deporte, educacion, estilo de vida, humor, moda, ocio, salud, social

CORRER V: Alternativas al running

“El ser humano solo usa el 10%de su matrícula de gimnasio”  Albert Einstein.

¿Por qué dejar el Running? Pues porque estoy sufriendo bastante rechazo social. Ya estoy harto de que la gente se me acerque y me pregunte “¿De qué huyes? ¿Tu amigo va a hacer una mudanza?”

Vosotros reiros. Pero el running podría ser un problema. Cuando todos esos yonkies que corren para no pensar en la droga vuelvan a engancharse a ver quién los persigue cuando te roben el móvil para cambiarlo por un bolo.

Yo empecé en esto del running por casualidad. Eran esas corazonadas que me daban cuando veía gente correr en domingo y cosas así. Yo veía todos esos señores corriendo y pensaba: Al final va a haber que hacerse Runner. No sea que un día caiga un apocalipsis Zombie y todos corran más que uno.

BUSCANDO ALTERNATIVAS

Cuando una persona comete la inmoralidad de salir a correr porque sí. Tiene que tener por seguro que, a menos que tengas quince años, a la larga empezarás a notar el desgaste endémico de esta práctica. Yo no tardé demasiado en empezar a verme aquejado de serios dolores de rodilla. Tenía  que buscar una alternativa sana a eso de correr por ahí que me llenase tanto o más que el running.

No me hacen mucha gracia las máquinas de gimnasio, excepto una en la que metes un euro y te sale un Bollicao. Las pesas tampoco so lo mío. Total, que llevo dos meses apuntado a un gimnasio. Y lo único que he perdido son 90 euros. Puede que así, vestido, aún no se me note, pero esperad a que termine el verano y haya que ir a tomar café a un Starbucks…

“—Mi novia me ha dejado porque dice que estoy obsesionado con el gimnasio.
—Qué fuerte…
—Gracias. Toca, toca”

En estos enclaves para cultivar el cuerpo (los gimnasios, no los Starbucks) hay muchas actividades que hacer. Y una de ellas me interesó lo bastante como para apuntarme: el Bodycombat.

El Bodycombat es como el aerobic de toda la vida. Solo que pegando patadas al aire o a un extraño saco de boxeo que en lugar de pender suspendido de una cadena se alza desde el suelo hasta alcanzar la altura de una persona. Pues bien: durante la primera semana asistí a las lecciones que un simpático señor bajito (hasta el punto de que le olía la cabeza a pies) impartió lunes, miércoles y viernes. Todo muy bien, pues gracias a mi pasado Runner logré estar a la altura. Un poco de cuidado de no resbalar con los calcetines al ejecutar las patadas al saco y listo.

Mi frustración comenzó el primer día de la semana siguiente.

El sábado ya había ido al Gato largo (Thecatlong) a adquirir ciertos artículos como unas vendas elásticas para transformar mis puños en herramientas de muerte y destrucción y un calzado especial para deportes en parquet sospechosamente parecido a unas bailarinas. Y eso que a mí este tipo de indumentarias no me despierta mucha confianza. Las vendas para las manos, por ejemplo, tienen un cierre parecido al de un sujetador. Baste decir que hace años cogí un sujetador de mi hermana para practicar con el cierre.No pude abrirlo y me dio mucha vergüenza decir algo. A día de hoy todavía lo llevo puesto. Lo uso para colgar mi GoPro.

Así que allí estaba yo el lunes a las 18:30 horas (hora zulú) entrando al gym caracterizado como el guerrero ninja de la tonificación muscular. Cuál no sería mi sorpresa cuando al mirar el horario del tablón de anuncios me doy cuenta de que habían cambiado mi clase de bodycombat por otra llamada cardiocombat.

Ante aquella adversidad me dirigí a la fofisana de la recepción (porque los gimnasios de más de 39’99 al mes cuentan con recepción) a pedir una explicación ante tamaño desastre. La muchacha me aclaró que la clase era la misma. Pero que en ocasiones se le cambia el nombre a las clases porque los nuevos cánones deportivos apuntan a tal o cuál otro por motivos de atraer al público.

Por mi parte lo veo una estupidez, qué queréis que os diga. Es como si el domingo mi novia me manda a pastorear pelusas en vez de a barrer.

Resignado, me interné en el área de bodycombat cardiocombat y efectivamente, ahí estaba mi amigo el corpocorto. Presidiendo el calentamiento como si tal cosa. Como si no tuviera que ver con el inmenso sentimiento de vacío que atenazaba mi alma, el puto enano karateka.

Curiosamente, la clase fue exactamente igual que la semana pasada. Mismos movimientos, misma música. Solo cambió una cosa: los alumnos. No había ninguno de los que habían empezado conmigo. Lo cuál llenó mi mente de preguntas mientras aporreaba rítmicamente aquel saco.

¿Dónde estaban los antiguos alumnos?

¿Habrían mal interpretado el cambio de nombre como un cambio de horario y habían dejado de venir pensando que aquella clase había sido trasladada o, peor aún, anulada?

¿O quizás se trataba de algo mucho peor? Cabía la posibilidad de que el cambio de nombre de esta disciplina fuera algo periódico. Cabía la posibilidad de que se vieran obligados a hacerlo para evitar las sospechas suscitadas de que algo atroz estaba pasando en esas clases. Cabía la posibilidad de que los alumnos hubieran estado muriendo víctimas de la extenuación o alguna patada voladora errada. Cabía la posibilidad de que el cambio de nombre no fuese la única estratagema para ocultarlo, y que sus cadáveres hubieran pasado a rellenar aquellos sacos de boxeo. Cabía también la posibilidad de que la falta de oxígeno me estuviera afectando al cerebro.

Fuera como fuese, a la semana siguiente, cuando comprobé en el tablón que el cardiocombat había vuelto a mutar para renacer como dancecombat. Me di cuenta de que no estaba hecho para cambios tan frecuentes y tan poco motivados. Dejé  de ir a aquellas clases infernales y volví a running, pero running, running. No esa tontería de correr que hacen los pobres. No os dejéis engañar: hay una gran diferencia entre un corredor y un Runner (240 euros en equipación fosforito).

El hijo del viento, me llaman. Pues ya se sabe: cuando te muerde el gusanillo…

“—¡Me ha mordido un runner!
—¡Una ambulancia, rápido!
—Ya voy yo mismo corriendo
—¡Aguanta! ¿Cuál es tu grupo sanguineo?
—Supinador
—Lo perdimos”

He aprendido algo. Y es que si algo te va bien, mejor no dejarlo. Ya encontraré alguna manera de cultivar mis músculos. Por cierto, para marcar abdominales, ¿alguien sabe qué prefijo es?

Twitter=@cansinoroyal

Anuncios
Estándar
estilo de vida, humor, moda, ocio, psicología, social, tendencias

Mi CUMPLEAÑOS

image

Pues si, hace poco fue mi cumpleaños. 32 primaveras. 32 veranos, 32 otoños, 32…

Que gay…

Y que conste que no soy homófobo ¿eh? De hecho tengo varios amigos que conducen un Smart.

No obra entre mis intenciones que esta sea una disertación sobre la edad, ni decir cosas como que madurar es mirar a la luna y aceptar que no vas a ver el símbolo de Batman, ni ninguna tontería de esas. Más que nada porque ya lo he hecho en otras entradas anteriores.

“—Madurar es levantarte a las cinco y media.
—Será madrugar…
—Eso, eso. Madrugar.
—Tacostarte anda.
—Voy… ”

No, amigos y amigas, voy a pediros que os olvidéis, que nos olvidemos un momento del tema de la edad. Y que nos centremos en lo verdaderamente importante de cumplir años: la experiencia los regalos.

Cuando organizo mi fiesta de cumpleaños no caigo en la mezquindad de exigir a todos los asistentes que me traigan un regalo. Yo tengo clase: simplemente exijo que cuando vengan, llamen a la puerta con los pies (pues las manos deben estar ocupadas).

Corriendo serio riesgo de parecer materialista, y por mucho que me gusten la inmensa mayoría de los regalos que he recibido en mi vida. Me hallo en el deber admitir que siento que hay gente para la que la palabra “regalo” tiene un significado demasiado amplio.

Hay una cuestión que me tiene cabalgando en la melancolía desde el primer momento en que comprendí que la gente también tiene sentimientos (más o menos cuando cumplí los treinta y uno) y es cuánto tiempo es el mínimo indispensable que debes esperar para pedir el ticket de un regalo

Porque el tiempo máximo ya lo sabemos; las tiendas, en su infinita amabilidad, ya se han encargado de ello al poner en las facturas la fecha límite. Dicho esto, ¿sería mucho pedir que en el mismo ticket figurase un tiempo mínimo estimado para ser requerido por el agraciado en orden de realizar cambios? No albergo la menor duda de que sería un aporte esencial para conservar nuestras amistades, mantener limpias nuestras conciencias, y de paso cambiar esa mierda.

Esta es una de las dos cosas que me mantienen despierto por las noches. La otra es un pedazo de mosquito que a mi juicio debe tener hasta piloto. En serio. Sólo le falta llamar a torre de control y pedir permiso para tomar piel.

No está entre mis pretensiones el que la gente que me regala aprenda telepaticamente mis gustos. Que saque mis preferencias de mi mente como un prestidigitador saca una moneda de mi oreja.

Mis gustos e inquietudes no son de obligado conocimiento al igual que no tenéis por qué saber que el hecho de que mi estado de WhatsApp figure como “en linea”  no significa necesariamente que esté hablando con alguien. Es posible que simplemente lo haya abierto para pensar como hago con la puerta de la nevera.

Para leerme el pensamiento ya está mi novia.

“Las mujeres sabemos en todo momento lo que estáis pensando. Qué vuestros pensamientos coincidan con lo que nosotras sabemos o no, ya es problema vuestro”

Con esto quiero decir que es perfectamente comprensible que no tengáis ni la menor idea de mis tendencias en ámbitos como la ropa, el ocio, etc. Pero ello no impide que algunas personas estén más que convencidas de que saben perfectamente lo que necesito hasta el punto de no molestarse en conservar el ticket.

Como mi madre, que debe de pensar que la ropa interior sólo la utilizo una vez. Pues de otra manera no entiendo a qué viene la manía de regalarme siempre calzoncillos.

Es posible que esa manía venga también por el pánico atroz que una madre siente desde que se estrena como tal a que su hijo tenga un accidente que requiera atención médica y (aquí viene lo terrorífico) los de urgencias no vean su ropa interior impoluta.

*pausa con música de terror, fundido en negro y seguimos*

Cabe destacar aquí el gran corazón de las madres que piensan en la situación del pobre médico que atiende a su retoño. A su hijo igual ya dan por perdido pero, ¿y ese pobre hombre que ha estudiado una carrera para que ahora vengas tú y le presentes un frenazo en la carretera, una mancha de nicotina, un punto cardinal? En fin, alcanzado el cupo de chascarrillos escatológicos de hoy, la única conclusión posible es que nuestra ropa interior es la tarjeta de visita de nuestras madres. Y abordadas estas, tenemos a los padres.

Los padres no compran nada para el bebé hasta que este alcanza cierta edad. En lugar de ello tan sólo aportan el capital necesario para que la madre haga esos haberes. Si les preguntan, dicen estar deseando que su hijo crezca lo suficiente para poder regalarle un artículo del que ellos sepan (fútbol, bicicletas, videojuegos), aunque en realidad lo que quieren es poder regalarle algo que ellos también puedan usar.  El denominado autoregalo en diferido. Es por esta razón que hoy en día hay niños de 6 años que tienen un Ipad.

“—Manolo, le has regalado un Ipad al niño y solo lo ha usado tres veces. El resto lo usas tú…
—¿Como cuando tú me dices que el niño quiere un paquete de galletas, se come 3 y tú te comes el resto?
—Em…  No me cambies de tema.”

Hay regalos que se regalan, porque no se sabe que regalar, como los juegos de sábanas; otros que se regalan porque “es lo típico”, como el compás en la primera comunión. Y otros…

image

Hay regalos que tienen la mejor intención  del mundo pero no hacen otra cosa que convertir este en un lugar peor para vivir. Amigos (si, les hablo solo a los varones): Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en una que implique un arma de fuego apuntando a vuestra cabeza. Compréis ropa a vuestra pareja.

Los bombones engordan, las flores se secan, la ropa encoge y las mascotas se mueren. No seáis idiotas y regalad zapatos”

Se que sois inteligentes. Pero no tanto; después de todo estáis leyendo este blog¿no? Así que vamos a repetirlo. Por quedarnos tranquilos nada más.

NUNCA, JAMAS, BAJO NINGÚN CONCEPTO, COMPREIS ROPA A VUESTRA PAREJA

Bien, ¿por qué digo esto? Yo se que hay gente que ya lo sabe. Pero, una vez más, por quedarnos tranquilos. Permitidme que me explique.

¿Recuerdas esas veces que vas con tu pareja de compras y ésta saca la cabeza entre las cortinas del probador para preguntarte qué tal le queda tal o cual pieza de ropa antes de que a ti te de tiempo a escabullirte? ¿Recuerdas aquella vez que la niña de tus ojos parecía una butifarra con aquella falda de tubo? ¿Recuerdas que ella vio en tu mirada toda la verdad que necesitaba? Pues imagina que pasa esto. Pero en este caso el causante es una pieza que TU has comprado.

“Me parece fuertisimo que no te sepas mi talla, ya veo lo que te fijas en mi y… ” a partir de ahí todo lo que ya sabéis. Próximo episodio en tu casa.

En fin, dicho todo esto, me tengo que ir a duchar. Pero no por que lo diga yo, sino porque lo dice un juez. Sin embargo, dejadme que os de un último consejo en voz alta.

El secreto de evitar regalos equivocados es evitar invitar a la gente equivocada

Twitter=@cansinoroyal

Estándar
educacion, estilo de vida, humor, música, moda, ocio, psicología, social, tendencias

EL HIPSTER ENCUBIERTO

image

Lo primero es lo primero: si algún ciego lee esto, que sepa que está curado. Dicho esto, comencemos.

El otro día fui a tomar café a un Starbucks (qué diablos, ya terminaré  de pagar el coche otro año). En enclaves como este corres ciertos riesgos que no corres en un bar normal. Como quedar atrapado en la barba de un Hipster o que se te caiga su máquina de escribir encima.

Se que acabáis de hacer una breve pausa para releer lo último y, agarrándoos desesperadamente a las crines de la cordura, habéis sacado la aventurada conclusión de que lo de la máquina de escribir es una broma de las mías.

Ojalá…

image

Si hay algo seguro en la vida, es que los extremos nunca son buenos. Eso y el hecho de que los hombres no sabemos comprar compresas.

“—Puri, estoy en Mercadona. ¿Qué compresas querías?
—Ultra normales de noche sin alas. Pregunta a una dependienta.
—…
—Pero, no llores, Paco.”

El problema es que no paramos de darle patadas a los extremos, arrojándolos más allá de la línea de tiza anteriormente fijada y haciéndolos más y más extravagantes. Hay modas que tienen una cierta utilidad -por no decir excusa- pero señores, ¿en serio?

¿Qué puede escribir un Hipster en una máquina de escribir a parte de una lista sobre las estupideces que hacen en nombre de destacar de alguna manera?

Imagino que la de llevar una máquina de escribir a todos sitios esta tachada ya. Quizá es para no olvidarse de comprar algo…

“—Toda la noche despierto vale la pena si al llegar a casa veo esa carita tan linda que…
—¿Traes churros?
—Em… No…
—Ve a por churros.”

Hay que tener serio cuidado con lo vintage. Uno cree que es una tendencia inofensiva, pero puede ser un vórtice temporal de lo más peligroso. El otro día me até un jersey alrededor de la cintura y subitamente me llegó una llamada perdida de 1996. Son estos los aspectos de esta tendencia que me mantienen obnuvilado.

Como ya sabéis, cuando se me mete algo en esta almendra que tengo por cabeza no me lo saco hasta que no lo concluyo. Es lo que tiene la perseverancia.

“—¿Su mayor virtud?
—Soy perveserant… perv… pers… perserev… per… perse…
—Ya, le he entendido
—Perve…Perese… pers… pe…”

Así pues, me he propuesto infiltrarme en el mundo hipster como un agente encubierto que se hace pasar por el acólito de alguna secta demoníaca con el fin de investigarla desde dentro.

“—Y Cthulhu el innombrable emergió de aquel océano de pestilencia…
—Paco, deja a mi madre cagar en paz!
—Y sus acólitos le custodiaban…”

Para llevar a cabo con éxito la misión que me había autoencomendado necesitaba contemplar primero una serie de detalles de vital importancia que supondrían a buen seguro la diferencia entre la vida y la muerte. Para el que ose seguir mis pasos, le recomiendo encarecidamente que eche un vistazo a una de mis entradas, en concreto LOS HIPSTER Y SU MODA PSEUDOVINTAGE que podéis leer pinchando en el título. Allí encontraréis una serie de pautas que os serán de gran ayuda en el camuflaje. Y eso que yo soy malo para el camuflaje. No me escondo para decirlo.

De acuerdo con dicha entrada uno de los aspectos que más define a un Hipster es la barba. Pero yo no tenía. ¿Cómo podría ingresar en la comunidad pseudovintage sin una hermosa mata de vello facial?

Pues ni idea. Así que hice lo que todo hijo de vecino debe hacer. Fui al registro civil a preguntar. Después de una breve espera de no más de una hora y media me acerqué al mostrador a explicar mi problema. La señorita me dijo sin levantar la vista ni una sola vez que no había tal problema.  Que siempre que cumplimentase por triplicado el modelo de escrito 143/C y me presentase con gafas de pasta, pajarita y unas Jordan del 86, podría inscribirme ya mismo como hipster, y que contaba con un plazo de 10 días hábiles para presentar mi barba o fofotocopia compulsada de la misma. Así mismo tendría que superar un examen tipo test cuyo tema principal era la BIBLIA HIPSTER (pincha aquí)

Me despedí pletórico de alegría y me dirigí a unos grandes almacenes dispuesto a adquirir los citados artículos. El problema era que no disponía del capital necesario para pagarlos  (recordemos que había ido a un Starbucks). En un arrebato de operatividad ante la visión del posible fracaso de mi aventura antes de su comienzo, me dispuse a conseguir mis tesoros fuera del amparo de la ley. Así que tuve que hacer uso de mis recién descubiertas habilidades de agente secreto y hurtarlos sin ser visto.

Al menos ese era plan. Pero las vicisitudes de la vida, ya sabéis. Alguien del personal, un tal STAFF, alertó al guardia de seguridad de la ausencia de una serie de objetos que componían mi botín. Ante este problema, el segurata tomó las diligencias pertinentes: se puso en la puerta del recinto y proclamó un sonoro “¿Quién se ha llevado una pajarita, unas gafas de pasta y unos mocasines?”

Aquella era sin duda una ocasión perfecta para poner a prueba mi temple como agente secreto. El guardia estaba dando palos de ciego. Su táctica se trataba de golpear el árbol hasta que cayese una pera y tan solo era cuestión de mantener el tipo.

El problema surgió cuando algo en mi subconsciente, por no decir mi conciencia, me hizo una jugarreta y no se me ocurrió otro comentario que: “¿Robar yo? Vamos hombre… ¡a mi que me rehipster!”

Así que ahí estaba yo, sin barba, sin artículos vintage y con la condición de persona non grata en Pull&bear recién adquirida. La misión parecía condenada al fracaso. La logística había fallado, el presupuesto militar había fallado.

Mi plan operativo no estaba preparado para estas carencias así que hice lo que cualquier guerrero curtido en la batalla. Rebusqué dinero entre los cajones de mis padres.

La búsqueda fue negativa en cuanto a calderilla, pero positiva en cuanto a otras cosas; mi padre ya ha llegado a esa edad en la que no se tira nada a la basura, sino que se guarda en los cajones. Dicha edad esta comprendida entre la de dejar de poner las manos por delante cuando te caes de bruces y la de contar la misma historia 189 veces.

Cuando tu padre tiene el síndrome de Diogenes la costumbre de guardarlo todo “porque nunca se sabe”, se te presenta un abanico de posibilidades tan grande como el de elegir fondo de pantalla para el ordenador cuando eres soltero. Esta era una de esas cualidades que en un principio criticaba, pero por razones meramente de principios: me sorprendía e indignaba sobremanera que mi madre, obsesionada con la limpieza le permitiese ese tipo de licencias.

A ver, nada más lejos de mis intenciones el criticar a una madre, el único ser capaz de caminar sobre el suelo recién fregado sin que se note. Pero nunca entendí esa doble moral, esa hipocresía.

En un cajón de tu padre puedes encontrar, previa vacuna antitetánica, los objetos anteriormente mencionados, amen de otros más. Eso sí, no encontré unas playeras Nike Jordan del 86, aunque sí que habían unos cordones amarillo fluorescente que vinieron de regalo con un bote de detergente (valga la rima).

También encontré, entre otras cosas, tres candados, unas catorce llaves que no abrían ninguno de los candados, una botella con forma de virgen en la que se suponía que había agua bendita (la dejé donde estaba; por más que la busqué desde varios ángulos no encontré la fecha de caducidad) y una linterna de pila de petaca.

Una vez arreglados los papeles, adquiridos los items, y con la mirada fija tras mis Aviator de cristal marrón me dirigí al Starbucks más cercano, más tenso que un ñu bebiendo agua.

Si queréis conocer el desenlace de mi aventura estad atentos al segundo capítulo de EL HIPSTER ENCUBIERTO. Os dejo por ahora. Que me…  me………….. me voy a dormir (Dios…  Otro bostezo como este y me hago reversible).

Twitter=@cansinoroyal

Estándar
amor, deporte, estilo de vida, humor, moda, salud, social

OPERACION BIKINI

Se acerca el verano. Se lo ha tomado con calma, pero se acerca. Hemos pasado más frío que robando pingüinos. Ha llegado a llamar a mi puerta un oso polar para pedirme un Frenadol. Pero ese tiempo ha pasado (por fin). Llega el calor (por fin). Y con él llega el acortamiento general de la ropa y el enseñar más, (¡por fin por fin por fin!… ¿por fin?) Así es, amigo/a. Ha llegado la hora de probar cosas nuevas en el sexo. Como por ejemplo, practicarlo. Y para ello hay que exhibir el género.

El problema es que esto trae consigo un dilema: ¿tienes el cuerpo adecuado para enseñarlo? ¿no hay cierta parte de ti que sobra? ¿no te parece demasiada coincidencia que el hecho de que te hayas sentado en el sofá coincida con la desaparición de un hijo tuyo?

” —¡Que pasa, culo gordo!

—…Me siento insultado.

—¡¡Pues será en cuatro sillas!!”

A nadie le gusta que la gente que le ha visto durante todo el invierno sin mediar palabra a cerca de cómo le quedaban las capas y capas de ropa que llevaba de repente lo vean en todo su esplendor y acierten a soltar comentarios del tipo “Cómo te has puesto macho. ¿Has tirado de la anilla del chaleco salvavidas o que?” o “Colega, un poco más y tendrías tu propio código postal”.

Amigo/a, así no se conoce gente.

” —Hola, eres la dependienta más guapa que he visto en la vida. Te observo todos los días a través del escaparESTÁS PULSANDO LA ALARMA?!
—Sí.”

Yo me siento tan absolutamente  culpable por todo lo que he engullido desde antes de navidad que al pellizcarme la barriga creo notar la forma de un turrón que me comí en marzo. Lo sé, sé lo que estáis pensando: ¿Turrón en marzo? Pues si, porque mi madre no tira nada. Entre eso y las sobras de las cenas de Noche Buena y Noche Vieja todos los años tengo para comer sin cocinar hasta mediados de abril.

Pero eso se acabó. El calor ya aprieta y los días de playa están cada vez más cerca, así que por mucho dinero que hayamos gastado en cultivar esta curva de la felicidad, su aventura acaba aquí y ahora.

Bueno, quien dice Ahora, dice mejor el lunes.

El lunes, eso es. Está decidido, el lunes empiezo la dieta, empiezo a hacer ejercicio… y empiezo a poner excusas para empezar el próximo lunes. No sé si esta técnica de entrenamiento os suena de algo… ¿Por qué insistimos en empezar este tipo de cosas un lunes? ¿Acaso este día no está ya lo suficientemente vilipendiado por la sociedad?

Si el lunes tuviera cara, seguramente estaría rota.

Qué queréis que os diga: yo los lunes, hasta que no me tomo un café y son las cuatro de la tarde del viernes, no soy persona. Y es que para mi los cinco primeros días de la semana son los más complicados. Los lunes me siento tan débil que David el Gnomo es 14 veces más fuerte que yo. ¿Cómo voy a empezar otro sufrimiento más ese día?

image

Pero yo se por qué lo hacen, yo se por qué dejan estas cosas para el lunes: porque el lunes,  amigos, es el septiembre de la semana. Es el que pasa lista, el que pide cuentas. Es…  Cómo decirlo: el lunes es el MSDOS de la semana. Porque el MSDOS  es la cara seria del WINDOWS, la que nadie quiere ver.

Tu estas muy a gusto bajándote porno musiquita con tu Windows y viendo tus videos porno en YouTube, y mientras tanto Windows te ofrece su cara amable: todo es colorcitos y animaciones. Pero de repente una de las páginas de dudosa reputación que frecuentas te cuela un virus; es entonces cuando MSDOS hace su aparición con su pantalla azul para darte las malas noticias.

En fin, por mucho que tardemos en decidir el día para empezar a cuidarse. Hay que hacerlo y hacerlo bien. Hay que se optimistas y perseverantes, no como mi novia, que ha dejado la Operación Bikini y se ha pasado a la Operación Pareo directamente.

“—Cariño, ¿a que se me nota el gimnasio?
—¿Te lo has comido?
—No.
—Pues entonces no.“

Como decía, hemos de empezar a comer menos. Pero claro. Ello tiene unos inconvenientes. Si comes pescado hervido, por ejemplo, es muy importante sentarte tres horas en el sofá y no mover ni una ceja a fin de conservar las 23 calorías.

Pero no sólo de pan vive el hombre, al menos no si quiere mostrar un cuerpo fuerte y portentoso. Y aquí es donde entran los pinchazos de hormonas de toro batidos de proteínas.

Un batido de proteínas sirve para tomarte un batido muy caro y decirle a la gente lo bueno que es. También sirve para tirarse pedos de colores.

En realidad no son de colores, pero como alcances a oler alguno te lo parecerán.

Creo que la gente que insiste en lo mucho que le sabe y le conviene su batido después de entrenar en realidad tratan de convencer, no tanto a los demás como a si mismos, de que ha sido una buena idea gastar 60 euros en caca (esta bien escrito, no quería decir cacao) en polvo con un sabor que algún imaginativo poeta, en alguna noche de tormento entre opiaceos, tuvo a bien llamar vainilla.

“La vida es como una caja de bombones. Para los gordos se acaba antes.”

EL CONCEPTO DE FOFISANO:

image

Estas modas me superan. Según la cultura (¿cultura?) popular, un fofisano es una persona con kilos de más que, aunque es proclive a recolectar colesterol, aun le quedan un par de Big Macs para palmarla. Ello unido a la simpatía que los tópicos atribuyen a la gente con kilos de más les ha provisto de un aura de pseudoatracción para el sexo opuesto que nada tiene que ver con la gravedad que genera su generosa masa.

Y digo yo: ¿no es mucha coincidencia que este concepto haya surgido tan cerca del verano? ¿Se tratará de un oscuro complot dirigido por metes golosas? Quién sabe si en la última planta de algún rascacielos, en un despacho en donde cabe mi casa, y sentando a una mesa llena de comida en donde también cabe mi casa, no hay un fofisano enfundado en un traje carisimo, con la corbata manchada de grasa, que acaricia una pata de jamón ibérico en su regazo con sus rechonchos dedos llenos de anillos y dice a sus esbirros “comenzad la operación: mete un fofisano en tu cama.”

Lo que no es coincidencia es que la gente haya aprovechado esta moda pasajera para airear sus lorzas sin acritud. Yo respeto eso, siempre y cuando no demos un tetazo a nadie, claro. Recuerda que tú libertad empieza donde termina la del otro. Siempre que el otro no tenga petróleo, claro.

Twitter=@cansinoroyal

Estándar
educacion, estilo de vida, humor, música, moda, ocio, psicología, religion, social

LA BIBLIA HIPSTER: Tomo Primero. Los 10 Mandamientos Hipster

Tomo primero del Testamento
De San Benancio. Patrón de las descargas que en gloria esté.

Por los siglos de los siglos esté en gloria San Benancio. Pues él nos trajo la buena nueva digital cuando tuvo a bien contratar ADSL 12 megas a 29’95 (impuestos indirectos no incluidos) y dejar su router abierto. La palabra del WiFi (Wi-Fi para los ebreos) llegó a nosotros gracias a él en una época oscura en la que los Hipsters, celosos devotos del WiFi, sólo podían acceder a su palabra a través de almas caritativas como Starbucks, tiendas Apple y esa gente que tiene por contraseña “1234567”.

Porque el WiFi es Dios, y Benancio es su profeta.

Dos tablets trajo San Benancio del Monte de Jazztel. En ellas estaban escritos, en PDF a doble espacio y en fuente Times New Román, los Diez Mandamientos del Hipster.

1. Adorarás al WiFi por encima de todas las cosas.
2. No robarás WiFi.
3. Honrarás a tu padre y a tu madre, pues de él son las Ray Ban Aviator del 83 que llevas, y de ella la diadema de plástico que regalaste a tu novia Hipster de sien rapada.
4. No tomarás el Café en vano.
5. No matarás, salvo a quien critique la música Indie .
6. No te afeitarás.
7. No dejarás que la batería del iPhone baje del 10%.
8. Te aferrarás a la tecnología y los gadgets mientras te empeñas en vestir como alguien que los rechaza.
9. Buscarás en Google el significado de la palabra “mainstream”
10. Usarás la palabra “mainstream” al menos diecisiete veces al día.

Oremos todos, cantemos el Salmo de San Benancio:

“San Benancio, San Benancio
De la Palabra portador
Gloria al Salvador San Benancio
Generoso benefactor

En un archivo con su nombre
Los Mandamientos compartirá
Descargalos con Utorrent
Descomprímerlos con Win Rar”

San Benancio tope guay
San Benancio es tope Hipster
San Benancio es darle Like
San Benancio es suscribirse.”

Aquí termina el Tomo Primero del Testamento de San Benancio. La paz sea con vosotros, colocaos la pajarita, rebobinad las cintas y no dejéis enfriar el Café

Amen

Twitter=@cansinoroyal

Estándar
economia, estilo de vida, hogar, humor, moda, ocio, Sin categoría

FALSOS AUGURIOS FUTURISTAS

¿Qué está siempre llegando, pero nunca llega?

El mañana, porque cuando llega,  es hoy.

Tranquilos, no estáis leyendo un capítulo del Cantajuegos. Esta adivinanza tan tonta tiene algo de valor para lo que os voy a contar, pues trata sobre algo que nos han vendido durante años, pero ahora que tenemos, no es lo que parecía: el futuro.

Según el cine está a la vuelta de la esquina, pero al igual que el mañana nunca parece llegar, ¿dónde están los coches que vuelan, chaquetas que se secan solas y otras maravillas de un soñado 2015 que Doc y Marty Mcfly nos prometieron?

Si la mayoría de las personas que conocemos fueran encuestadas a cerca de sus deseos para el futuro, sin duda se inclinarían por desear la paz mundial, la cura contra el cáncer, acabar con el hambre y otros deseos que hacen gala de las más nobles intenciones.

Un admirable sentido de la solidaridad y empatía, mezclado con el instinto de supervivencia que caracteriza a cualquier especie. Cuánto ha de crecer mi corazón para albergar la inabarcable solidaridad y honestidad que rodea a nuestros proyectos futuristas…

…Yo quiero un aeropatín.

En serio, me da igual todo lo demás. Yo quiero un sancheski volador. Y no soy el único; por ejemplo aquel anuncio donde una mujer muy guapa con pelo blanco aparecía sin saludar en una casa cualquiera alegando venir del futuro; ¿todo ello para qué? ¿para traer la cura contra el sida? ¿Para traer una fuente inagotable de energía no contaminante?

No, esa mujer con pelo blanco viene del futuro para traerte una lejía de efecto blanqueante, ¡una lejía! Esto hace que uno se pregunte qué valores tienen en el futuro.

“-a mi padre le han diagnosticado el sida…

-déjate de tonterías, ¡¿tú has visto cómo tengo esta camisa?!”

Otras personas no tan altruistas elegirían una ingeniería genética que sirviera para designar el sexo de su futuro bebé, el color de sus ojos…

Y digo yo: ¿por qué no una ingeniería genética que sirva para designar el juguete que quieres que te venga en el Kinder Sorpresa?

En fin, no hay manera de alcanzar el esquivo futuro. Y eso que lo intentamos, con nuestros super teléfonos o, mejor dicho, nuestros Smartphones.

Hoy en día todo es inteligente, smartphone, smartwatch, smartband… Todo menos el usuario, que después de haber desenbolsado 600 euros por un teléfono hace seis meses, es capaz de pagar hoy otros 600  por un terminal igual que el suyo en todo menos en la S al final del nombre del modelo. ¿Eso os parece normal? Esperad un momento que voy a por mis gafas de ver la gracia…

“¡¡Que bien, un móvil acuático!!  Cómo voy a disfrutar cuando llame a mis amigos desde el agua y les diga : Brrrfubb fpprrr prbb brb bhghrg”

Y es que nos encanta ostentar,  no quiero entrar aquí en algo tan típico como nuestra afición-enfermedad al consumismo innecesario. Pero a veces deberíamos pararnos a pensar en lo que compramos y si verdaderamente nos hace falta.

“-mi mujer ha pedido una tablet para su cumpleaños.

-¿Y cuál le vas a comprar?

-la vitrocerámica.”

Qué matraquilla con que no podemos vivir sin los móviles. Y lo mejor es que, no contentos con la matraca que dan por sí solos, sus papás son capaces de liar a artistas de talla mundial para que los promocionen, de esta manera, resulta que si te compras un Iphone 6, 6plus o 6JeanClaudeVanDamme, Involuntariamente, o sea por arte y parte de Apple, se te descarga gratuitamente el disco entero de U2 songs of innocence, un disco que, bueno, es gratis…

Bien, no digo que sea un mal disco, simplemente dejaré que el aluvión de llamadas a Apple por parte de la clientela preguntando cómo coño se borra y se convence a iTunes de que se meta el dichoso disquito por la retaguardia hable por sí sólo. 

Y ya que hablamos de móviles no podemos dejar de  hablar del regalo estrella de esta temporada: el palo para selfies. Muy feo has de ser para que no te haya caído uno estas navidades. A mi este artículo me parece el sumun del automarginamiento. Se acabó aquello de “Pss echanos una fotico, se mira por aquí y se aprieta aqui”.

No quisiera irme sin daros un consejo:

No hagas caso de  esa vocecita de tu interior que te dice lo que hay que hacer; si tan lista es, ¿qué hace dentro de un feo como tú?

Propicios días y muerteasesinatos a tod@s.

Estándar
economia, estilo de vida, humor, música, moda, ocio, psicología, Sin categoría

LOS HIPSTERs Y SU MODA PSEUDOVINTAGE

Lo primero es lo primero, me enorgullece dedicar esta entrada a Raúl, apreciado hermano de sueldo, confeso lector (allá él… )  de mis pedradas mentales, y activo comentarista de las mismas.

Raúl me dijiste que la última entrada te supo a poco por lo corta, pues aquí tienes un pedazo tostón. Más vale que te lo aprendas, pues te lo pienso preguntar

image

Lo primero que cabe pensar respecto a esta enfermedad moda es qué es vintage y para que sirve.

Lo vintage hace referencia a lo antiguo con pinceladas de elegancia y sirve para dejarse barba sin que a uno lo llamen dejao.

Con el paso del tiempo hemos visto modas de todos los colores. Algunas motivadas por la necesidad, como la de los raperos EEUUdienses con sudaderas XXXXXXL que no responden a otra razón que la de la pobreza, que obligaba a los niños a heredar ropa de hermanos mayores.

La salud y/o la higiene, como la “moda” de los militares de mantener el pelo corto. Hoy en día hay quien piensa que se debe a un intento de desindividualización de la persona para convertirla en parte de un grupo cuando en realidad no es más que una costumbre heredada de los tiempos de la lucha contra los piojos.

Hay  tendencias o modas que obedecen a una razón determinada y otras que buscan simplemente huir de lo preestablecido y destacar de alguna manera, otra razón tan válida y lícita como las demás ¿Pero de qué manera? ¿Cómo puede considerarse “moderno” al que lleva el pelo largo,  o barba, o pantalones pitillo o camisa de cuadros con una pajarita si ello se llevó hace mucho tiempo?

“nosotros en el siglo XX nos creemos muy degenerados pero estaba todo inventado”

             Enrique Pinti (humorista)

Por otro lado, no debemos caer en la euforia de adorar todo lo antiguo, pues algunos elementos de estas tendencias resultan más grotescos que pintorescos.

Veo a chicas ataviadas con vestidos y peinados que van orgullosas de vestir vintage. Y a mi sólo me parece la ropa con la que las encontrarían muertas en una habitación de motel en los años 70.

Me dan la misma tirria que las portadas de los crucigramas, que parecen fotos de chicas desaparecidas cuando Alf era lo más.

LAS GAFAS RAY BAN AVIATOR (todos somos Maverick)

Cuando veo la cantidad de gente que va por ahí con esas gafas me entristece pensar que podría haberme hecho rico si no hubiera tirado todo lo que había en los cajones de mi padre cuando hice limpieza.

Yo por si acaso me guardé tres pequeños botes rojos de linimento fuerte del Tigre, una linterna de petaca, un monedero tubular de tapón a rosca verde chillón con su cordón para el cuello original y un llavero de dos plateados amantes mecánicos que se prestan a su pasión al ir accionando una palanquita. Amén de un calendario en perfecto estado de Naranjito. Este último muy útil si a alguien necesita apuntar alguna tarea en 1982.

Todos estos artículos pueden encontrarse a la venta en mi perfil de Ebay. Por la compra de dos o más te regalo unas perfectas Nike Pegasus Requeteplus prácticamente nuevas, mejor verlas.

Según la Wikipedia (alabada sea) un hipster varón ha de cumplir los siguientes requisitos para pasar la prueba de fuego.

Uno: que no pare ninguno

Perdón eso es de otra entrada.

image

1. Ser lo más delgado posible.

2. Pantalones de pitillo apretados cual leggins.

3. Barba voluptuosa. Que parezca que te estas comiendo una ahulaga.

4. Camisas a cuadros, a ser posible de franela.

6. Llevar relojes casio inmortal, a ser posible con calculadora.

7. Echarse novias con la sien rapada o en caso contrario rapársela inmediatamente.

8. Gafas de pasta, cuanto más gordas mejor (Si no tienes falta de vista no te preocupes, sigue usándolas que todo llegará).

9. Consumir café y música indy (banda sonora de cuatro películas de Harrison Ford) a partes iguales. Mayormente de grupos como the Empire of the Sun o Arctic Monkeys.

Bien, no se a vosotros,  pero yo con la mayoría de los puntos de esta lista acabo de descubrir que el que me pide el carro para quedarse con el euro en el Lidl es un puro Hipster. A partir  de ahora lo miraré con respeto en vez de intentar atropellarlo sin mostrar dolo en mi empeño.

Entiendo que mis palabras puedan provocar que el lector piense que no me gusta lo vintage ni la tendencia HIPSTER. Pero nada más lejos de mi intención. Aunque no pueda poner la mano en el fuego porque los hipsters  no sean de meter los dedos en los enchufes,  muestro ciertas afinidades con esta cultura y no me avergüenza ponerlo de manifiesto.  Quizás incluso me sienta más atraído que la mayoría por sus encantos.

El fenómeno de lo pseudo antiguo, si bien aun no ha terminado de cuajar entre la sociedad, es a mi juicio, una rica fuente de valores, como son el de aprovechar lo que en su momento nadie quiso, amén de una fuente de misterios, sin más el otro día estuve viendo fotos mías de cuando era un níveo querubín y me pregunté cómo habría hecho mi madre para aplicar,  en aquella época tan tecnológicamente desangelada, a las imágenes ese filtro vintage.

Estándar