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SOBREVIVIENDO A UNA NOCHE DE TERROR

EL MIEDO

¿Por qué cuándo te vas a dormir la ropa que dejas en la silla adopta la forma de un psicópata que pretende  matarte?

Nunca lo sabremos, al igual que nunca sabremos a qué viene eso de matar porque si. Quiero decir: por ejemplo, La Matanza De Texas…

¿Pa qué?

Me refiero a qué cuerda vibra en el alma de una persona para que ésta piense un día “oye, ¿sabes lo que hace falta? Más asesinatos con destripamiento”. Como ese directivo que en una reunión de Antena3 dio un puñetazo sobre la mesa mientras decía “¡ya se lo que necesita la gente: Películas de mierda!”. Aunque bueno, al menos A3 pone películas. No recuerdo cuál fue la última película que he visto en Telecinco, sin contar Avatar, claro. Telecinco tiene una curiosa manía, y es que cada vez pone una película no para de poner trailers de 20 minutos hasta que te destripa todo su argumento.

Volviendo a lo de La Matanza de Texas, es que es muy fácil aplicar juicio a una persona solo por ir por ahí reventando gente en lugar de intentar comprenderlo. Nadie se para a pensar si ese señor tiene algún tipo de inquietud. ¿Y si es así porque son las dos de la mañana y lleva desde la una de la tarde con un cortado y donut? Es muy fácil juzgar. Debería daros vergüenza.

Ojocuidado (que es una expresión que me hace mucha gracia), que no se piense que yo comulgo con estos señores. A mí me dan tanto miedo como a vosotros. De hecho las películas de terror me dan pánico. Pero no porque tema que un asesino venga a matarme. Más bien temo que en la vida real haya algún tipo de enzima capaz de hacer que la gente se atonte de tal manera que el malo ya tiene el trabajo hecho. Porque por mucho que las veo no entiendo como sus protagonistas pueden ser tan subnormales.

Como siempre, uno no debe caer en el clásico error de criticar a los demás sin reconocer también sus limitaciones. Y es por eso que yo reconozco, como tantas otras veces, que no estoy para opositar para un premio novel. Como ya he comentado en otras ocasiones, cuando no hay luz en el pasillo lo cruzo corriendo y no me siento seguro hasta que me abro la cabeza contra la puerta de mi habitación. Ese es mi nivel.

Bien, una vez nos hemos sincera todos vamos con el tema que nos ocupa.

TUTORIAL PARA SOBREVIVIR A UNA NOCHE DE TERROR.

Con estas sencillas pautas llegarás a los créditos ileso.

El primer consejo debería ser quédate en casa y aléjate de las cabañas en el bosque, los cementerios, y las casas con sótano. Pero como de ser así no habría argumento para películas de terror, vamos a obviarlo

1- NO SEPARARSE: Lo peor, y al mismo tiempo lo más común en estas películas es la tendencia a separarse. Bien, nunca lo hagas. A menos que seas tú el que ha tenido la idea, en cuyo caso lo mejor para el grupo es separarse… todos juntos… de ti.

2- NO CERRAR EL COCHE CON LLAVE: si algo hay que tener claro en las películas es que tenemos que ser coherentes; no podemos dejar el coche en medio de Manhattan para investigar un crimen (después de haber encontrado aparcamiento en la misma puerta del sitio, por supuesto), y luego irnos a una cabaña en el bosque donde Cristo perdió una alpargata y cerrarlo con llave.

No es solo por coherencia que debemos evitar esta manía, si no por seguridad. Veamos un ejemplo.

Perseguida por el maníaco, la muchacha-objetivo, después de una desesperada carrera desde la casa hasta el coche (otra cosa que nunca entenderé, en la ciudad siempre encuentras sitio en la puerta, ¿pero en el campo dejas el utilitario a tomar por culo cierta distancia de la casa? Coherencia, señores, coherencia), la rubia en cuestión consigue llegar al vehículo, que está cerrado. Con un poco de suerte, tendrá a mano la llave, a no ser que esta esté en poder de su novio, el jugador de fútbol universitario. Cuyas extremidades están, a estas alturas de la película, repartidas equitativa y eficientemente por toda la finca. La persecución se convierte entonces en una cuenta atrás en la que el maníaco se acerca mientras la muchacha tiene que probar en todas, si es como yo, que en un llavero de 3 llaves suelo acertar al cuarto intento, el final de la película está servido.

3-NO CORRER POR EL CAMPO, Y MENOS DE NOCHE: Si algo nos han enseñado las rodillas peladas y el labio partido de la protagonista es que correr a oscuras por un terreno abrupto y mirando hacia atrás es una mala idea. Fijémonos en el maníaco. Él no corre, solo camina, y con cierta parsimonia además. Siempre alcanza a su víctima, y encima esta descansado cuando eso pasa.

5-COMPROBAR ASIENTO DE ATRAS: Incluso habiendo cerrado el coche, el malo siempre se las arregla para colarse en el asiento de atrás. Teniendo en cuenta el tamaño medio de un coche americano, podría tener hasta un puesto de carnicería sobre la alfombrilla, cuidado.

4-NO HACERSE EL HEROE. Es preferible huir para llorarla a ella que lo contrario.

5-NO TE FIES DE NADIE: casi siempre resulta que uno de tus queridos amigos tenía algo que ver con el asesino, quizás esté de su parte o quizás tenga la culpa de su aparición por desavenencias pasadas entre ellos dos. En cualquier caso, pega el culo a la pared y apuñala a cualquiera que desaparezca misteriosamente para reaparecer otra vez con cara de ¿Qué, qué pasa, por qué me miráis así?

5-REMATA AL MALO. O al menos llévate su arma. Puede parecer que esta norma puede entrar en conflicto con  la número 3. Nada más lejos de la realidad, apalear (si es con su propia arma, mejor) al malo que se ha caído porque alguien le ha dado una patada en la cantimplora o alguna caricia similar siempre es más sensato que seguir corriendo y darle al sujeto en cuestión la capacidad de recuperarse.

SI TIENES QUE ELEGIR ENTRE DEJAR A ALGUIEN DETRÁS O DELANTE, OPTA POR LO PRIMERO: Quizás este consejo pueda sonar apolítico, por lo que es mejor resumirlo de la siguiente manera: las cebras no necesitan ser más rápidas que el león, solo tienen que ser más rápidas que las otras cebras.

7-PASADA LA PRIMERA PARTE DE LA PELICULA, NUNCA ES UNA BROMA: En toda película de terror que se precie, siempre hay un primer amago de susto que resulta ser uno de los amigos cachondos con ganas de reírse del personal. Lo malo es que te hace bajar la guardia, lo bueno es que el bromista siempre muere. Ocurrido el primer asesinato, si después de que tu amigo el gracioso se haya ido a hacer cualquier cosa, le pierdes de vista y no contesta a tus llamadas, lo mejor que puedes hacer es disparar a lo que aparezca. En el mejor de los casos habrás acabado con una amenaza, y en el peor habrás  librado a tu grupo de un imbécil peligroso.

ALÉJATE DEL ESCÉPTICO: Aunque no es el primero en morir, pues ha de morir una primera persona para darle la oportunidad de no creérselo, Este protohipste no tardará en descubrir que estaba equivocado, y por lo general de una forma bastante dolorosa.

Así pues, si sacamos el común denominador de todas las pautas no sale una sola lección muy clara: Espabila.

Espero que este pequeño tutorial os haya servido de algo. Si es así, amigos de Yutiuv ya Dejese laik, y suscríbanse pinches weones

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FENOMENOS PARA-ANORMALES: la Ouija

Anoche viví una experiencia un tanto inusual: me invitaron a hacer una Ouija.

¿Cómo se invita a una persona a participar en semejante actividad? Desde luego NO como me invitaron a mí. Una invitación a participar en una Ouija debería contar, entre otras cosas, con un halo de misterio y misticismo. De esa manera generas curiosidad a la vez que creas ambiente. Algo así como:

¿Estás preparado para una experiencia no apta para cardíacos que te sacará de tu insustancial, soporífera e insignificante existencia y  vivirás el horror de los terrores arcanos y quizás, solo quizás, logres sobrevivir para contar a tus nietos?

Eso sí que es una invitación. No que llamen a tu amigo mientras estás tomándote una cerveza con él.

“—¿Te vienes a hacer una ouija?
—Es que estoy con un amigo ahora…
—Pues que se venga”

¿Que se venga? Dicen que jugar con una ouija puede costarte la vida, pues puedes salir poseído o atormentado de por vida por un espíritu del que no te has despedido correctamente (esto no me lo he inventado yo, por lo visto ha pasado). ¿Voy a jugarme la vida por un “pues que se venga” ? ¿De verdad quiero que en mi lápida haya un epitafio que diga “aquí yace Ezequiel, el que estaba alli”? Pues eso parece, porque dije que si.

Repasemos lo que sabía antes de embarcarme en esta aventura:

-La Ouija consiste en un tablero con todas las letras del abecedario y unas pocas palabras de uso cotidiano (hola, adiós, si, no, guardar partida, etc).
-El tinglado sirve para contactar con un espíritu o similar, que se comunica con los usuarios moviendo una especie de puntero móvil que consiste en una taba o abrojo de madera con forma de flecha o un vaso de chupito boca abajo (versión multijugador) hacia las letras y palabras.
-Para que este fenómeno suceda es imprescindible que los asistentes mantengan un dedo encima del puntero en todo momento. Aunque como está la cosa, no me extrañaría que antes de contactar con el fantasma tuvieras que tragarte un vídeo de publicidad como en  YouTube.

No voy a entrar a describir todos los detalles de la velada. Pero algo que estimo digno de destacar es que los allí asistentes parecían sacados de una película de terror noventera. Estaban todos menos la animadora.

EL EXPERTO: el dueño de la Ouija. Este sabía todo lo que hay que saber sobre espiritismo, algo que no desaprovechaba ninguna oportunidad para recalcar. No conseguí averiguar de quién de los asistentes era cuñado.

EL PREPOTENTE: Esta variante puede cambiar según la zona donde se realice el experimento. En Estados Unidos, por ejemplo, lleva una de esas chaquetas de hermandad universitaria (Pí Beta’l Carayo) con las mangas blancas. Sus funciones son básicamente dárselas de incrédulo, ridiculizar todo y a todos y morir primero. En nuestro caso era un Hipster y yo creo que ya con eso sobran palabras.

LA HISTERICA: cumpliendo con la norma general, era la novia de otro de los “jugadores”. En este caso nuestro amigo el PREPOTENTE. Básicamente, su función es agarrar muy fuerte el brazo de su novio y chillar en las situaciones en las que proceda. Como cuando se oye un ruido en alguna parte de la casa (cosas que gustan mucho de hacer los fantasmas) o cuando su novio, dolorido ya, le devuelve el apretón.

Es curioso lo de los fantasmas. Tanto estudiar y trabajar en una vida para acabar haciendo durante toda la eternidad lo que ya hacía con dos años: ir por la casa tocando cosas.

EL AGNOSTICO (¿YO?) : Se trata básicamente de uno que pasaba por allí. Una persona que no tiene claro si es creyente o no porque no se ha parado a pensar en semejante idiotez tema. Yo no soy precisamente creyente, pero si muy fácil de asustar. 

Soy una de esas personas que están muy a gusto en su ignorancia respecto a temas esotéricos debido a la facilidad de acongojamiento que me caracteriza. Razón por la cual a día de hoy no se cómo se me ocurrió embarcarme es esta empresa. Así soy yo, la ignorancia es mi armadura. ¿Que la verdad está ahí fuera? Pues cierra.

Al principio, la velada parecía una reunión normal y corriente. Todo eran risas y fiestas hasta que el Experto adoptó una expresión sombría y dijo “es el momento”. El “momento” había coincidido curiosamente con el final del Madrid-Barça que estábamos viendo mientras comíamos un nutrido popurrí de frutos secos que había traído uno de los futuros nigromantes. Igual que un pescozón concluye la infancia de un niño, el último pitido del árbitro dio fin a la parte amena de la noche.

Entonces la Histérica, que yo no tenía claro si era así de fea o le había tocado una almendra amarga, sentenció que no deberíamos jugar con estas cosas. Que era un tema muy serio para tomárselo a la ligera. inconscientemente, me pareció visionarla engordando la factura de su teléfono los sábados por la noche llamando de madrugada al adivino de la tele.

Como si del de un espíritu se tratase, su comentario pasó por completo inadvertido por el grupo. El Experto encendió unas velas chatas de IKEA, apagó  las luces, y apartó en semipenumbra los frutos secos de la mesa al tiempo que depositaba en el centro de esta el famoso tablero. Acto seguido, paseó la mirada entre todos mientras dijo con voz muy solemne “ahora es el momento de echarse atrás, luego no va a haber oportunidad de ello”.

Esto último era mentira, porque aunque la Histérica volvió a recalcar su disconformidad, sus palabras quedaron una vez más sin respuesta. El Experto colocó un vaso boca abajo en el centro del panel y todos pusimos un dedo en él. Entonces el Experto recitó. “Si hay alguien aquí, que se manifieste”.

El vaso no se movió.

“fuerzas de lo paranormal, si estais aquí, por favor, manifestaos”.

El vaso de chupitos quieto como los párpados de Espinete.

“Atención , espiritus”—estas últimas palabras exudaban algo de súplica— manifestaos.

Cero movimiento

—Igual no hay nadie—comentó el Hipster.
—O igual está comunicando—añadí yo al tiempo que miraba con ansia la bolsa de frutos secos que había quedado fuera de mi alcance.

Entonces ocurrió…

jjjjjjjjjjjjj

El vaso empezó a moverse lentamente bajo el peso de nuestros dedos, mientras todos alternabamos entre mirarlo y mirarnos entre nosotros preguntándonos quién se estaba cachondeando de los demás. Durante su viaje, lo único que se oía en la casa era el deslizamiento de cristal sobre madera. Al mismo tiempo, un olor nauseabundo inundó la estancia.

—jjjjjjjjjjjj H O L A
—¿Quién eres? —Preguntó el experto tapándose la nariz con la mano libre. —¿Eres Satán?

Aquella pregunta me descolocó un poco. Francamente, si el diablo existe, no creo que en sus obligaciones figure estar de guardia como una operadora esperando a que la gente contacte por Ouija. Que no digo yo que no pueda ser pero me imagino que debe de haber unos filtros para llegar hasta él, un conducto reglamentario, un par de empleados y un supervisor al menos…

jjjjjjjjjjjjj NO.

El olor de la estancia se tornó cada vez más nauseabundo.

—¿Cuál es tu nombre?
—jjjjjjjjjjjj W A L  T E R

Esto me dio a pensar que con todos los adelantos que hay hoy en día en tecnología me parece raro que todavía no haya una Ouija con texto predictivo, pero lo importante era que la noche no parecía ir a terminar nunca. 
Al principio, cuando iba por la L, yo ya sabía que iba a decir hola. ¿Cuánto iba a durar esto? ¿sería posible que fuera a hipotecarme la noche el espíritu de los c…? ¿Y encima con este pestazo?

Encima el espíritu se llamaba Walter….

—Dinos… Walter —continuó el Experto, tosiendo con motivo del ponzoñoso ambiente— ¿Qué quieres de nosotros?

¿Que qué quiere? ¿Lo llamas tú y le preguntas qué quiere? No es una buena manera de empezar una conversación. Además, llamándose Walter lo más seguro es que quiera que te pases a Vodafone o algo.

—jjjjjjjjjj E Z E Q U I E L

aquella última letra señalada me hizo olvidar toda idea de seguir con las bromas. ¿El espíritu me había nombrado? Todos me miraron con incrédula aprensión.

—¿Qué ocurre con Ezequiel, oh espíritu?— Indagó el Experto

—jjjjjjjjjjjj C U L P A B L E

Una vez más, con los ojos humedecidos por las lágrimas provocadas por el asfixiante ambiente, me miraron.

—jjjjjjjjjjjj I N T O L E R A N C I A
—¿intolerancia? «tose» ¿intolerancia a qué, oh espíritu?
—jjjjjjjjjjjj A L M E N D R A S
—¡¿Almendras?!
—jjjjjjjjjjjj E L E S Q U I E N S E H A T I R A D O E L P E D O

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SERIES DE NUESTRA INFANCIA: Los Caballeros del Zodiaco

Esta serie japonesa era una de mis favoritas cuando era un enano. Aquellos dibujos japoneses con ojos grandes como platos. Con esa banda sonora extraña, a caballo entre cabecera y marcha militar. Con aquellas rimas cogidas con pinzas que fomentaban tantos errores de interpretación. aquí tenéis la dichosa musiquita

Pero a mí me encantaba. Pasaba las tardes mirando el reloj a la espera de mi ración diaria de caballeros y peleas. Y en cuanto empezaban, volvía a mirar el reloj sabiendo que en los escasos veinte minutos de duración del capítulo a penas iba a avanzar la historia (quitando el resumen del episodio anterior y sus malditos flashbacks con recuerdos inútiles que no aportaban nada a la trama, poco te quedaba de acción). Pero eso daba igual. Seguía siendo mi serie favorita.

Aún con eso, la recuerdo con cierto resquemor. Y esto se debe a que cuando se estrenó en Telecinco, coincidió con mi Primera Comunión.

Algún día os hablaré de mi Primera Comunión. Os aseguro que da para una entrada completa.

Os preguntaréis qué tiene que ver una cosa con la otra. Bien, pues que sepáis que (esto va para los hijos de los que votan a Podemos) antes de hacer la Primera Comunión, había que ir a ciertas clases estúpidas e inútiles denominadas Catequesis. Esta palabra que parece denominar la inflamación o infección de algún órgano es en realidad una serie de lecciones sobre el sagrado testamento. Que te ayudarían a entender mejor la eucaristía. Consistían en la lectura de la biblia, conocimientos teológicos, primera experiencia sexual con el cura y otras lecciónes para hacer la comunión y luego ya te regalasen el dichoso compás.

Bien. El problema que me suponían estas clases era que empezaban diez minutos antes de que terminase el capítulo de Los Caballeros Del Zodiaco. Esto me sacaba de quicio aunque en realidad no perdía el hilo argumental porque eran capaces de estar peleando contra el mismo enemigo durante diecisiete capítulos seguidos.

Además, las peleas eran bastante parecidas. Los personajes no daban ni un puñetazo sin avisarlo a gritos antes. Lo cuál es bastante contraproducente; imagina que estás en una pelea de bar y vas a atacar a alguien al grito de “¡Patada en los huevooooos!”

Tú mismo cometerías un autospoiler permitiendo al rival que se adelantase a tu ataque en un gesto defensivo clásico como clavarte una botella rota en el cuello, por ejemplo.

Como decía, las peleas eran más o menos así.

“Yo soy más fuerte”

“No, yo soy el más fuerte”

«Ataque»

“te he vencido, te lo dije”

“que va”

«Contraataque»

“¿lo ves?, te dije que era más fuerte. Me has subestimado”

“Que no, que no, mira ahora”

«Ataque»

Y así durante diez o quince capítulos.

De todas maneras, y aunque yo prefería enterarme de primera mano viendo el final del dichoso episodio, no había problema. Pues al día siguiente sería el tema de conversación en el colegio.

Antes de llegar la hora del recreo, ya me había enterado de todos los pormenores actualizados de la historia, así como del palmares de victorias y derrotas de cada uno de los personajes. Conocimientos absolutamente imprescindibles antes de salir al patio, pues era entonces cuando se celebraban los “combates”.

Estas veladas consistían en que dos o más contrincantes, fingiendo ser caballeros del Zodiaco, combatían hasta el fin del recreo de los tiempos. Estos combates, siguiendo las pautas de los de la serie, solían ser combates a distancia en el que no faltaban nombres de los múltiples golpes así como onomatopeyas por doquier.

Antes de este combate estiloso cargado de dramatismo, se celebraba siempre un primer combate a patadas y puñetazos para decidir quién era qué caballero.

Estos primeros combates solían ser bastante más dolorosos que los segundos, cosa normal por otro lado; al no haber decidió que caballero serías, aun no tenías armadura…

Y es que, como todos recordaréis, todos queríamos ser los mismos personajes, como el caballero del Dragón, el del Fenix, el del Cisne… Nadie quería ser el irónicamente soso protagonista (Pegaso) o el Mariposón de Andromeda.

A no ser…

… que consiguieras una cuerda.

Daba igual si se trataba de la comba de saltar de tu hermana, una cinta de precinto policial o el cordel de los cartones de huevos. Con algo que pudiese pretender ser cadenas, el caballero de la acera de enfrente adquiría bastante popularidad.

Así viví yo y casi todas las personas con las que he tocado el tema para hacer esta entrada las aventuras de los caballeros cabezones y de ojos saltones. ¿Y vosotros?

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LA ESTUPIDEZ HUMANA

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Me fascina el término “estupidez humana”. Como si hubiera otro tipo de estupidez. No digo que toda la humanidad sea estúpida. Pero lo que si estoy dispuesto a postular es que los extraterrestres deben de saber que somos una raza fácilmente conquistable si nos han visto dándole vueltas una y otra vez al movil intentando ver derecha una foto ladeada. Hay muchos ejemplos por los que no nos merecemos ser considerada vida inteligente. Sin embargo seguimos empeñados en el humanismo.

El humanismo. Esa estúpida tendencia que gente tan pagada de si misma como Luis Vives, uno de los mayores defensores de esta doctrina reivindicaba comop la creencia ciega en la posición del hombre en el centro del universo.

¡Pero si somos un fracaso en toda regla! ¿Cómo puede ser el centro del universo una raza capaz de gastar 400 euros en un smartwatch?

“—¿Te has comprado el Apple Watch?
—¡Si, es una pasada! Mira, tiene medidor de pulso cardíaco, notificaciones directas de WhatsApp…
—¿Qué hora es?
—Si, claro. Debe de estar por aquí, a ver. No, a ver por aquí…  Bueno, casi mejor espera, que la miro en el móvil.”
—… ”

Cualquiera que lea esto puede pensar (y con razón) que soy de esas personas que piensan que la única inteligencia que vale es la mía (hipsters) y que pienso que el resto del mundo es estúpido. Bien, esa es una afirmación a medias acertada. Y en seguida sabréis que parte es falsa y cuál no.

Por todos es sabido que yo no soy ninguna lumbrera. Soy perfectamente capaz de encender la Batseñal para llamar a Batman y cuando llegue se me haya olvidado lo que iba que decirle.

“—Soy Batman, ¿que ocurre?
—Em…  Si… te cuento. Ya que vas a estar despierto a ver si puedes avisarme a las 7 que no me fio de la alarma de mi movil”

Porque si, soy imbécil. Y cada vez más orgulloso de ello. La última vez que me puse las gafas sin recordar que había olvidado que llevaba las lentillas puestas pensé que me había convertido en Spiderman. No salté por la ventana porque daban los Simpson y no me quería perder un capítulo que solo había visto diecisiete veces.

Lo dicho, me enorgullece mi cualidad. Teniendo en cuenta cómo les va a los imbéciles hoy en día, a mi juicio se ha convertido en algo de lo que presumir. Esta  iluminación a la que he llegado solito y sin GPS me lleva a lo siguiente.

CUANDO LA ESTUPIDEZ VENDE

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¿Recordáis a esas chonis de barrio que salían de cuando en cuando en la tele dándole patadas al diccionario? Esas niñas que iban pintadas a su juicio muy guapas y a juicio de otro preparadas para cortar cabelleras.

“—Ferretería, dígame.
—Si buenos días, quisiera una pintura para exteriores como la que lleva la chica de perfumería en la cara”

¿Nenas y no tan nenas que esgrimían el “haiga” como punta de lanza de la cultura poligonera. Que a su total y absoluta falta de educación social y cultural la llamaban “naturalidad”?

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Pues ahora resulta que esto vende. Porque se puede ser una poligonera, pero lo que sale últimamente por la tele no tiene cabida en ningún gráfico. El descaro con el que estas princesas propinan patadas voladoras al diccionario no es ni remotamente aceptable. Y eso que la Real Academia de la Lengua hace todo lo que puede por incluir sus guturales sonidos en nuestra lengua en aras de…

¿En aras de qué? No consigo imaginar en que manera puede ayudar el incluir esas aberraciones idiomaticas. Para mí que últimamente la RAE ha estado comprando costo al por mayor. Como ya hizo alguna vez antes (“tío, tío, ¡pon murciélago! Jajajajaja”).

Y es que después de la “cocreta” de la eterna madre coraje, los uppercuts al léxico se han convertido en requisito indispensable, parece, para los castings de los realities.

Reality Show: no hay una expresión mas engañosa en cuanto a lo que verdaderamente representa.

¿Cómo le digo yo ahora a mi hija que el ejemplo a seguir es el licenciado en ingeniería que nos atiende en el McDonald’s y no la choni barriobajera que se forra en Salvame después de haberse hecho una “manualidad” bajo el edredón a otro en Gran Hermano?

El problema es que esta “genialidad” es cada vez más difícil de encontrar. Al menos, la de pura cepa. Sea por lo que fuere, las chonis parecen estar en peligro de extinción. Conscientes de este horrible hecho, varias plataformas y superficies han empezado campañas para proteger a esta especie. El pull&bear ver por ejemplo.

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De repente, lo inculto y soez vende, y es el pasaje para salir del asiento de atrás del Seat León del Jonathan y saltar a la fama. Como quien estudia ingeniería para que lo cojan en la Fórmula 1, Hay que buscar esa capacidad chonil donde sea. Y es entonces cuando vemos aberraciones como las “estudiantes unicersitarias” (o eso dicen ellas) de gran hermano. En concreto me encanta una rubia que yo pensaba teñida, pero al escuchar su hazañas en un par de preguntas de cultura general, me lo estoy replanteando. No puedo asistir a estos eventos de la humanidad sin pensar: ¿es esto real? ¿Hay gente así o es un papel?

En fin, creo que se me está acabando el pase de pellote, así que mejor dejar de escribir ya. No sea que me vaya a quedar tonto con tanta tontería y me recluten para Mujeres y Hombres Y Viceversa. (me encanta este título, su desprecio por las comas)

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FRIKADAS I: de mis andanzas por la Tierra Media

OFF TOPIC:
al leer otros blogs donde sus dueños hacen gala de magníficas dotes narrativas, en especial a la hora de contar cuentos, me picó la curiosidad de saber si yo también serviría para tan bonitos escritos. No me hizo falta pensar mucho para darme cuenta de que no.

No obstante. Se me ocurrió hacer algo parecido, a mi torcida y macabra manera, y de aquí sale esta frikada que vais a leer (aún estáis a tiempo de no hacerlo). En fin. No es a lo que os tengo acostumbrados,  pero aún así espero que os guste.

FRIKADAS I: Un paseo por La Tierra Media.

Así es amigos míos, al final ha pasado lo que todos nos temiamos: mi alto consumo de literatura fantástica y alcohol a partes iguales ha surtido el efecto menos deseado: después de un par (de pares) de cervezas de trigo bien frías mientras veía por fin el DVD de El Señor de los Anillos ocurrió algo muy extraño que voy a pasar a contaros.

Nada más empezar a ver la película se abrió en mi salón un vórtice dimensional. Aquello me sorprendió sobremanera, pues había puesto el DVD de la película y no el de las características especiales (comentarios del director, making of, vórtices dimensionales, etc.)

Al tocar aquella grieta luminosa suspendida en el aire, una luz cegadora me rodeó. Aquella luz era tan intensa que ni tapándome los ojos con las manos lograba deshacerme del doloroso deslumbramiento que sufría.

Cuando la luz cesó, tardé un tiempo en recuperar la vista. Pero lo que mis ojos descubrieron no era algo que se viese todos los días. Al menos no sin drogarse. Me encontraba en una especie de construcción en el que hermosos álamos de hojas doradas se alzaban a mi alrededor en una especie de jardín redondo coronado por grandes arcos con todo tipo de adornos exquisitamente tallados  que confluían en una inmensa cúpula desnuda.

Aquel enclave parecía hacer las veces de mirador. Al asomarme a la balaustrada del pórtico mis ojos fueron testigo de un auténtico regalo para la vista: Una majestuosa ciudad grisácea de delicados pórticos aún más grande que el que yo pisaba se extendía montaña abajo. No había una columna, escalera o edificación que no hubiera sido pulida hasta el más mínimo detalle.

Dado el mimo que los carpinteros habían puesto al tratar la madera de los arcos no me cabía duda de que el dichoso vórtice dimensional había dado con mis huesos en IKEA alguna ciudad épica de las que tanto he visto en las pausas de Antena3 los libros de fantasía medieval.

Tardé un tiempo en reaccionar, pues el viaje interdimensional me había dejado bastante desorientado. Todos los que hayais viajado entre dimensiones me entenderéis: mareos, indisposición, Jet lag, etc. Todavía me encontraba recobrando la compostura cuando creí oír unas risas que se acercaban. Me escondí detrás de uno de los álamos justo a tiempo de apreciar cómo entraban a la alameda dos jóvenes varones que no advirtieron mi presencia. Eran estos hermosos, de cuerpos delgados y estilizados. Enfundados en brillantes túnicas con increíbles bordados. Lucían también largas cabelleras rubias platino, de cabellos laceos tan brillantes como si desayunaran todos los días una taza de Timotei.

Sus hermosos rostros de facciones delicadas eran de una tez pálida como la luna. Detalle que me sorprendió bastante, teniendo en cuenta que aquella ciudad llena de terrazas, arcos y cúpulas desnudas, más que ciudad, parecía un inmenso solárium.

Sus andares eran gráciles y elegantes, lo cuál, sumado a su aspecto físico anteriormente descrito, me llevó a pensar que aquellos jóvenes habían venido a ocultarse entre los árboles buscando una zona tranquila y discreta donde practicar su amor homosexual.

¿encontrabame pues en una zona de cruising medieval?

Mi desconcierto (el causado por el viaje, no el que me acompaña desde mi nacimiento) empezó a disiparse, y comencé a ser una vez más dueño de mis actos, facultad que aproveché para deslizarme como pude entre los arboles en orden de pasar desapercibido y no importunar a la curiosa pareja en sus planes, fueran los que fueran.

Aquella ciudad se había concebido en la ladera de una montaña. Para ir a cualquier sitio había que subir o bajar las hermosas escaleras esculpidas en la piedra de la montaña, o bien sinuosas escaleras de madera pulida. Este detalle me hizo considerar que quizás el secreto de la larga longevidad de los elfos residía en que subían muchas escaleras como aconsejan en Saber Vivir y otros programas de salud de la televisión.

También me hizo pensar, esto ya a título personal, que con tanta magia que había por este mundo ya podían haber gastado un poco en la creación de un teleférico.

En uno de los balcones divisé a dos figuras, una vez más, ambos varones, pero al acercarme un poco más observé que uno de ellos, que presentaba los mismos rasgos delicados que los palomos individuos de la alameda, parecía tener la mirada perdida hacia el horizonte que coronaba las hermosas vistas que ofrecía el palco mientras sujetaba un arco con fuerza.

Su compañero, sin embargo parecía un hombre normal y corriente. Aunque con aspecto de haber acabado de salir del festival hippie de Woodstock.

Me acerqué a preguntar cómo podía volver a casa pero hicieron caso omiso de mi saludo. Al parecer se encontraban enfrascados en una extraña discusión:

“—Légolas. ¿Qué ven tus ojos de zorra?
—Aragorn, detecto cierta hostilidad en tus palabras desde que te rechacé.
—’Irigirn, diticti cirti histilidid in tis…’ vete a la mierda zorra, ¡vete a reírte de otro!”

“¿Legolas? ¿Aragorn?” Pensé.

¿De qué me sonaban aquellos nombres? En fin, tenía prisa y la pareja parecía estar ocupada. Así que allí dejé a aquellos cítricos amantes y proseguí mi viaje. Tenía que ponerme en marcha y encontrar ayuda si quería salir de este extraño sitio de adornos tan recargados.

Un par de escaleras más arriba me encontré con una pareja de lo que parecían ser dos pequeños hipsters bajitos y achaparrados, pero sin gafas ni pajarita. Al principio pensé que se trataba de dos hombres, lo que me hizo preguntarme por vez primera en dónde estaban las mujeres en esta ciudad, barajando también la posibilidad de que dicha ausencia tuviese algo que ver con la existencia de tanto maricón silencio.

En aquellas cavilaciones me hallaba cuando al acercarme comprobé que uno de aquellos minihipsters era una mujer, eso sí, con más pelo que un kiwi. Mis esfuerzos por comunicarme también cayeron en un principio en saco roto, pues los minihipsters iban con mucha prisa, tanta que me vi obligado a apartarme a un lado para que no chocasen en conmigo. Al menos esta vez no me ignoraron del todo. El kiwi volvió la cabeza con soberbia y me dijo que tenían prisa, pues un tal Elrond les había convocado a una reunión en una de las salas de arriba.

“¿Elrond?”

Haciendo de tripas corazón, seguí a aquellos enanos escaleras arriba. En honor a la verdad, he de admitir que no tardaron en dejarme atrás a pesar de mi pasado runner. Aún así seguí subiendo por cada escalera que encontraba. Si se dirigían a una reunión, sin duda habría alguien que pudiese ayudarme con mi problema.

Conforme me acercaba a la cima de la montaña, la aglomeración de gays querubines rubios de pelo liso aumentaba, lo que me animó a pensar que iba por buen camino. Cuando llegué  al final de las ornamentadas escaleras, la famosa reunión ya había comenzado. No me pareció buena idea ingresar en la misma sin ser llamado así que me decidí a quedarme tras una columna guardando respetuoso silencio.

Al parecer, un niño había encontrado un anillo de oro. Y los asistentes a la reunión no lograban ponerse de acuerdo sobre que hacer con la sortija. O quizás decidían un castigo para el chico, por haberla robado. No tenía manera de saberlo con seguridad, pues me encontraba a demasiada distancia. En cualquier caso los ánimos parecieron crisparse cuando un tal Boromir, Borromeo, Eddard Stark o algo así, aseveró algo a cerca de quedárselo para él.

Esta insinuación no fue del agrado de uno de los minihipsters (a la distancia a la que me encontraba no pude distinguir si se trataba del Kiwi o no). El barbudo bajito se levantó de la silla e intentó romper la joya a hachazos al más puro estilo Juicio del Rey Salomón. Ante la atónita mirada de todos, el Anillo no sólo resistió la acometida de su hacha, sino que originó que ésta se rompiese en pedazos.

Ante este extraño fenómeno, la reinona autoridad que presidía el concilio, el tal Elrond, que parecía un gitano elfo, habló unas palabras que no alcancé a escuchar con claridad. Pero en el contexto pudo haber dicho algo así como “creo que es mejor vender la alianza en un COMPRO ORO”.

Justo en ese momento llegó un pensionista andrajoso con un gorro de bruja, sujetando un palo que no se había molestado ni en lijar. Levantose Elrond entonces para darle la bienvenida.

“—A buena hora y con sol, Gandalf…
— Un mago nunca llega tarde ni pronto. Llega justo cuando se lo propone.
—Pues ya hemos comido.
—Mierda.”

El viejo se sentó en una de las sillas y no dijo nada más. Se dedicó a hacer ruido con la boca como si masticase algo inexistente; una de esas costumbres que nos encantan de la tercera edad.

Aproveché que nadie le hacía caso para acercarme a hurtadillas por detrás de su asiento y pedirle ayuda.

“—¿Qué lugar es este, Gandalf?
—Tuvo un nombre, pero se desvaneció hace algún tiempo.
—No tienes ni puta idea, ¿verdad?
—Pero ni puta idea.
—Gracias Gandalf
—Corred insensatos”

De repente se abrió otro vórtice dimensional. Al mirarlo pude ver el salón de mi casa. Supuse que sólo tenía que pasar a través de él para volver a mi mundo y dejar atrás esta locura. Justo en el momento en el que lo cruzaba el niño habló por primera vez desde que yo había llegado a la reunión diciendo “Lo haré. Llevaré el Anillo a Mordor”.

Ya de vuelta en mi salón, y notablemente aliviado, me volví y acerté a ver a través de los últimos coletazos de vida de la grieta dimensional por la que había cruzado, la última imagen borrosa de aquel mundo en la que algunos de los asistentes (el indigente, su pareja rubia y el minihipster) se pusieron en pie y anunciaron:

“—Puedes contar con mi espada. —y con mi arco.
—y con mi hacha.”

No alcancé a ver el desenlace de aquella conversación. La Grieta en la realidad se cerró, desapareciendo tan rápido como apareció en un principio.

Ahora, mientras escribo estas líneas, justo después de haber visto cómo se disipada aquel portal que me había llevado a semejante aventura, sentí algo de remordimiento por haber huído de aquel mundo tan apresuradamente y sin ni tan siquiera haber descubierto el desenlace de aquella reunión: nunca sabré si aquel niño habría logrado llevar el Anillo a su destino. Sin duda hubiera sido una hazaña difícil de realizar, y más con la dificultad añadida de hacerlo mientras cargaba con una espada, un arco y un hacha.

Twitter=@cansinoroyal

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