida que hacen que nos preguntemos por qué nadie ha inventado aún el término «despresentarse». No obstante, quizá gracias a ellos hemos aprendido a apreciar a la buena gente que nos rodea. ¿Vosotros que creéis? ¿Son los HP un mal necesario?

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DE COMPRAS

Como ya dije en una entrada anterior, se acercan las fiestas de San Consumo De La Santísima Cosumición, con lo que ello implica: hay que comprar adornos, comprar regalos, comprar comida típica de estas fechas. Y para ese tostón menester están las novias.

Bien, novias, iros a dar una vuelta por Pinkie. Los inútiles hombres tenemos que hablar.

Una novia sólo necesita tres frases para manejar a su novio por todo el centro comercial como si de un títere se tratase:

•    Mantén.

•    Dile que te de una talla más.

•    ¿Dónde estabas?

Con estas frases místicas el tarado de tu novio estará más que controlado durante las escasas  horas que dure tu safari.

Así es amiguetes. Estoy de compras con la jefa. Lo bueno de ello es que tengo tiempo de sobra.

De sobra.

De sobra.

De sobra.

De sobra para escribir esto.

Salir con tu novia a un centro comercial es una gran actividad siempre y cuando no pretendas disfrutar. Las únicas veces que te librarás separarás de ella bajo su consentimiento será cuando tengas que ir al servicio.  Que seguramente estará cerrado por causas desconocidas o con un gigantesco carro de limpiadora bloqueándolo.

Encima cuando entras te da la misma sensación que te daba cuando eras pequeño y le pisabas lo fregado a tu madre; se suponía que habías entrado a aliviarte y sales con un cargo de conciencia. No antes de haberte lavado las manos. Porque todos nos las lavamos… ¿Verdad?

Si, ¿quién no se va a lavar las manos sabiendo que es otra atracción  más del centro  comercial? Como por ejemplo el secador de aire caliente, cuya principal misión es hacer ruido mientras te secas las manos en los pantalones (los propios a ser posible).

En fin, ya hemos ido al baño y toca esperar en una esquina del Stradivarius, que parecemos una mezcla entre portero de discoteca y perchero. Pero eso en el Stradivarius, porque yo al Desigual procuro no entrar. Con lo que vale una camisa ahí dentro no entiendo que no tengan para poner un par de bombillas más.

En efecto, cada vez que entro a esa tienda me quedo esperando a que me venga un empleado con un candelabro y mirada sombría a pedirme que le siga. Señores de Desigual, no cuela lo de que los colores chillones de la ropa reflejen la luz, quiero ver lo que me estoy comprando, y más tratándose de su género, que luego llego a mi casa y al abrir la bolsa me encuentro un tablero del Twister donde tenía que haber una camiseta.

Pues eso, toca esperar.

Si te fijas, esperar por tu pareja puede bien ser la palabra que defina vuestra relación; esperas a que quiera ser tu novia, esperas a que termine de comer porque ella come más lento, esperas a que termine de comprar, esperas a que salga del baño, esperas a que se vista, esperas a que se maquille…  Por cierto, ni se te ocurra meter prisa a una mujer mientras se engalana para salir, pues se dará la misma que antes (ninguna). Eso sí, sí no sale exactamente con la pinta que quiere, o si se le olvida algo,  adivina de quién va a ser la culpa.

Sólo me consuelo sabiendo que todos los chavales que están en las esquinas están en mi misma condición. Pero ninguno nos quejamos. ¿sabéis por qué? Porque sabemos cuál es nuestro lugar. No como ese que va por el Ikea dos pasos por delante de la novia toqueteando cosas y añadiendo comentarios del estilo «mira cari, es ésta».

Esto último mientras se mete el vigésimo quinto lápiz en el bolsillo. Un gran divertimento para la próxima vez que vayas al IKEA: cuando llegues a la caja fijate en la cantidad de gente que se pincha las manos al ir a sacar la cartera.

De nada.

¿En serio, chaval?¿de verdad crees que TÚ estás dirigiendo la compra? Infeliz… ¿Creéis que la novia va detrás de él porque no es capaz de llevar su ritmo? Nuestras novias son quinto dan de Zara y cuarto de Mercadona. Seguramente estará mirando lo que verdaderamente van a comprar mientras el otro juega a las compras. De vez en cuando lo vigila para que no se pierda entre los sillones y piensa satisfecha: «miraló, esta noche va a dormir a pierna suelta»

A ver si nos convencemos, señores. Que en lo que respecta a comprar NO SOMOS NADIE. Esta afirmación por mi parte puede dar lugar a presuponer que ésta es la típica entrada para reírse de las novias y reivindicar no se que estúpida creencia que tenemos los hombres por parte de un amargado que escribe aquí porque no se atreve a decírselo a su pareja a la cara.

Pues bien, aunque entro perfectamente dentro de esa descripción, mis palabras van en dirección contraria a la aparente. Señores. Dejemos que nuestras santas se ocupen de los por menores de los regalos de Navidad. ¡Dejemos de despreciar un bien tan escaso como es el de una persona que piense por ti en estas condenadas fiestas! ¿es que no vemos el puntazo que supone?

«Ay… Pues yo en el LeRoy Merlín si que…»

Tu en el LeRoy Merlín no tienes ni puta idea. Quizás tu novia tiene menos. Pero tu, valga la redundancia, no eres nadie. Y aún así nosotros vamos en un plan por el LeRoy con la pivita… OOOOOH. Inflamos el pecho entre las cocinas como si las hubiéramos montado nosotros. Lo dicho, infelices.

Alguno hay que incluso  coje un listón de madera y lo mira como si apuntara con un fusil. Que tu igual no vienes buscando madera pero son cosas que los hombres tenemos que comprobar, no sea que alguna muchacha desvalida (nunca un hombre)  vaya a llevarse a casa un listón doblado.

Pero al final, como si de piezas de un juguete infantil se tratase, cada uno entramos por el agujero troquelado con nuestra forma, pues tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a la verdadera razón de estar en el LeRoy. Y no te quedará otra opción que esperar a que otro desgraciado como tú termine de preguntar al dependiente para acapararlo tú con tus dudas.

Resumiendo, tenemos que aprender a apreciar la labor de nuestras cónyuges para con nosotros al ofrecernos estos momentos de recogimiento que son el mantenernos en el umbral de los probadores preguntándonos «¿se podrá pasar o me echarán la bronca y me llamarán pervertido?».

Aprovechad como yo para dar rienda suelta a vuestra imaginación en lo que ella está en su mundo. ¡A lo tonto he escrito una entrada! El problema es que todavía estamos en la primera tienda a la que hemos entrado.

Me pregunto si en la última tienda seré tan generoso con mis palabras.

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LOS COMPAÑEROS DE JUERGA

Nuestra vida puede entenderse como un continuo desfile de gente con la que tienes más o menos que ver y en la que depositas una pequeña parte de ese bien impagable que es tu atención.

Naturalmente, no todos merecen el mismo pedazo de la tarta. Habrá gente que resbale por la rápida rampa de tu indiferencia (feas) y habrá otra que destaque de alguna manera,  siendo merecedores de ocupar un lugar en tu memoria. Y esto nos lleva a este tema que nos ocupa.

Si has leído el título y piensas que vamos a hablar de tus incansables compañeros de eucaristía estas en lo cierto. Eres un máquina. ¡Ven pa’cá dos besos coño!

Por cierto ¿no os encantan los besos de las abuelas? A mi tampoco… Sobre todo cuando sin querer se dejan el selector de beso en modo rafagas

«muamuamuamuamuamuamuamuamuamua… «(por mejilla)

Mi abuela me encanta porque además lo firma con un comentario:

«… Muamuamuamuamuay coño que cosa más linda…»

Otra cosa que tiene mi abuela es la costumbre decirme que soy especial. Yo ya le he dicho que ya no tengo 13 años, que ya puede decirme que soy jilipollas que no pasa nada. Pero ella sigue.

En fin qué grande mi abuela. ¡Arriba todas las abuelas coño!  Bueno, como decíamos (a ver si dejáis de interrumpirme o no vamos a terminar nunca) vamos a hablar de nuestros entrañables compañeros de copas.

Es indiferente la edad que tengas,  no has salido lo suficiente si no has tenido la oportunidad de disfrutar de la inestimable compañía de al menos la mitad de las variantes de estos amiguetes.

Empecemos pues con nuestro bestiario de colegas de fiesta.

EL SIBARITA (pijus magnificus)

A este señor no le gusta nada: ni el sitio (un antro), ni la bebida (pis de gato), ni la música (sosa y antigua), ni seguramente vosotros (perdedores). Estos modernos que van de ídem, que se dejan barba y se echan novias con la sien rapada no tienen desperdicio para la gente que los ve desde fuera del comando. En fin, bofetón al estilo.

Como es un gran amigo,  no permitirá que haya secretos entre vosotros, por lo que no perderá oportunidad de recordar su opinión sobre todos estos aspectos de la noche y de otros más. Amén de añadir que deberíais haber ido a donde él (y sólo él) quería ir. Es una de esas personas que comen pan y eructan caviar  ruso que están muy por encima de la calidad de todo cuanto le rodea.

Las primeras noches empezareis a preguntaros por qué  sigue saliendo con vosotros teniendo tan negativa opinión de los sitios que frecuentas.  Después de un par de encantadoras veladas acabareis preguntándo quién coño sigue llamando al amargado éste.

Cómo la mayoría de los especímenes que componen esta relación, el sólo hecho de leer su nombre ya nos dará una pista importante para saber de quién hablamos. Me atrevería a decir que ya hay una columna de caras familiares bajando y subiendo en vuestra mente cual frutas de tragaperras y ubicando en esta categoría al amigo o amiga susceptibles de tal descripción.

EL CAZADOR (buscarrollus continuous)

Al Cazador no le importa la calidad del local, ni la del servicio,  ni la de la música. Este ballestero sólo tiene en mente el conseguir una presa para la noche. Disfrutar de sus conquistas y fardar sobre ellas es algo vital para él. Por ello se recomienda vivamente evitar depender de este señor para volver a casa.

Dentro del gremio de cazadores existe el siguiente subgrupo:

El que no liga (noventainuevis por cientus)

Poco hay que decir de nosotros estos individuos.  Los habrá que no les importe, los habrá que culpen a los demás de su falta de éxito con los más indiscutibles razonamientos como  «es que me las espantas»  pero todos casi sin excepción darán por concluida la partida de caza con un «son todas unas zorras».

El que liga y lo sabe (unicornius)

No se qué deciros de esta variante pues sólo la conozco de oídas y en las pelis, lo siento.

El que liga sin querer (Diamantis en Brutus)

Todos tenemos o hemos tenido a uno de estos fuera de serie.  Suelen ser chavales/as bien parecidos/as pero bastante manzanillos/as (zoquetes/as) en lo que respecta al tema. No se enteran de que alguien del sexo opuesto esta interesado en su persona ni aunque esté/a le pase su sexo opuesto por la cara. Dan ganas de arrancarles/as la cabeza/o.

Aquí concluye el subconjunto de cazadores. Sigamos.

EL DROGATA (bolicarius terrestris)

En todo grupo de fiesta ha de haber uno o más señores que huelen raro y que lleva capucha hasta en la playa. Es fácil de encontrar: 

Al empezar un botellón es el primero en sentarse y siempre parece estar ocupado haciendo algo; dentro de la disco o pub visita a menudo el baño. Y siempre,  consuma lo que consuma, parece estar disfrutando a parte de los demás. Algo así como en un plano distinto. Baila sólo,  y te saluda cada vez que te ve como si él hubiera venido con otra gente.

EL MENSAJICOS (hello! I’m using whatsapp!)

Una de las mayores incógnitas del ambiente lúdico y fiestero es qué le pasa a este personaje. Un individuo que no para de escribir con el móvil con ademán de disgusto desde que empieza la noche hasta que se acaba.

Huelga decir que está en medio de una discusión con alguien al otro lado de la línea y que no parece ir ganando. O eso o el Instagram le tarda mucho en cargar las fotos.

La capacidad de mantener conversaciones y/o reír gracias de los compañeros de fiesta de estos personajes suele ser directamente proporcional a su educación.  Aun así, sus esfuerzos por mantener un nivel de interacción dentro del grupo suelen ser bastante patentes, aunque también insuficientes y en ocasiones notablemente ridículos. Y todos sabemos lo mucho que molesta que no nos escuchen…

«-Pues así es, tal y como te lo digo. Super fuerte. ¿Tu qué opinas?

-se te ve un pezón…

-… ¿empiezo de nuevo?

-empieza de nuevo»

Por muchos esfuerzos que haga,  el pobre no pasará  de ser un pasmarote en medio de la pista que bien podría servir de perchero (siempre y cuando no se interrumpa su contacto visual con la pantalla).

Conforme vaya incrementándose el nivel de alcohol general alguno de vosotros hará la gracia de quitarle el móvil en medio de una frase para que se integre.

No lo hagais

Interrumpir la conexión neuronal con el terminal puede dar lugar a un abanico de posibilidades que, teniendo en cuenta la gran frustración reflejada en su rostro, no es descartable que entrañe serio peligro para el buen funcionamiento de la noche,  así como el de las vías respiratorias del valiente.

CASADO (calzonazus)

Se ruega la máxima paciencia y comprensión posibles para esta variante. Debido a ciertas razones (que suele cambiar por otras que no le dejen como lo que es), el casado suele salir una vez cada pontificio papal; lo que implica posiblemente que la última vez que dio rienda suelta a la noche los smartphones eran sólo phones.

La indumentaria que estos señores llevan a la guerra consta de zapatos de cuero negro comprados en Número 1, pantalones de pinza (una, dos o incluso tres) del 99 y camisa de botones con un solo bolsillo en el pecho (tabaquito’s bagget) adquirida en el legendario Galerías Preciados. Todo ello completado con el luminoso toque que sólo pueden aportar unos calcetines blancos (Jackson Style) que en ocasiones especiales se adornan con elegantes raquetas cruzadas.

Los calcetines blancos tienen cierto poder de atracción y sugestionan al observador induciendole extraños pensamientos en lengua irreconocible tales como «eneayuoki, eneayuoki, eneayuoki ene… «.

Pues eso: paciencia.

Como casi todos los bestiarios, éste dista mucho de abarcar toda la fauna ludicofiestera. Son muchos los que se me quedan en el tintero pero no pasa nada.  Más adelante haré una continuación,  que ya se hace tarde. He quedado con mis coleguis para ir a la discoteque a escuchar música dabuti y tomar unos cubalibres y estos pantalones de pinzas no se van a planchar solos.

¡Efectivy Wonder a todos!

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EL FRACASO

 

Cuando una persona, independientemente de su sexo, se mira al espejo una mañana y no le gusta lo que ve, se ve más gorda, más vieja, tiene dolores que no cree merecer, etc. Es entonces cuando la palabra «fracaso» se abre paso entre  las legañas y se pone delante del sueño húmedo de la noche anterior para acaparar toda nuestra atención. 

No obstante, al ser mal de muchos nos consolamos como tontos que somos. Sabemos que eso le pasa a todo el mundo, y nos sentimos mejor, añadamos pues el sentirse bien con el sufrimiento de la gente a la lista de los muchos fracasos que cometieron tus padres con tu educación.

En serio, no pasa nada. La vida está llena de fracasos: el académico, el amoroso, el laboral, el Telegram… Y no por ello vamos a dejar de vivirla. A no ser que seas el tipo que inventó el botón ESC de los teclados. Ese sí, que se muera.

Si buscamos el origen del fracaso en nuestra raza quizás estaríamos equivocados. De hecho, en orden de mantener el rigor informativo, seguramente deberíamos remontarnos muy atrás en tiempo. El fracaso existe desde  la primera vez que el hombre se propuso algo. Digo más, el homo antecesor (que no es un gay de las cavernas como su nombre insinúa) ya tuvo sus primeros contactos con esta fuerza implacable de la existencia.

El día que este ser, llamémoslo Antonio, ya que por motivos de seguridad me ha pedido que no revele su verdadera identidad, pensó en crear una herramienta, la que fuera, un hacha de sílex, un palo afilado, lo que fuera, fue sin duda un impulso motivado porque antes intentó realizar alguna tarea para la que sus manos desnudas no fueron suficientemente eficaces. Y ahí tenemos seguramente el primer fracaso de la historia.

Pensemos durante un segundo en la sensación de desdicha que tuvo el pobre Antonio al darse cuenta de que no podia actualizar su iPhone realizar semejante tarea. Por primera vez se dió cuenta Antonio de que había cosas que estaban fuera de su alcance y que no parecía haber otra opción que aceptarlo y sufrir. Tuvo que ser como cuando después de poner la alarma en tu movil lees: «quedan 4 horas y 33 minutos para que suene la alarma».

Tengo un amigo que es karateka (qué le vamos ha hacer, no ha querido estudiar) que dice que,  según Confucio, una persona que,  sin ánimos de ofender, para ser chino tiene un nombre raro de narices, «fallarás el cien por cien de las cosas que no intentes».

Yo no estoy tan seguro, Confu… Hay una serie de cosas que mejor dejarlas a un lado, pues son un fracaso anunciado, como por ejemplo elegir un password o contraseña.

No existe ni una sola persona con acceso a Internet que se libre de enfrentarse a frases automáticas de sistema como:

«lo sentimos, su password ha de tener como mínimo 8 letras, un número, un versículo de la biblia y un nombre de Pokemon legendario»

O…

«lo sentimos, viendo la mierda de password que ha elegido dudamos mucho que haya nada de valor sobre usted para guardar»

Claro, al final tanta contrariedad acaba ofuscado al usuario.

«El password es muy corto, el password debe contener un número, es pasword debe tener al menos… ¡¿ME DISE TÚ EL PASUOR O KÉ ASE?!»

                   Anónimo (visto en Fb)

Y hablando de fracasos no podemos dejar de lado un gran invento como es el autocorrector.

«Cerebro: ¡He inventado un poema con el que enamorar a Susana!

Pulgares: ¡Bien, nosotros vamos a escribirlo!

WhatsApp: ¡Genial, yo lo enviaré!

Autocorrector: Me vais a comer todos la p…»

Y no os creáis que pasa sólo con el castellano. Hay que leer bien todo antes pulsar la tecla de enviar

Lo que quieres decirle:
«it’s not you, honey.  It’s me»

Lo que ella va a recibir:
«it’s not you, honey.  It’s melissa»

No podemos librarnos del fracaso porque es inherente a la raza humana. Nada más lejos de mis pretensiones el desanimar a nadie. Todo lo contrario, al igual que mi amigo Confu, que está muerto, os animo a no rendiros nunca. Eso sí, teniendo claro este dato. Cualquier cosa que hagas implica la posibilidad de fracasar. Y si no que se lo digan a Antonio, el gay de las cavernas.

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