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LA BIBLIA HIPSTER: Tomo Primero. Los 10 Mandamientos Hipster

Tomo primero del Testamento
De San Benancio. Patrón de las descargas que en gloria esté.

Por los siglos de los siglos esté en gloria San Benancio. Pues él nos trajo la buena nueva digital cuando tuvo a bien contratar ADSL 12 megas a 29’95 (impuestos indirectos no incluidos) y dejar su router abierto. La palabra del WiFi (Wi-Fi para los ebreos) llegó a nosotros gracias a él en una época oscura en la que los Hipsters, celosos devotos del WiFi, sólo podían acceder a su palabra a través de almas caritativas como Starbucks, tiendas Apple y esa gente que tiene por contraseña «1234567».

Porque el WiFi es Dios, y Benancio es su profeta.

Dos tablets trajo San Benancio del Monte de Jazztel. En ellas estaban escritos, en PDF a doble espacio y en fuente Times New Román, los Diez Mandamientos del Hipster.

1. Adorarás al WiFi por encima de todas las cosas.
2. No robarás WiFi.
3. Honrarás a tu padre y a tu madre, pues de él son las Ray Ban Aviator del 83 que llevas, y de ella la diadema de plástico que regalaste a tu novia Hipster de sien rapada.
4. No tomarás el Café en vano.
5. No matarás, salvo a quien critique la música Indie .
6. No te afeitarás.
7. No dejarás que la batería del iPhone baje del 10%.
8. Te aferrarás a la tecnología y los gadgets mientras te empeñas en vestir como alguien que los rechaza.
9. Buscarás en Google el significado de la palabra «mainstream»
10. Usarás la palabra «mainstream» al menos diecisiete veces al día.

Oremos todos, cantemos el Salmo de San Benancio:

«San Benancio, San Benancio
De la Palabra portador
Gloria al Salvador San Benancio
Generoso benefactor

En un archivo con su nombre
Los Mandamientos compartirá
Descargalos con Utorrent
Descomprímerlos con Win Rar»

San Benancio tope guay
San Benancio es tope Hipster
San Benancio es darle Like
San Benancio es suscribirse.»

Aquí termina el Tomo Primero del Testamento de San Benancio. La paz sea con vosotros, colocaos la pajarita, rebobinad las cintas y no dejéis enfriar el Café

Amen

Twitter=@cansinoroyal

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MASCOTAS Y DUEÑOS: esos seres estúpidos e irracionales, y sus perros.

«Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.»
                      Groucho Marx

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Perdonad que haya tardado en colgar otra entrada. Mi perra (en la imagen) está deshaciéndose del pelaje invernal y he estado bastante ocupado cepillándola. Lo malo es que he acabado bastante cansado; lo bueno es que he sacado suficientes repuestos como para fabricar al menos tres Huskies enteros.

«A Buzz Lightyear le prestaba yo a mi perra para que la paseara hasta que hiciese sus necesidades. Se iba a enterar de lo que es hasta el infinito y más allá…»

Porque, reconozcámoslo: pocos sentimientos de libertad son tan puros como el que nos embarga cuando sabemos que nuestro perro ha terminando de hacer sus cosas. Ahora ya podemos hacer lo que queramos. Nos sentimos tan libres como si fuésemos nosotros los que nos hemos aliviado.

Los perros son maravillosos. Pero sus dueños lo son aún más. Ayer mismo ayudé a cruzar a un ciego con su perro guía. Fue una experiencia maravillosamente reveladora. Lo malo es que tendremos que esperar a ver la raza que sale de este cruce.

En serio, tener un perro es un compendio de experiencias que no se consiguen con otro animal. Claro que no hay mucho donde elegir; por ejemplo los peces, que aún no tengo claro si cuentan como mascota o como decoración. En el caso de los gatos me queda más claro, pero no mucho más.

Tener un perro te da muchos momentos buenos. A parte de los que tú te esfuerzas en recordar como buenos como dormir con ellos y creerte que duermes bien cuando en realidad te pasas la noche procurando no mover un músculo porque sabes que a la mayor molestia tu mejor amigo se va a pasar al suelo.

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Vaya todo ésto por delante, he estado pensando en un tema: Hay un extenso catálogo de razas perrunas. Y digo yo, ¿por qué no hay uno de razas humanas?

Tranquiiiiilos no me tacheis de facha, corrais detrás de mí en sandalias, y me dispareis florecillas y cartones enrollados sobrantes de filtros de porro. Me refiero a un [insertar redoble de tambor aquí].

BESTIARIO DEFINITIVO DE RAZAS DE DUEÑOS DE PERROS [insertar banda sonora de Star Wars aquí].

DUEÑOS PRIMERIZOS (canidus novatus)
A estos pobres se les ve a la legua. Llevan la correa más tensa que la cuerda de una guitarra ya paseen un Chihuahua o un San Bernardo. Tienen miedo de todo: Miedo de otros perros, miedo de los coches, miedo de lo que su propio perro pueda hacer…

Ver la cara de un dueño primerizo cuando recoge la primera deposición del animal puede ser suficiente para definir perfectamente si es de esas personas que pueden tener mascota o no. Aprovechamos este marco para comentar que recoger la caca de perro es un acto civilizado, recomendable y admirable. Siempre que tengas perro, y siempre que no te la lleves a casa…

Como decía hay gente que NO está preparada para cuidar de una mascota.

«—Buenas. Gasolina sin plomo de 98,por favor
—Es su primer caballo, ¿verdad?
—No crea, ya se me han muerto tres»

DUEÑO PASOTA (amus indiferentis).
La tranquilidad que este dueño es capaz de mostrar mientras su perro de 60 kilogramos corre hacia ti es admirable. Al grito de «¡SI NO HACE NÁ’!» Resta importancia al asunto aunque su perro sea uno de esos ejemplares a los que les lanzas un palo para que vayan a buscarlo y te traen un parachoques.

«—Disculpe, ¿podría atar a su perro?
—¿Por qué, si es muy bueno y no hace na’?
—Entiendo. ¿podría al menos ayudarme a salir de su boca?»

DUEÑOS MATERNALES: (Canis Raritus)

Todos hemos conocido a ese perfil de amo que insiste en poner al animal a la misma altura que cualquier miembro de la familia, y en algunos casos incluso más arriba. Son ese tipo de personas que dicen «Trosky, no comas eso porque no es para perritos y te puede ocasionar una obstrucción intestinal» mientras que a su hijo se limitan a decirle «No, porque lo digo yo».

«—¿Tú  a quién quieres más cielo, a Mamá o a Papá?

—Guau.»

ENTRENADORES FRUSTRADOS (cesarmillanis loscojonis)

A estos Cesar Millan autodidactas que creen saber todo acerca de los perros sólo por haberse tragado de un tirón todas las temporadas de El encantador de perros los identificaremos de forma muy sencilla.

Esgrimiendo un sonoro «¡sssshhhh!», este señor ya tiene la situación controlada. Quizás sea esa la razón que hace tan graciosa su cara cuando, después de haber dado una orden ejemplar a su esclavo -porque así es como tienden a tratar a su perro-, éste por toda respuesta se retira corriendo en busca de un ano que oler.

«—¿Qué haces aquí? ¡Te voy a reventar!
—¡Yo si que te voy a reventar hijo de… ¡Anda! Bonito ano. ¿Puedo olerlo?
—Por supuesto. Por favor, sírvase. »

           (Dos perros conociéndose)
Más divertido aún es comprobar la metamorfosis que sufren las facciones de estos eruditos cuando su expresión salta de la vergüenza al miedo y vuelta conforme su perro va ganando distancia y acercándose a la autopista.

Es entonces cuando su infalible «sssshhhh» pasa a ultrasonidos. Hay informes de gente capaz de decapar la pintura de la chapa de un coche de tanta fuerza que le imprimen a esta llamada de atención.

DUEÑO DE PEGA (subnormalis)
Esta variante no debería existir. De hecho me da tanto asco hablar de esta gentuza que voy a resumirla en la siguiente frase:

«Me voy a gastar setecientos euros en un perro de raza para hacerle tres mil fotos al día y no sacarlo a pasear.»

Es increíble las excusas tan estúpidas que llegan a dar estos fantoches y fantochas a la hora de deshacerse de sus mascotas. Uno me dijo una vez que le vio una pulga, y que es alérgico a las mismas.

Los perros son perros, y a veces tienen pulgas, ¿o creías que el tuyo no porque te había costado 700 euros?

Y es que hay gente que no se detiene a pensar en los contras de tener una mascota y adoptan sin pensar. Esta tendencia es más antigua de lo que creemos:

“—Papi, quiero una mascota.
—Te he dicho que no.
–¡Ay Noé, que extricto eres con el niño!
—¡Ainssss! Está bien. Mete todos los animales que quieras…“

No nos confundamos señores. Esto no es ninguna broma. Hay gente que debería tener que pedir un permiso judicial para tener perro. Bueno…  mejor olvidemos esto último, no vaya a estar un miembro del gobierno leyendo y vea otra forma de sacarnos dinero. Pero qué digo, ¿un político leyendo este Blog? Es más, ¡¿un político leyendo?!

Volviendo al tema, Los perros no son tontos. Quizá no son tan listos como a mi me gustaría, ya que sería curioso tener un perro al que le preocuparan los antioxidantes de sus latas de comida. Pero desde luego no son tan estúpidos como para no darse cuenta de que su amo lo tiene porque la moda es tener un Bulldog Francés.

El Bulldog Francés: un perro que tiene un ataque de asma crónico.  Si Dios existe, estoy seguro de que no quiere a este perro: están amenazando con morirse desde el momento en que nacen.

«el mayor rasgo evolutivo del perro es simular normalidad mientras le recogen la mierda»

                            Pepe Colubi

Lo único que me queda claro sobre los dueños de los perros, a parte de lo dicho, es que son los responsables de un perro sufra o sea feliz,  así como de que este ocasione alegría o sufrimiento.

Antes de cruzaros a la otra acera porque veis acercarse un Pitbull, un Bullterrier o un Stafford, no busquéis peligro en el animal, sino en su dueño.

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UN TAL MURPHY Y LA MADRE QUE LO PARIÓ

Para los que no conozcan las Leyes de Murphy, basta con decir que era un poco pesimista, pues su máxima era «si algo puede salir mal, saldrá mal»

«Si algo puede salir mal, saldrá mal; si algo puede salir mal en el gobierno, saldrá mal por triplicado, sellado y con fotocopia compulsada».

Murphy es como el típico cuñado que te dice por dónde no tenías que haber pasado justo después de pinchar la rueda. Solo que Murphy encima acompaña el comentario con una de sus leyes, y tú te sientes aún más estúpido por que «mira que no conocer mis leyes…».

Una de sus famosas afirmaciones es aquella que glosa sobre la absoluta certeza de que si una tostada se te cae, la cara que toque el suelo será la de la mermelada. Visto con perspectiva esto es una ventaja. Yo soy muy indeciso, y nunca se por qué cara de la tostada untar la mermelada. Gracias a esta frase tan solo tengo que tirar la tostada al suelo para salir de dudas.

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Si la ley de Murphy fuera española, la tostada caería por el lado que dijeran los bancos.

De todas maneras no debemos echar la culpa a Robocop de todas las desgracias de la vida. ¿Qué otras posibles causas hay?

El KARMA

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Se escribe karma, y se pronuncia «Jódete por cabrón». A mi el karma me recuerda a cuando eramos pequeños y nos llovía una hostia. Ante aquel sobresalto (y escozor)  mirábamos a nuestra madre en muda búsqueda de una explicación y ella, por toda respuesta a nuestra pregunta no pronunciada esgrimía un afilado «tú sabes por qué».

Si que lo sabíamos. Y es que amigos: no llaméis karma a las cosas que os pasan por gilipollas.

Descartada la venganza del universo, busquemos otra posible fuente de desventuras.

EL DESTINO

¿Existe un patrón urdido por una entidad superior e incomprensible para nuestra vida y la de todos? Y de existir, ¿Tiene éste la culpa de que las cosas nos salgan mal?

No soy muy ducho en temas esotéricos. De hecho siempre he pensado que al destino hay que darle un empujoncito si quieres que salga como «está escrito». Pero en estos temas cabría plantearse en dónde reside el destino, si es que existe. ¿Se encuentra quizá en el horóscopo? La idea de que mi vida este regida por el mes en el que he nacido me parece ante todo curiosa.

«Querido Tauro, no te preocupes, tu novia no hizo nada malo en aquella fiesta…  Ah, que eres piscis. Lo siento, no te había reconocido con esos cuernos»

Tal día como otro cualquiera me levanté temprano, me lavé la cara, y después de mi intento matutino de hacer el moonwalk, leí el horóscopo de Virgo. En realidad soy Cáncer, pero siempre leo también el de Virgo porque me interesa mucho este signo y porque de pequeño me pegaban más por encima de la espalda que por debajo. Esto es así, o te arriesgas a que tu hijo te denuncie por acoso sexual o te arriesgas a tener un hijo tonto perdío como yo.

En fin, la predicción semanal de este signo rezaba:

«Querido Virgo, conocerás a una persona muy especial. Antes de terminar el día serás asesinado por ella»

Bien, después de leer aquello, lo primero que pensé fue que semejantes palabras se me antojaban demasiado inexactas para suponer el porvenir de todos los Virgo. Pero tal y como dije antes, al destino hay que darle un empujoncito, así que no me lo pensé más y bajé a la calle con un cuchillo a cargarme a todos los Virgo que encontrase.

En serio ahora, a mi cuando una chica me pregunta qué horóscopo soy ya juzgo que no vale la pena seguir conociéndonos.

«—Soy Geminis con ascendente a Escorpio, ¿Y tú?

—Déjate de horóscopos y vamos a jugar al ajedrez

—Vale pero esta vez barajo yo, que no me fío.»

Entonces, si el destino no tiene nada que ver, ¿qué otra cosa nutre la obra de este señor?

LA MALA SUERTE

Esa fuerza devastadora que, aunque muchos que se llaman a sí mismos sensatos reniegan de su existencia, es posiblemente el único pilar estable en dónde este genial cenizo de cenizos se apoyaba para proclamar su lema.
La mala suerte está ahí, y cualquiera que lo niegue o bien miente, o bien se miente a sí mismo, en cualquier caso es un mentiroso: matémosle. 

Pero… ¿qué es la mala suerte?

Mala suerte es que la gente se haga un tatuaje en «un día de borrachera» y a mí, que lo tengo totalmente claro, me hagan esperar un mes.

Mala suerte es sentarte en el inodoro con la puerta del baño abierta y oír como se abre la de la calle acompañada de las voces de amigos de tu pareja.

Mala suerte es decir «me voy que llego tarde», llegar media hora antes, y tener que esperar porque la persona con la que has quedado si que «llega tarde».

Mala suerte es formar parte de la familia de Liam Neeson en Venganza.

Mala suerte es saltar al vacío y pillarlo lleno.

Mala suerte es ir a ver un eclipse y que vaya la luna y se ponga en medio.

Mala suerte es meterte a cura y que te viole un niño.

Mala suerte es estar con la ouija, que te salga un espíritu argentino y acabar con esguince de muñeca.

«—L-U-K-E-Y-O-S-O-Y-T-U P-A-D-R-E

—Con la ouija no es lo mismo, Constantino

—Y-A… »

Eso es mala suerte y lo demás es no haber estudiado. Porque también vemos mala suerte donde no la hay. O si la hay pensamos que no merecemos tal cantidad de la misma ¿Creéis que 7 años de mala suerte son muchos por haber roto un espejo? Probad a romper un preservativo.

Bueno a estas alturas ha quedado claro y diáfano que la mala suerte está ahí,  y que nuestro amigo lleva algo de razón el de Super Detective en Holywood lleva a algo de razón. Una vez aclarado esto, ¿qué podemos hacer contra ella?

Para evitar estos mecanismos fatales de la vida hay una serie de trucos supersticiosos. Ah, la superstición. Qué habría sido de muchos de nosotros sin ella. Cuánto deben los fabricantes de bebidas alcohólicas a la frases «brindar con agua da mala suerte».

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Yo no soy supersticioso. Tan sólo evito vestir de amarillo, cruzarme con gatos negros, pasar por debajo de una escalera, comer sin rezar o empezar a salir con una chica sin sacrificar antes un par de pollos, desnudo a la luz de un par de velas negras, lo típico.

Como decía, no creo en las supersticiones, pero por si acaso, mejor comparte este Blog con 3476286 amigos o tu WhatsApp pasará  a ser de pago. Yo ya lo he hecho y puedo demostrar que funciona. No me han cobrado ni un duro.

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A BUEN MALENTENDEDOR…

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El otro día estaba en un ascensor con una chica guapa y la cosa se complicó. Cuando estás en un ascensor con una chica guapa, ella sabe perfectamente lo que estás pensando. Pero nosotros no, claro. Ella me dijo «¿subes?» y yo le dije «si», acto seguido subí y me metí en su casa.

Para no entrar en más detalles me limitaré a decir que la velada acabó antes de empezar cuando ella llamó a la policía, al parecer era la típica pregunta de ascensor y no una propuesta en firme.

Los malentendidos, accidentales o no, forman y formarán parte de nuestra historia hasta el momento en el que dejemos de existir. Y estoy seguro de que cuando eso ocurra, la especie que nos sustituya como especie dominante también sufrirá estas desavenencias.

Como decía, hay dos tipos de malentendidos: aquellos involuntarios que por lo general suele causar contratiempos a uno o los dos interlocutores, y otra variante más difícil de identificar como son los malentendidos asistidos, situaciones en las que uno de los implicados pone de su parte para «malentender» con algún propósito.

«—Me gustaría invitarte a cenar.

—soy lesbiana

—¿y no cenais?»

Una persona con malas intenciones puede resultar un problema, pero un mal entendedor de la primera categoría citada que tarda en entender puede resultar un auténtico incordio.

“—Una forma de ser feliz es ignorar a la gente estúpida…

—Buena frase, ¿de quién es?

—hacer como si no existiesen

—Ya, ¿de quién es la frase?

—y vivir.“

Aunque la gente corta de entendederas dan para un libro, no son los únicos posibles culpables de que el sentido de una conversación se vaya a pique. Muchas veces los malentendidos ayudan a los interlocutores a confundir aún más al pobre receptor, como en un interrogatorio de las películas:

«POLI MALO: Te vamos a meter en el puto trullo, ¿entiendes?

POLI BUENO: Te he hecho un suéter»

Y es que es muy fácil culpar a las víctimas, pero algunos que se creen muy finos con su prosa no hacen más que liarnos aun más. Con lo fácil que es hablar claro…

«—Quisiera manifestar el  descontento y frustración que me produce este giro tan poco afortunado que han tomado las circunstancias.

—¿Qué?

—¡QUE ME CAGO LA PUTA!»

Prestemos especial cuidado a ciertas afirmaciones, nunca se sabe quien puede oírlas. La experiencia dicta que cuando más bruta es una persona, mayor es su tendencia a tomarse los comentarios al pie de la letra, y viceversa…

«—¿No queríais que os enterraran juntos?

—Sí.

—Pues entonces no gritéis.»

No nos despistemos: cualquier cosa puede malentenderse excepto la razón de que mi novia llame a mis amigos mis amigotes y a mis amigas mis amiguitas.

Claro que las conversaciones orales no son las únicas en las que nuestra comprensión puede peligrar; uno no tiene mas que deslizarse las bolsas de la compra desde la mano hacia mitad del antebrazo con objeto de tener la mano libre y pagar a la cajera, para perder todo atisbo de virilidad para el que le observa.

Si a eso añadimos la deliciosa costumbre que tienen las cajeras de devolverte las monedas del cambio SOBRE EL TICKET DE COMPRA haciendo que éstas cobren vida, pues ya tenemos la coreografía perfecta para el cabaret. Después de todo la comunicación visual es tanto o más importante que la verbal.

La comunicación gráfica también es un torbellino  de confusión. No hay más que intentar seguir unos fáciles y sencillos planos para verte dentro de su vórtice de caos:

“—Mira cariño, ya he montado la cama de IKEA.

—Era un armario.

—Vaya.“

Aprovechando la coyuntura cabe destacar un par de puntos interesantes que cualquier cliente del IKEA podría encontrar de ayuda:

1: Desconfía de cualquier cuñado que afirme que los planos de la tienda sueca no tienen secretos para él porque si que los tienen. Los tienen para el, para ti, y para todos.

YO también dije «trae, que tu no sabes» y al final tampoco supe.

2: Los de IKEA venden barato, pero NO regalan. Si al terminar de construir tu estantería Sprügengar de 19’95 te sobran piezas, no es porque éstas vengan de repuesto. Repite la operación y no dejes de hacerlo hasta que no sobre ninguna pieza. No pongas nada frágil encima de las baldas hasta entonces.

Yo también caigo a menudo en los malentendidos (¿alguien lleva la cuenta de las veces que he escrito esta palabra?), aunque a veces mi estado de ánimo tenga la culpa. Como una vez que unos niños me dijeron «¿nos pasa la pelota señor?»

¿Señor? ¡Que sólo tengo 31 años! En fin, son niños, alguien va a tener que enseñarle a esos mocosos cómo tratar a la gente, pero no seré yo. Me tomé la ofensa con filosofía, y me fui sorprendentemente tranquilo después de colarles la pelota en un cuarto piso.

No quiero irme de vuestra pantalla sin recomendaros que no abuseis de la técnica de asentir sonrientes cuando no habeis entendido a alguien, con la esperanza que lo que no entendisteis no fuera una pregunta. Pues de ser así la sensación de ridículo es considerablemente mayor que preguntar «¿eh?» por segunda vez.

Tampoco abuseis de vuestros conocimientos de idiomas extrangeros:

Tal es mi nivel de inglés que acabo de pedir dos cervezas en un pub de Londres y ahora no sé cómo voy a meter a los dos osos en el avión.

                (Visto en Facebook)

OFF TOPIC

Una vez más o agradezco humildemente vuestro interés en mi Blog. Y me pongo en contacto con vosotros con una idea bajo el brazo.

Varios amigos me han recomendado temas sobre los que hablar. Cosa que agradezco por partida doble. A parte de por lo obvio, porque con ello me muestra su interés en mis pedradas.

Dichos consejos me han llevado a pensar que sería una buena idea brindaros la posibilidad de proponerme temas para nuevas entradas: si odias a tu jefe y quieres que haga un bestiario a ver si le encuentras a él en el catálogo (con eso no te vas a librar de el, pero conocer la enfermedad es el primer paso para tratarla), necesitas consolarte sabiendo que no eres el único al que sus vecinos despiertan o algún otro tema,  por favor no dejes de proponérselo al que suscribe comentando esta o cualquiera de las entradas 

Un abrazo

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¿ALGUIEN HA VISTO MI…

«¿¡QUIÉN SE LO HA LLEVADO!? ¡ODIO QUE ME ROBEN MIS COSAS! COMO PILLE AL IMBECIL QUE ME HA ROBADO MI… ah aquí está.»

Acusar a otros de nuestra falta de éxito al encontrar cosas que nosotros mismos hemos «guardado» es uno de los rasgos que más nos define como especie. Esta tendencia despierta a muy temprana edad y nos hace designar como cabeza de turco a nuestras queridas madres, pues son las incuestionables gestoras de todo lo que anda por casa.

«—Señor, hemos perdido a cuatro hombres.
—A que voy yo y los encuentro… —Mamá por favor ¿qué haces aquí? ¡estoy trabajando!
—Ponte derecho»

Si, es verdad: nuestras queridas progenitoras tienen la deliciosa costumbre de cambiar de sitio las cosas sin avisar, pero hemos de romper una lanza a favor de las madres, no sólo por su gran labor como tales, la cuál nunca destacaremos lo suficiente, sino porque la mayoría de las veces solemos errar a la hora de acusarlas injustamente de la desaparición de nuestros enseres.

El que busca encuentra (promoción no aplicable para llaves, mando de la tele ni teléfono inalambrico)

Simplemente es más fácil quejarse que actuar. Y no sólo en casa; en nuestra edad escolar hacíamos de todo con el lápiz, de todo menos estudiar, lo usabamos como espada, lo lanzabamos a modo de shuriken, pintabamos los libros que nos prestaban, incluso había que lo usaba como instrumento de higiene -es increíble la cantidad de sitios por donde nos hemos llegado a meter un lapiz-. Ahora bien, aquel lapicero Staedler del número 2 que viajaba más que el Papa, que había estado en todas las mesas del aula, que había volado más que Juan Salvador Gaviota, un fatídico día, no lo encontrabas. Y ante aquel extraño acontecimiento, el veredicto no se hacía esperar y salía de tu boca sin la más mínima duda:

«¡Me lo han robado!»

Por que tú nunca pierdes las cosas, tan sólo eres un poco despistado. Bueno un poco…  A veces se te olvida hasta dónde estás.

«—Esta mañana se me enganchó el pantalón en la cadena.
—¿De la bici?
—Eres el preso más tonto que he conocido en esta carcel.»

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¿Por qué somos despistados?

Hay quién nos llenaría una pizarra de fórmulas para explicar la culpa que tienen los genes en esta característica tan general en la raza humana.

Hay quién culparía a una vida llena de responsabilidades que nos obliga a manejar demasiados pensamientos a la vez, y que al echarle a nuestro cerebro más de lo que puede gestionar se ve obligado a apartar e incluso prescindir de  ciertos datos.

Aquellos que acusan al abuso de las drogas tienen también cabida en el debate.

«—Papá ¿tu a mi edad consumías droga?
—¿Cuántos años tienes?
—Diecisiete.
—¿Qué si consumía que?
—Droga.
—¿Y tú eres…?»

Mi humilde opinión no llega a tanto, sino que se baja en la parada del «tenemos demasiados entretenimientos». Con esto no voy  a atacar directamente al dichoso smartphone aunque sea el más susceptible de ello:

«—Perdón, estaba enviando un WhatsApp y no me he enterado¿Qué me ha preguntado?

—Que si aceptas a esta mujer como tu legítima esposa»

Yo soy despistado, no a mucha honra pero tampoco sufro demasiada vergüenza por ello, suelo confundir en la ducha el champú y el gel, aunque después siempre me aclaro (ésta es fina). Y digo esto esperando, iluso de mí, que la gente me perdone mis despistes simplemente porque los reconozco.

Veamos un ejemplo de mi particular talento cuando necesito leche:

Necesitas leche.
Bajas al súper a comprar leche.
Llenas el carro hasta arriba.
subes a casa, colocas todo. Inspiras profundamente.
Espiras.
Vuelves al súper a comprar leche.

Cuando una persona se auto define como despistado piensa en sí mismo como en un ser adorable, el despistado simpático de un cómic manga, un chico cuya cabeza no cabe en sus hombros, que se toca la nuca (a duras penas) con la palma de su mano, con sus gigantescos ojos cerrados que inspira comprensión y simpatía al espectador.

A mi novia no le gusta el manga.

Ya no se cree en esa prerrogativa con la que la conquisté de «mis actos no me representan». Mi Santa exige resultados: cuando pierdo algo como las llaves, insiste en que las encuentre antes de seguir twiteando estudiando.

Así que a ello me pongo, muevo cojines, rebusco en bolsillos, levanto sofás, le hago una colonoscopia al perro… pero como en casi todo en la vida, acertar no suele ser mi primera opción. Sigo rebuscando y pensando que un día me voy a esconder yo, a ver qué cara ponen las llaves. Y es que de tanto buscar y no encontrar, nuestra desesperación nos lleva a pensar que las llaves tienen vida propia.

¿Veis? Otra vez evadiendo la culpa. Evado responsabilidades como Neo evadía las balas en Matrix, pero apoyándome en el sofá.

Y es que me cueste o no reconocerlo, soy un descabezado; abro el Google para consultar la cartelera y acabo viendo un vídeo de un calamar tocando las maracas. Es más: abro Google para ver porno y acabo viendo videos de… porno. Para eso estoy bastante centrado, mira por dónde. Puede ser porque practicando esta actividad no tengo ninguna mano libre para usar el smartphone.

Veo tantos videos Porno que la voz del AVAST ya no me habla…

Hablando de porno, mi novia estaba tan desesperada que anoche llegó a premiarme con una experiencia sexual especial a cambio de que terminase todas mis tareas de la casa. La estratagema le funcionó y así todos salimos ganando. Os prometo que subiré una entrada describiendo tal experiencia, en cuanto consiga sentarme sin que me duela.

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CREENCIAS, RELIGIONES, Y OTRAS COSAS QUE ME TOCAN LOS…

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Hola a todos. La Semana Santa esta a punto de concluir un año más. Y ante tanto ambiente litúrgico-festivo, me he puesto a darle un par de vueltas a una serie de asuntos que atañen a la religión. Lo primero que quiero dejar claro es que esta entrada, aunque refleja mi opinión y actitud ante la religión, no pretende faltar al respeto a nadie.

No obstante, no me sentiré ofendido si lectores potenciales que se reconocen susceptibles de sentirse afectados por mis palabras y los hechos ficticios relatados por estas deciden seguir de largo.

Así pues vamos a ello. Y nada mejor para empezar que dedicar esta entrada a nuestro Salvador. Aquel que se sacrificó para salvar nuestras almas. Va por ti, Son Goku.

De todos es sabido que para Dios hay dos tipos de personas: las que están bautizadas y las que no. Esta es la diferencia más significativa entre entrar al cielo o al infierno. De ahí esa gente que se hace tatuajes con la cara de Jesucristo.

Puede parecer ésta una práctica de devoción, pero yo lo veo más bien como una cuestión práctica: si te tatúas la cara de Jesús en el cuerpo, cuando mueras y vayas a las puertas del cielo y San Pedro te corte el paso puedes decirle «perdona, pero yo ya estaba dentro, sólo he salido a fumar, aquí puedes ver el sello que me pusieron los porteros».

Hablando de morir: En diciembre celebramos que nace Jesús y en abril celebramos que le matan. ¿En qué quedamos? ¿Estamos a favor o en contra de este señor?

A lo que vamos: si sólo existen los bautizados y los no bautizados, ¿en que categoría entro yo, que soy un bautizado que se quiere desbautizar?

La razón de desbautizarme no es otra que mi descontento con Dios, más concretamente con la Iglesia, más concretamente con un cura, más concretamente con su…  bueno. Los detalles no son necesarios.

Y eso que yo en su momento quise arreglarlo por vía pacífica. Esta intención me llevo a misa el domingo pasado. Ceremonia que oficiaba el citado sacerdote

Esperé a que el chamán de la tribu ordenase que nos diésemos la paz (darse la paz es el recreo de las misas), me acerque a él, e invadido por el ambiente litúrgico y por el aroma a incienso, pregunté: «Padre: Por qué vuestra costumbre de poner la mano en mí, habiendo como habían tantos sitios para descansar dicha mano yo pregunto»

Y el sacerdote, muy litúrgico también, me contestó: «Por que así lo contempla la palabra de Dios, hijo mío».

¿En serio? ¿ya está? ¿esa era toda la respuesta que tenía? ¿escudarse en el conducto reglamentario? Esa era la contestación que me dio hace años. Y yo la acepté y crecí con los valores de la religión. Pero cuando un vecino mío que es cura le puso clave a su WiFi empecé a replantearme la veracidad de esos valores y me di cuenta de que la Iglesia era una institución como otra cualquiera. Con sus jefes, sus manuales, sus sueldos y sus conductos reglamentarios.

Tú en una empresa no puedes saltarte el conducto reglamentario; así que el jefecillo te dice «esto es así, ordenes del jefazo» y ahí queda, porque tú no puedes ir a pedirle explicaciones al jefazo, y esta premisa ha sido siempre la estratagema que han seguido los jefecillos para hacer lo que les ha venido en gana: citar al de arriba.

La iglesia tiene métodos parecidos, y dada la antigüedad de ésta frente al resto de puestos de trabajo, yo diría que fue la pionera.

Y es que dicen que la Fe es ciega por que si tuviera ojos y viera lo que hemos hecho en su nombre no existiría.

Si nos hubiesen enseñado a creer en nosotros mismos en lugar de en un ser superior, nos hubiéramos ahorrado millones de muertes.

                         Visto en Twitter

«—¿Qué has aprendido en clase de religión, hijo?
—A pedir perdón después de liarla.
—Muy bien. ¿Y en clase de ética?
—A no liarla»

A mí personalmente me gusta oír las tonterías de la gente, de esta manera yo me siento un poquito menos tonto. Una vez alguien me dijo que J. R. Tolkien, autor de maravillosas obras como El Señor de los Anillos «es posiblemente el primer Friki de la historia, tio. ¿Has visto la cantidad de nombres que se ha inventado escribiendo El Silmarillion?» a lo que yo le respondí «me complace comprobar que no has leído la Biblia».

Una auténtica barbaridad el número de nombres que salen por página en el Libro Sagrado, y algunos un poco… molestos al paladar.

«Y tras el ayuno, subió Aharhel a la montaña, y allí dijo: qué hijos de puta mis padres por el nombre que me han puesto.
Y vio Dios que era cierto.»

  Testamento de Eufradesio 13/4

Aunque lo parezca, esta entrada no va contra los feligreses. No estoy en contra de ninguna religión. Pero me veo en la obligación de admitir que si que tengo mis reservas en cuanto a la gestión que los hombres, como individuo y como colectivo, tienden a hacer de esta.

¿soy el único que se pregunta por qué si la constitución define a España como un estado aconfesional, la Semana Santa supone un parón en todo el territorio español?

Pues claro que si. Vosotros sólo queréis la semana santa para iros de puente, en lugar de celebrar el día en que Son Goku se sacrificó por la salvación de la humanidad. Hablando de la Semana Santa: entre la ficcion, las cuerdas, la gente atada y los azotes, no se diferencia mucho de 50 Sombras de Grey ¿no?.

Algunos de vosotros sospechareis que estas son las palabras de un ignorante que se ampara en la libertad de expresión para echarse unas risas y de paso provocarlas a costa de una institución con valores tan hermosos como antiguos y me ofende, ME OFENDE, que esto sólo sea para vosotros una sospecha cuando salta a la vista que son mis únicas intenciones.

Así es, soy un ignorante en temas religiosos. Sin embargo no es algo que me quite el sueño tanto como ignorar dónde esta la llave de paso de agua de mi casa o el comprobante del seguro del coche, virtudes que también me atribuyo.

Como decía, las virtudes de las religiones me suponen un misterio, pues sólo se unos pocos detalles de algunas.

Para mí la religión es un patio de colegio en donde hay una mayoría que se mete con los demás (católicos). Algunos niños reciben golpes y todo tipo de vejaciones de las que nunca se defienden (budistas). Otros procuran huir por todo el patio, pero como éste no es infinito, a veces son alcanzados (judíos), y ni todo el dinero de sus padres pueden librarnos de la crueldad de la Mayoría. Otros se dedican a ir detrás de los demás e intentar convencerles de tonterías propias de su edad (testigos de Jehobá), los días de vacunaciones, casualmente «están malitos» y han de faltar a la escuela. Estos tienen una variante de intercambio (evangelistas), querubines extranjeros con uniforme de colegio privado que suponen motivo de burla para la Mayoría mencionada anteriormente. No hay que olvidar a los que se dedican tirar petardos (musulmanes).

Los sacerdotes de todas y cada una de las religiones no son más que los profesores de guardia en el patio. Que a su vez median  con sus diferencias (a ojos de sus feligreses) en el campo de batalla que es la sala de profesores, cuando en realidad se están repartiendo los artículos confiscados a los alumnos.

Como decía, no tengo nada contra ninguna religión. Ni siquiera contra la musulmana, que tanto ha dado que hablar últimamente por razones obvias, pues todas tienen valores a seguir.

El problema es cuando nuestra mano podrida abre la Biblia, el Corán, la Torá , el Necronomicón o la lectura dispositiva que se tercie para cada religión, y coge de ella lo que interesa, para dejar atrás lo que no.

Es ahí cuando se… ¿malinterpreta? ¿tergiversa? No, amigos míos. Malinterpretar, desde mi humilde (y repito: ignorante) punto de vista requiere unas buenas intenciones por parte del que comete el «error». Pero cuando las malas intenciones son innegables, notables y descaradas, tan sólo queda pensar mal.

No voy a entrar en moros y cristianos pues tendría que mirar en Wikipedia extenderme demasiado en esta entrada y yo creo que ya lo estoy haciendo. Simplemente tenemos que saber una cosa: ni todos somos Santos, ni todos Demonios.

No quisiera irme sin añadir que entiendo perfectamente que ciertas personas puedan sentirse incómodas leyendo estas líneas debido a que las mismas puedan ir en contra de sus convicciones. A ellas indicar, que lo que escribo lo escribo con la objetividad que da la subjetividad no limitada y que si tienen a bien comentarlo, estaré encantado de mantener un debate (desde mi ignorancia) con ellos. Pero que el único propósito de esta entrada es la misma que la del Blog entero: entretenerme, entretener y alejar los pensamientos asesinos de mi mente.

Sin más os dejo con este maravilloso video que glosa sobre las virtudes de las procesiones de Semana Santa

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El ODIO

Tengo el placer de dedicar esta entrada a los diseñadores a los que no conoce ni Dios que salen en las fotos en blanco y negro que decoran las paredes del IKEA pillados a media carcajada.

¿Te han dado un sablazo los de la compañía telefónica? ¿te has descubierto una cana más? ¿has discutido con tu pareja? Es igual. No importa el porqué, importa el estado en sí. Hoy no estás para tonterías, serías capaz de arrancarte un miembro sólo para tener algo que lanzarle a cualquiera que ose dirigirte sus  palabras.

¿O quizá no es un estado temporal? ¿Quizás sea simplemente lo que te define? Y si es así, ¿hay algo de malo en ello?

Yo personalmente me siento mejor sabiendo que odio a algunas personas. Claro, ahora saltará la gente que piensa que odiar esta muy mal, que el niño Jesús llora con estas cosas, etc…

«yo no odio a ese tío, es más si se estuviera ahogando y yo pasara con una lancha, yo hasta le saludaría»

Si bien puede haber quien no suela contemplarlo, me resulta imposible creer que pueda existir una persona incapaz de odiar. Y si este personaje existiera, albergo serías dudas respecto a que pueda hacer alguna aportación interesante a mi vida, salvo quizás ser el objetivo de mi odio.

Si, ya se lo que muchos pensais: envidio su felicidad. Puede ser, aunque desde mi punto de vista, los sentimientos que estos Ned Flanders de la vida me despiertan se inclinan más hacia la lástima. Pues no dejan de parecerme ignorantes de una ley de la vida: hay que odiar para avanzar en el terreno de lo personal, familiar, social y laboral.

Pero no os preocupéis, ya estoy aquí yo para sacar el odio que lleváis dentro. Y para ello sólo tengo que poneros en alguna situación que lo desentierre, cómo por ejemplo, elegir el nombre de un hijo.

Uno no se figura la cantidad de gente a la que odia hasta que tiene que ponerle nombre a su bebé.

«-¿Qué te parece Miguel?

-¿Como tu hermano? Lo que me faltaba, como si no fuera bastante creído ya…

-¿Y Carlos?

-Si hombre, con un vecino imbécil ya tengo, gracias.

-¿Y Moisés?

-¡Secuestró a los judíos! ¡Céntrate mujer!»

Desde luego no hay que escatimar en reparos a la hora de poner nombre a nuestro hijo. Sobre todo si una de las parejas tiene ideas un poco… peculiares.

«—Papá, ¿por qué siempre obecedes a mamá?

—Porque me dejó escoger tu nombre.

—¿Y valió la pena?

—Claro que sí, Goku.»

No cabe duda de que el odio ha sido uno de los conceptos que más ha marcado la historia. Muchísimos acontecimientos importantes quizá no hubieran tenido lugar de no ser por su existencia. Algo me dice que Hitler no siempre ganaba a la Oca.

Cabe discernir entre el odio innato y el odio adquirido. Este último generalmente fomentado por ciertos «agentes externos» que contribuyen a hacer nuestra existencia más agradable.

Gran ejemplo de ello son los vecinos, como la que vive encima mía; todas las mujeres del mundo están deseando llegar a casa para quitarse los zapatos de tacón, excepto ella.

«—Vecina, ¿tú crees que soy uno de esos vecinos raros?

—No sabría que decirte, espera a que salga de la ducha y lo hablamos»

Una vida difícil también ayuda a fomentar ese sentimiento tan profundo que es la ira hacia los demás.

«Hola. Tengo 5 años y vivo en África. No como ni bebo casi nunca. Pero las mejores cosas de la vida son gratis. ¿SE DICE ASÍ, HIJOS DE PUTA?»

Desde luego cualquiera es libre de odiar. Siempre que no vayamos más allá del propio sentimiento. Y eso que hay gente que parece que lo pide de rodillas. Como esas parejas que SIEMPRE necesitan hablar…

«—Tenemos que hablar…

—¿Otra vez? ¿pero tú cómo coño consigues quitarte el esparadrapo de la boca?»

Tu padre puede ser también un estupendo catalizador para tu odio. Sobre todo si es de esos padres que le restan importancia a todo lo que dices.

«—Padre, mañana parto a La Argentina a buscar a mi Mamá. Será un viaje largo y peligroso. Y no se si volveré con vida.

—Llévate al mono».

Ya terminando, aunque suene contradictorio, no creo que el odio sea malo. Si es verdad eso de que todo es relativo, con lo que no habría amor sin odio, sólo por eso este ya merece un sitio en el mundo. Además como ya hemos visto, el odio puede ser como la válvula de escape de una olla exprés, que marca la diferencia entre «he hecho un cocido en 25 minutos» y «pues no queda tan mal la pared pintada de potaje».

Seamos buenos los unos con los otros, pero no olvidemos el lado oscuro. Ya lo dijo el sabio.

Errar es humano, perdonar es divino, dar una hostia con la mano abierta es orgásmico.

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UNA CINTA POR LA CARA B, MI WALKMAN, LOS 80′ Y YO

Vamos a probar una cosa, busca en YouTube la canción «Don’t You (forget About Me )» del grupo Simple Minds, y escúchala mientras lees estas líneas. Da igual la edad que tengas.

Cuando veo esos videoclips de los 80, con esa total ausencia de gomina, donde los cantantes ataviados con gabardinas abiertas con hombreras siguen el ritmo de sus propias canciones con los hombros hacia delante medio jorobados (cuasimodo style) para abrir los brazos en cruz de a la vez que dan vueltas sobre si mismos en los momentos en los que despega la canción, me doy cuenta que que he nacido tarde. Quizás no ayer, como mi padre suele repetirme, pero si tarde.

Tampoco es que me crea desgraciado por no haber alcanzado la pubertad hasta principios de los noventa. Disponer de un bien como la gomina y vivir sin miedo al SIDA tienen su parte buena. Claro que en los 90 la sociedad experimentó cambios drásticos, como la obligatoriedad social y moral de salir de casa peinado.

Al escuchar esos increíbles temas que una vez poblaron mis cintas de casete me imagino viviendo en su mundo: corriendo entre los jardines de mis vecinos para llegar antes que mis padres a mi casa, en donde ellos creen que estoy agonizando por la enfermedad que me impidió ir al instituto esta mañana, pero que en realidad no me ha impedido pasar el mejor día de mi vida.

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Me imagino tambien al volante de un enorme coche de fabricación norteamericana viajando por gigantescas carreteras secundarias en las que no hay un maldito bache, sin saber a dónde voy, pero no me…

*¿Qué pasa? Ah, que ha terminado la canción. Pues ponla otra vez, yo te espero…

¿Ya? Vamos.*

Pero no me importa porque lo que interesa es el viaje en sí. Voy con mi mejor amigo, el de las gafas de sol de plástico que no para de decir cosas ingeniosas y graciosas, y el amor de mi juventud, que no para de reír con sus pies desnudos en el salpicadero. 

En el ochopistas suena algún gran éxito de la década, Durán Durán, Petshop Boys, Police, Culture Club…

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Entonces me despierto. Y me doy cuenta de que no voy en un Lincoln Mercury del 76, sino en el asiento trasero de un minúsculo Renault Clio, que por cierto no es mío, sino de mi amigo, que va con su novia delante. Y es que en nuestros sueños siempre somos el muchacho de la película, nunca somos el amigo gracioso, soltero, y considerablemente más feo que el protagonista, y que tiene la doble misión de alivio cómico y de hacer que dicho prota parezca más guapo.

«—¿Por qué sólo encuentro a hombres superficiales que únicamente se fijan en mi cuerpo?

—Yo no soy así.

—Ya, pero tu eres gord… mi mejor amigo»

Todos queríamos ser Kevin, de Aquellos Maravillosos Años, pero la mayoría nos quedamos en Marilyn Manson Paul.

En la cruda realidad, lejos del sueño ochentero, no digo chorradas en voz alta que hacen reír a mis amigos, de hecho no estoy hablando, pues a mi amigo no le gusta que hablen mientras escucha a Pitbull feat. no sé quién. Qué se le va a hacer, tiene otros valores.

«Perdone camarero, ¿puede cambiarme el sashimi y el tartar de atún por la hostia que no me dieron a tiempo mis padres?»

Por cierto, a colación de lo de Pitbull, recuerdo que el otro día me senté sobre el teclado del ordenador y sin querer escribí la letra de una de sus canciones, pero ese es otro tema.

Como decía, en lugar de contarle mis cosas graciosas de personaje secundario cómico a mi amigo las estoy escribiendo en Twitter, donde tienen mejor aceptación y valoración que en este coche.

Porque hoy en día entre nosotros no nos reímos con nuestras bromas, a menos que nos las contemos por WhatsApp en forma de Meme.

Las carreteras tampoco son las del sueño, son estrechas calles cuadradas, idénticas unas a otras. Nuestro viaje tiene rumbo, no como en mi imaginación, si es que a los quince minutos que llevamos buscando aparcamiento se le puede llamar rumbo.

Cuando en las películas escuchaba hablar sobre «el sueño americano», no veía el oro que los inmigrantes fueron a buscar a Klondike. Ni el abundante trabajo bien remunerado que los recién llegados a la Isla de Ellis, en Nueva York, tenían en mente mientras hacían cola para que les cambiarán el nombre que sus padres les pusieron por uno más… pronunciable.

Cuando escucho esa frase me veo en ese coche gigante, con un pasado poblado de animadoras, hermandades universitarias de nombres griegos chaquetas con las mangas blancas y una letra en el pecho. Y un futuro prometedor en el que puedo hacer lo que quiera, pero yo elijo viajar sin rumbo por la Ruta 66.

Ese es mi sueño americano, tan válido como el de inmigrantes y buscadores de oro e igual de falso. Pero aún así me aferró a él.
Cuando oigo en la radio un tema de Milli Vanilli nunca lo canto, solo muevo la boca. Ellos lo hubiesen querido asi.

¿Y qué más da si se descubrió el pastel y resultó que ellos siempre cantaba en playback? Los sigo prefiriendo a muchos de los que hay ahora. Como a Alex Ubago. Os juro que yo prefiero que me deje mi novia antes que a Alex Ubago la suya. Qué pesado se pone…

Me encuentro totalmente perdido en la música actual. Pitbull no para de decirme «ya tu sabe» y me mete en un compromiso: ¿Cómo le digo yo a este hombre que yo no sé, con lo emocionado que parece con ello?

«—¿Qué escuchas?

—Regueton

—¿A ver?

*pu chapu cha pucha chapu cha*

—… Ta bien…  ¿A ver otra?

*pu chapu cha pucha chapu cha*

—… »

¿Qué les pasa a los del Regueton que siempre le cantan a la novia de otro? ¿No hay solteras en el Regueton?

En fin, resumiendo:

1980>1990+2000+2010

Nunca volveremos a vivir la vida como lo hacía esa gente.

@cansinoroyal

Off Topic

Este blog, que empezó como una terapia para desconectar del trabajo y alejar mis ganas de mataros a todos, se ha convertido rápidamente en parte de mi vida.

Su razón de ser sigue siendo la misma. Compartir mis Inquietudes con quien esté tan aburrido como para leerlas.

Cuál no sería mi sorpresa cuando empecé a ver que la gente, en vez de estudiar, estuvieron comentado las entradas que yo subía. Y aún mayor fue al comprobar que esos comentarios no se quedaban en un comprometido «me gusta», sino que aportaban una sarta de maravillas que bien merecían el reconocimiento que ya les hice en su momento y que hago ahora.

Si te gusta mi Blog, no te pierdas los comentarios de estos AMIGOS. Y es que yo no soy quién para vender estas entradas que escribo como buenas, pero sí que me veo en el derecho -y el deber- de comentar que vuestros aportes son ORO PURO.

Las reacciones reflejadas en los comentarios de la gente que lo lee, tanto mis amigos y familiares, a los que tengo un gran aprecio aunque siga aún trazando planes para su muerte, como las de los que más tarde os habéis ido interesando y llegando hasta él (a vosotros ya os pillaré) han pasado de sorprenderme a hacerme muy feliz.

Sois el mejor aliciente para seguir plasmando esta sarta de tonterías en las que me fijo en lugar de prestar la atención a mi novia que ella merece.

Por otro lado he sido nominado a ciertos premios de comunidades de Bloggers. Todavía no se si me ingresarán los millones en mi cuenta o he de ir a buscar yo el cheque con todo lo que ello supone (fiestas, ceremonias, Lamborghinis…) pero me hace muy feliz saber que os gusta lo que hago.

Comentaros que seguiré con esto de mataros escribir mis observaciones y opiniones sobre algunos aspectos de la vida que me quitan el sueño. Unas serán más graciosas, otras menos. Pero igualmente espero que disfrutéis aunque sólo sea la mitad que yo al compartirlas.

En fin, no quiero irme sin recomendaros que os concentréis en eso de ser felices, porque estas cosas tan delicadas no se pueden dejar en manos de nadie.

Saludos y gracias

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EL ABURRIMIENTO director’s cut

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Cuando era pequeño y me aburría -algo que sucedía bastante a menudo para una persona capaz de mirar un reloj hasta ver cómo se movía la aguja del minutero- acudía a mi padre, y éste por toda respuesta me decía: «una persona inteligente nunca se aburre».

Bien, a día de hoy, unos veinte años después, aún no he conseguido encontrar una forma más elegante de llamarme estúpido. 

Aunque la aparición del aburrimiento no esté datada, lo que no admite discusión es su importancia en los descubrimientos de la humanidad. Los griegos y romanos, por ejemplo, a los que se atribuye prácticamente todo lo inventado. Claro que antes que ellos estaban los fenicios y sumerios. Pero, ¿qué ha inventado esa gente? la escritura cuneiforme, bah…

Detengamonos un momento a pensar en por qué los primeros superaron a los segundos en cuanto a descubrimientos e invenciones. Muy fácil: los sumerios y fenicios no tenían esclavos.

Los romanos y griegos inventaron la política, el derecho, el Age Of Empires… Esas ideas no nacen trabajando. Eran gente ociosa, gente que no tenía nada mejor que hacer que imaginar y en definitiva, gente que se aburría como una mona.

Inciso: vaya por delante que no pretendo faltar al respeto cuestionando el sentido y cohesión de las frases hechas que nutren y enriquecen nuestro léxico, pero ya que estamos: ¿Alguien ha visto alguna vez a un mono aburrido? ¿Cómo puede aburrirse una especie que es capaz de masturbarse?

¡MAS-TUR-BAR-SE!

Recapacitemos, por el amor de Dios.

Ahora es el momento estelar en que tu cuñado, doctor en todología por la Universidad de su Cara Bonita, sentencia: «Los seres humanos, también pueden masturbarse y aún así se aburren»

A ver cuñao, no he terminado, bájate de la mesa y déjame matizar: los monos son capaces de masturbarse… en público.

Si nosotros pudiésemos emular esa costumbre, los teléfonos solo servirían para llamar y nadie conoceria el nombre de Steve Jobs. 

Posiblemente las esperas en la parada del bus no se harían tan largas.

«Este va muy lleno, me espero al siguiente. Este huele raro, me espero al siguiente. Este…»

Lamentablemente los protocolos de educación, moralidad e higiene actuales nos impiden taxativamente masturbarnos en la parada del bus, por lo que tenemos que echar manos de otros pasatiempos antes de llegar a casa y poder hacerlo.

Y es entonces, cuando hemos de buscar otra cosa que hacer,  cuando comienzan las maldades. Ser malo contra el aburrimiento es tan clásico que es casi un cliché. Sin ser demasiado díscolos, sanas acciones como llamar, insultar y colgar, escupir desde una ventana sin asomarse o descolgar el telefonillo y eructar a las personas que pasean por la calle son una de tantas estratagemas para alejar el hastío.

Tan antiguo como el propio aburrimiento es su lucha contra él.  No se sabe cuándo fue el primer momento en el que un hominido se aburrió. Pero queda patente que se aburrían, no hay más que ver las paredes de sus cuevas.

Con mayor o menor éxito, lalucha contra el aburrimiento es posiblemente las más antigua de la humanidad, y es que es muy fácil caer en las garras de este estado. Veamos unos pocos ejemplos en donde cualquiera puede caer en la monotonía y que atestiguan que nadie está exento de ella.

En casa: «Llevo quince minutos viendo a una mosca frotarse las patas. Es increíble con qué tonterías se entretienen las moscas.»

En el banco: el otro día, en una Caja de Canarias, estuve tanto tiempo esperando a que saliera mi número en la pantalla que cuando me atendieron ya era un Bankia.

En el transporte público: Cuando subo a un bus de distancia larga siempre juego a imaginarme los roles de la gente si fueramos los supervivientes de algo, como en la serie Perdidos, pero sin que en el guión hayan trabajado 300 guionistas distintos, cada uno con una idea distinta he incoherente, y luego se lo hubieran pasado al chico de los cafés para que lo revisase.

En clase: viajes a la papelera para afilar lápices que ya están más que afilados, «tengo que ir al servicio» cada veinte minutos, bostezar tantas veces que te acaba sabiendo la boca a cera, etc…

En la playa:

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En el trabajo:
«—¿Qué tal hoy en el trabajo?
—mira la batería del Iphone: 87% no te digo más…
—cariño, te están explotando»

De compras:
«—… siiiii cielo, me encanta ir de compras contigo, siiiii voy a por una talla más, nooo no te miento, esa falda no te hace gorda…  Oye, ¿tú crees que ese perchero aguantará mi peso y el de una soga?

En el médico: los egipcios inventaron la medicina. Y un médico muy bueno dijo «¿Y qué tal si les hacemos esperar?» y así nació la Seguridad Social.

Así pues, no caigamos nunca en la vanidad de pensar que somos demasiado inteligentes para aburrirnos. Pues nadie está exento de aburrirse. Y ello me alegra, teniendo en cuenta su inestimable aporte a la existencia de obras de arte como este Blog, donde en próximas entradas os hablaré de la humildad.

@cansinoroyal

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El BULLYING, QUE NUNCA PASA DE MODA

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La entrada de hoy no es precisamente para hacer reír. Bueno, un poco si. Hace poco me he enterado de que una pequeña personita de mi familia está sufriendo en el cole. Y a ella va dedicada esta entrada.

Quizás penséis que no es lugar para colgar esto. Pero era esto o Twitter y lo que quiero compartir no cabía en un tuit.

¿Conocéis a alguien que vaya diciendo que en el colegio le pegaban? Yo tampoco.

Encuentro fascinante la curiosa metamorfosis que sufre la gente cuando llega a la edad adulta. Muchos de nosotros hemos llorado en la cama sólo con pensar en tener que ir a la escuela al día siguiente, y no precisamente porque no quisiéramos estudiar.

Sin embargo a la hora de contar nuestras andanzas en el cole siempre situamos a nuestro pequeño Yo del lado de los malos o,  como mínimo, en un ficticio terreno neutral que,  a menos que fueras del sexo opuesto, aparecía y desaparecía como la isla de San Borondón (cuando los malotes encontraban a otr@ más gord@ que tú y te dejaban a un lado).

Por lo visto todos dábamos leña y ninguno la recibía. Quiza las víctimas simplemente no sobrevivieron a la pubertad, porque de otra manera tiene cabida que todos los que quedamos fuéramos discípulos de Nelson. ¿Qué cuerda vibra en el alma de una persona para querer, después de haber «madurado» que le relacionen con los que le hacían la vida imposible? ¿Qué clase de Síndrome de Estocolmo post partido es éste?

Todavía recuerdo cuando volvía a casa llorando y le contaba mis penas a mi madre. Y ella por toda respuesta me decía «ignóralos nené».

UNA LOCA

¿Cómo iba a ignorar a 30 hijos de puta energúmenos que me querían hacer la vida imposible durante 6 o 7 horas por día?

Incapaz de retener toda la sabiduría que desprendía mi madre en este tema me giré hacia mi padre y le conté los sucedido. Y mi padre actuó tal y como esperaba: «pues dales una patada en los huevos». Otro imbécil: ¿Cómo voy a pegarles a semejante número de condones rotos y marchaatrases?

«-Papa, en el cole me han dado una paliza

-lo importante es: ¿te vengaste?

-Pues claro, si no me vengo me matan».

Y es que es irrelevante el miedo que tu tengas. Para tus padres no son más que cosas de niños. Aunque los niños en cuestión necesiten dejar en casa un par de libros para hacer sitio en la mochila a la navaja de Curro Jiménez que esgrimen con la dulzura de su inocencia.

En fin, cuando me di cuenta que mi futuro estaba en manos de dos dementes, mi cabeza empezó a reflexionar. Como decía el gran Enrique Pinti, algo en mí cambió.

A mí en el colegio me pegaban siempre. Luego ya me apunte a Karate y después de entrenar duro y sin descanso conseguí que me pegaran en el colegio y en Karate.

Mi cambio no fue lo que se dice drástico. Pero al inicio de unas vacaciones de verano, mientras me dirigía a casa con las notas en la mano, las gafas rotas, y varios «amigos» pisándome los talones, me dije que algo tenía que hacer.

Así que ese mismo día me miré  al espejo y empecé a preguntarme cosas. Aquellas preguntas se repitieron durante varios días.

Por qué se ríen de mí

Qué les he hecho yo

Quién soy yo

Qué soy yo

¡QUÉ SOY!

Hasta que al décimo día me dije «¡ERES UN GORDO DE MIERDA!»

Supongo que cualquiera en semejante situación hubiera roto a llorar inconsolablemente ante esa verdad tan cruel. Pero pasó algo muy extraño: quizás ya había llorado lo suficientemente, quizás la calima reinante a principios de verano me había resecado los lagrimales. Pero no lloré. Es más, empecé a reirme.

Pero no sólo de mí (que tambien) sino de la situación, de la gente que abusa y ridiculiza, del resto de personas ridiculizadas y torturadas. Porque yo no era el único. Se ríen del gordo, si. Pero también lo hacen del enano, del que tiene un parche en el ojo, del que tiene brackets…

La gente teme lo que no entiende. Yo por ejemplo tengo miedo a las letras de las canciones de Shakira.

El ser humano (volviendo a la filosofía de Pinti), lo que es distinto no lo puede tolerar. Y por norma general lo que es diferente a la mayoría, o lo matamos o lo ponemos de payaso. Menos mal que a mi no me tocó lo primero.

Gracias a esta epifanía que me abordó en aquel cuarto de baño, mientras me terminaba el tercer bollicao (más bolli que cao, debo añadir) de la mañana. Empecé a verlo de otra manera. Y comencé  a trabajar en ello. Era eso o adelgazar, y con calima no se debe correr.

Cuando la persona objeto de burla deja de reflejar sufrimiento, el show pierde atractivo. ¿No os habéis fijado en que es más fácil que te pongan un apodo despectivo cuanto más lo repruebas y denuncias? Exacto.

El primer día de clase, pasado el verano, me planté delante de la pizarra, delante de los niños, delante del profesor. Por cierto este último olía ligeramente a café, quien dice ligeramente dice bastante y quién dice café dice coñac, pero ese es otro tema.

«Aquí está la montaña de grasa. -recité- No os preocupeis si no veis la pizarra que termino en seguida. Como decía, soy un gordo de mierda. Estoy más gordo que el año pasao. Me voy a tirar unos canelos que os voy a matar a todos. Y al que me llame gordo pienso darle un beso en la boca. Más que nada para premiar tanto poder de observación.

En otro orden de cosas, pienso traer en la mochila los calzoncillos del día anterior. Los cuales introduciré periódicamente en una de vuestras mochilas. No os preocupeis que habrá un cuadrante en la puerta pegado con cinta para que nadie se pelee por ello. Así, cuando hagáis los deberes por la tarde os acordareis de mí, tal y como vosotros os habéis encargado de hacer que yo os recuerde todas las tardes.

Si alguien quiere tocarme el culo mi pupitre es ese abollado de allí. Un puto héroe, diría yo, al igual que estos botones de mi camisa. No tenéis ni idea de lo que me cuesta no respirar para que no salgan disparados y os saquen un ojo.

Y se acabó, se acabaron las burlas, las persecuciones, los insultos, las tocadas de culo, los suspensos, bueno los suspensos siguieron. Pero lo demás se acabó.

@cansinoroyal

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