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El ODIO

Tengo el placer de dedicar esta entrada a los diseñadores a los que no conoce ni Dios que salen en las fotos en blanco y negro que decoran las paredes del IKEA pillados a media carcajada.

¿Te han dado un sablazo los de la compañía telefónica? ¿te has descubierto una cana más? ¿has discutido con tu pareja? Es igual. No importa el porqué, importa el estado en sí. Hoy no estás para tonterías, serías capaz de arrancarte un miembro sólo para tener algo que lanzarle a cualquiera que ose dirigirte sus  palabras.

¿O quizá no es un estado temporal? ¿Quizás sea simplemente lo que te define? Y si es así, ¿hay algo de malo en ello?

Yo personalmente me siento mejor sabiendo que odio a algunas personas. Claro, ahora saltará la gente que piensa que odiar esta muy mal, que el niño Jesús llora con estas cosas, etc…

«yo no odio a ese tío, es más si se estuviera ahogando y yo pasara con una lancha, yo hasta le saludaría»

Si bien puede haber quien no suela contemplarlo, me resulta imposible creer que pueda existir una persona incapaz de odiar. Y si este personaje existiera, albergo serías dudas respecto a que pueda hacer alguna aportación interesante a mi vida, salvo quizás ser el objetivo de mi odio.

Si, ya se lo que muchos pensais: envidio su felicidad. Puede ser, aunque desde mi punto de vista, los sentimientos que estos Ned Flanders de la vida me despiertan se inclinan más hacia la lástima. Pues no dejan de parecerme ignorantes de una ley de la vida: hay que odiar para avanzar en el terreno de lo personal, familiar, social y laboral.

Pero no os preocupéis, ya estoy aquí yo para sacar el odio que lleváis dentro. Y para ello sólo tengo que poneros en alguna situación que lo desentierre, cómo por ejemplo, elegir el nombre de un hijo.

Uno no se figura la cantidad de gente a la que odia hasta que tiene que ponerle nombre a su bebé.

«-¿Qué te parece Miguel?

-¿Como tu hermano? Lo que me faltaba, como si no fuera bastante creído ya…

-¿Y Carlos?

-Si hombre, con un vecino imbécil ya tengo, gracias.

-¿Y Moisés?

-¡Secuestró a los judíos! ¡Céntrate mujer!»

Desde luego no hay que escatimar en reparos a la hora de poner nombre a nuestro hijo. Sobre todo si una de las parejas tiene ideas un poco… peculiares.

«—Papá, ¿por qué siempre obecedes a mamá?

—Porque me dejó escoger tu nombre.

—¿Y valió la pena?

—Claro que sí, Goku.»

No cabe duda de que el odio ha sido uno de los conceptos que más ha marcado la historia. Muchísimos acontecimientos importantes quizá no hubieran tenido lugar de no ser por su existencia. Algo me dice que Hitler no siempre ganaba a la Oca.

Cabe discernir entre el odio innato y el odio adquirido. Este último generalmente fomentado por ciertos «agentes externos» que contribuyen a hacer nuestra existencia más agradable.

Gran ejemplo de ello son los vecinos, como la que vive encima mía; todas las mujeres del mundo están deseando llegar a casa para quitarse los zapatos de tacón, excepto ella.

«—Vecina, ¿tú crees que soy uno de esos vecinos raros?

—No sabría que decirte, espera a que salga de la ducha y lo hablamos»

Una vida difícil también ayuda a fomentar ese sentimiento tan profundo que es la ira hacia los demás.

«Hola. Tengo 5 años y vivo en África. No como ni bebo casi nunca. Pero las mejores cosas de la vida son gratis. ¿SE DICE ASÍ, HIJOS DE PUTA?»

Desde luego cualquiera es libre de odiar. Siempre que no vayamos más allá del propio sentimiento. Y eso que hay gente que parece que lo pide de rodillas. Como esas parejas que SIEMPRE necesitan hablar…

«—Tenemos que hablar…

—¿Otra vez? ¿pero tú cómo coño consigues quitarte el esparadrapo de la boca?»

Tu padre puede ser también un estupendo catalizador para tu odio. Sobre todo si es de esos padres que le restan importancia a todo lo que dices.

«—Padre, mañana parto a La Argentina a buscar a mi Mamá. Será un viaje largo y peligroso. Y no se si volveré con vida.

—Llévate al mono».

Ya terminando, aunque suene contradictorio, no creo que el odio sea malo. Si es verdad eso de que todo es relativo, con lo que no habría amor sin odio, sólo por eso este ya merece un sitio en el mundo. Además como ya hemos visto, el odio puede ser como la válvula de escape de una olla exprés, que marca la diferencia entre «he hecho un cocido en 25 minutos» y «pues no queda tan mal la pared pintada de potaje».

Seamos buenos los unos con los otros, pero no olvidemos el lado oscuro. Ya lo dijo el sabio.

Errar es humano, perdonar es divino, dar una hostia con la mano abierta es orgásmico.

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EL ABURRIMIENTO director’s cut

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Cuando era pequeño y me aburría -algo que sucedía bastante a menudo para una persona capaz de mirar un reloj hasta ver cómo se movía la aguja del minutero- acudía a mi padre, y éste por toda respuesta me decía: «una persona inteligente nunca se aburre».

Bien, a día de hoy, unos veinte años después, aún no he conseguido encontrar una forma más elegante de llamarme estúpido. 

Aunque la aparición del aburrimiento no esté datada, lo que no admite discusión es su importancia en los descubrimientos de la humanidad. Los griegos y romanos, por ejemplo, a los que se atribuye prácticamente todo lo inventado. Claro que antes que ellos estaban los fenicios y sumerios. Pero, ¿qué ha inventado esa gente? la escritura cuneiforme, bah…

Detengamonos un momento a pensar en por qué los primeros superaron a los segundos en cuanto a descubrimientos e invenciones. Muy fácil: los sumerios y fenicios no tenían esclavos.

Los romanos y griegos inventaron la política, el derecho, el Age Of Empires… Esas ideas no nacen trabajando. Eran gente ociosa, gente que no tenía nada mejor que hacer que imaginar y en definitiva, gente que se aburría como una mona.

Inciso: vaya por delante que no pretendo faltar al respeto cuestionando el sentido y cohesión de las frases hechas que nutren y enriquecen nuestro léxico, pero ya que estamos: ¿Alguien ha visto alguna vez a un mono aburrido? ¿Cómo puede aburrirse una especie que es capaz de masturbarse?

¡MAS-TUR-BAR-SE!

Recapacitemos, por el amor de Dios.

Ahora es el momento estelar en que tu cuñado, doctor en todología por la Universidad de su Cara Bonita, sentencia: «Los seres humanos, también pueden masturbarse y aún así se aburren»

A ver cuñao, no he terminado, bájate de la mesa y déjame matizar: los monos son capaces de masturbarse… en público.

Si nosotros pudiésemos emular esa costumbre, los teléfonos solo servirían para llamar y nadie conoceria el nombre de Steve Jobs. 

Posiblemente las esperas en la parada del bus no se harían tan largas.

«Este va muy lleno, me espero al siguiente. Este huele raro, me espero al siguiente. Este…»

Lamentablemente los protocolos de educación, moralidad e higiene actuales nos impiden taxativamente masturbarnos en la parada del bus, por lo que tenemos que echar manos de otros pasatiempos antes de llegar a casa y poder hacerlo.

Y es entonces, cuando hemos de buscar otra cosa que hacer,  cuando comienzan las maldades. Ser malo contra el aburrimiento es tan clásico que es casi un cliché. Sin ser demasiado díscolos, sanas acciones como llamar, insultar y colgar, escupir desde una ventana sin asomarse o descolgar el telefonillo y eructar a las personas que pasean por la calle son una de tantas estratagemas para alejar el hastío.

Tan antiguo como el propio aburrimiento es su lucha contra él.  No se sabe cuándo fue el primer momento en el que un hominido se aburrió. Pero queda patente que se aburrían, no hay más que ver las paredes de sus cuevas.

Con mayor o menor éxito, lalucha contra el aburrimiento es posiblemente las más antigua de la humanidad, y es que es muy fácil caer en las garras de este estado. Veamos unos pocos ejemplos en donde cualquiera puede caer en la monotonía y que atestiguan que nadie está exento de ella.

En casa: «Llevo quince minutos viendo a una mosca frotarse las patas. Es increíble con qué tonterías se entretienen las moscas.»

En el banco: el otro día, en una Caja de Canarias, estuve tanto tiempo esperando a que saliera mi número en la pantalla que cuando me atendieron ya era un Bankia.

En el transporte público: Cuando subo a un bus de distancia larga siempre juego a imaginarme los roles de la gente si fueramos los supervivientes de algo, como en la serie Perdidos, pero sin que en el guión hayan trabajado 300 guionistas distintos, cada uno con una idea distinta he incoherente, y luego se lo hubieran pasado al chico de los cafés para que lo revisase.

En clase: viajes a la papelera para afilar lápices que ya están más que afilados, «tengo que ir al servicio» cada veinte minutos, bostezar tantas veces que te acaba sabiendo la boca a cera, etc…

En la playa:

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En el trabajo:
«—¿Qué tal hoy en el trabajo?
—mira la batería del Iphone: 87% no te digo más…
—cariño, te están explotando»

De compras:
«—… siiiii cielo, me encanta ir de compras contigo, siiiii voy a por una talla más, nooo no te miento, esa falda no te hace gorda…  Oye, ¿tú crees que ese perchero aguantará mi peso y el de una soga?

En el médico: los egipcios inventaron la medicina. Y un médico muy bueno dijo «¿Y qué tal si les hacemos esperar?» y así nació la Seguridad Social.

Así pues, no caigamos nunca en la vanidad de pensar que somos demasiado inteligentes para aburrirnos. Pues nadie está exento de aburrirse. Y ello me alegra, teniendo en cuenta su inestimable aporte a la existencia de obras de arte como este Blog, donde en próximas entradas os hablaré de la humildad.

@cansinoroyal

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El BULLYING, QUE NUNCA PASA DE MODA

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La entrada de hoy no es precisamente para hacer reír. Bueno, un poco si. Hace poco me he enterado de que una pequeña personita de mi familia está sufriendo en el cole. Y a ella va dedicada esta entrada.

Quizás penséis que no es lugar para colgar esto. Pero era esto o Twitter y lo que quiero compartir no cabía en un tuit.

¿Conocéis a alguien que vaya diciendo que en el colegio le pegaban? Yo tampoco.

Encuentro fascinante la curiosa metamorfosis que sufre la gente cuando llega a la edad adulta. Muchos de nosotros hemos llorado en la cama sólo con pensar en tener que ir a la escuela al día siguiente, y no precisamente porque no quisiéramos estudiar.

Sin embargo a la hora de contar nuestras andanzas en el cole siempre situamos a nuestro pequeño Yo del lado de los malos o,  como mínimo, en un ficticio terreno neutral que,  a menos que fueras del sexo opuesto, aparecía y desaparecía como la isla de San Borondón (cuando los malotes encontraban a otr@ más gord@ que tú y te dejaban a un lado).

Por lo visto todos dábamos leña y ninguno la recibía. Quiza las víctimas simplemente no sobrevivieron a la pubertad, porque de otra manera tiene cabida que todos los que quedamos fuéramos discípulos de Nelson. ¿Qué cuerda vibra en el alma de una persona para querer, después de haber «madurado» que le relacionen con los que le hacían la vida imposible? ¿Qué clase de Síndrome de Estocolmo post partido es éste?

Todavía recuerdo cuando volvía a casa llorando y le contaba mis penas a mi madre. Y ella por toda respuesta me decía «ignóralos nené».

UNA LOCA

¿Cómo iba a ignorar a 30 hijos de puta energúmenos que me querían hacer la vida imposible durante 6 o 7 horas por día?

Incapaz de retener toda la sabiduría que desprendía mi madre en este tema me giré hacia mi padre y le conté los sucedido. Y mi padre actuó tal y como esperaba: «pues dales una patada en los huevos». Otro imbécil: ¿Cómo voy a pegarles a semejante número de condones rotos y marchaatrases?

«-Papa, en el cole me han dado una paliza

-lo importante es: ¿te vengaste?

-Pues claro, si no me vengo me matan».

Y es que es irrelevante el miedo que tu tengas. Para tus padres no son más que cosas de niños. Aunque los niños en cuestión necesiten dejar en casa un par de libros para hacer sitio en la mochila a la navaja de Curro Jiménez que esgrimen con la dulzura de su inocencia.

En fin, cuando me di cuenta que mi futuro estaba en manos de dos dementes, mi cabeza empezó a reflexionar. Como decía el gran Enrique Pinti, algo en mí cambió.

A mí en el colegio me pegaban siempre. Luego ya me apunte a Karate y después de entrenar duro y sin descanso conseguí que me pegaran en el colegio y en Karate.

Mi cambio no fue lo que se dice drástico. Pero al inicio de unas vacaciones de verano, mientras me dirigía a casa con las notas en la mano, las gafas rotas, y varios «amigos» pisándome los talones, me dije que algo tenía que hacer.

Así que ese mismo día me miré  al espejo y empecé a preguntarme cosas. Aquellas preguntas se repitieron durante varios días.

Por qué se ríen de mí

Qué les he hecho yo

Quién soy yo

Qué soy yo

¡QUÉ SOY!

Hasta que al décimo día me dije «¡ERES UN GORDO DE MIERDA!»

Supongo que cualquiera en semejante situación hubiera roto a llorar inconsolablemente ante esa verdad tan cruel. Pero pasó algo muy extraño: quizás ya había llorado lo suficientemente, quizás la calima reinante a principios de verano me había resecado los lagrimales. Pero no lloré. Es más, empecé a reirme.

Pero no sólo de mí (que tambien) sino de la situación, de la gente que abusa y ridiculiza, del resto de personas ridiculizadas y torturadas. Porque yo no era el único. Se ríen del gordo, si. Pero también lo hacen del enano, del que tiene un parche en el ojo, del que tiene brackets…

La gente teme lo que no entiende. Yo por ejemplo tengo miedo a las letras de las canciones de Shakira.

El ser humano (volviendo a la filosofía de Pinti), lo que es distinto no lo puede tolerar. Y por norma general lo que es diferente a la mayoría, o lo matamos o lo ponemos de payaso. Menos mal que a mi no me tocó lo primero.

Gracias a esta epifanía que me abordó en aquel cuarto de baño, mientras me terminaba el tercer bollicao (más bolli que cao, debo añadir) de la mañana. Empecé a verlo de otra manera. Y comencé  a trabajar en ello. Era eso o adelgazar, y con calima no se debe correr.

Cuando la persona objeto de burla deja de reflejar sufrimiento, el show pierde atractivo. ¿No os habéis fijado en que es más fácil que te pongan un apodo despectivo cuanto más lo repruebas y denuncias? Exacto.

El primer día de clase, pasado el verano, me planté delante de la pizarra, delante de los niños, delante del profesor. Por cierto este último olía ligeramente a café, quien dice ligeramente dice bastante y quién dice café dice coñac, pero ese es otro tema.

«Aquí está la montaña de grasa. -recité- No os preocupeis si no veis la pizarra que termino en seguida. Como decía, soy un gordo de mierda. Estoy más gordo que el año pasao. Me voy a tirar unos canelos que os voy a matar a todos. Y al que me llame gordo pienso darle un beso en la boca. Más que nada para premiar tanto poder de observación.

En otro orden de cosas, pienso traer en la mochila los calzoncillos del día anterior. Los cuales introduciré periódicamente en una de vuestras mochilas. No os preocupeis que habrá un cuadrante en la puerta pegado con cinta para que nadie se pelee por ello. Así, cuando hagáis los deberes por la tarde os acordareis de mí, tal y como vosotros os habéis encargado de hacer que yo os recuerde todas las tardes.

Si alguien quiere tocarme el culo mi pupitre es ese abollado de allí. Un puto héroe, diría yo, al igual que estos botones de mi camisa. No tenéis ni idea de lo que me cuesta no respirar para que no salgan disparados y os saquen un ojo.

Y se acabó, se acabaron las burlas, las persecuciones, los insultos, las tocadas de culo, los suspensos, bueno los suspensos siguieron. Pero lo demás se acabó.

@cansinoroyal

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ESPERAR

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Las cosas que valen la pena en la vida bien merecen ser deseadas y esperadas un tiempo prudencial que asegurará aún más su valoración una vez lleguen.

Cualquiera que lea el título y este primer párrafo pensará que en esta entrada vamos a tratar de esperar al más puro estilo película lacrimógena del tipo «esperar a que aparezca la pareja perfecta», pero no. Más bien pensaba viajar un poco en el futuro, unos meses, o años, con un poco de suerte, después de que hayas encontrado esa pareja perfecta.

Ese momento en el que ya formáis una naranja entera y llega, oh si, el momento de esperar.

¿Pero esperar a que? Pues a todo. Algo me dice que los smartphones no fueron inventados por ratas de laboratorio, frikis hasta la médula que renunciaron en su momento al contacto humano en pos de una vida digital.

En vista de lo mucho que ha servido mi smartphone para las largas esperas que mi Santa ha tenido a bien proporcionarme, yo diría que estos aparatos, o al menos su facultad para entretenernos con juegos y pasatiempos fueron sin duda descubrimiento atribuible a un pobre novio.

«Te dije que estaría lista en cinco minutos. ¡Deja de llamarme cada media hora!»

Analicemos esa maravillosa frase. Como ya dije en alguna de mis entradas, si hay una palabra que defina mi relación con mi novia, digo más, las del 99’9% de las parejas de hoy en día es «esperando».

Esperando a que quiera salir contigo.

No es necesario decir que aquí son ellas las que disponen, por mucho que tú propongas, no importa lo guapo que seas.

Esperando a que quiera ser tu pareja.

Una vez más, ellas disponen. Da igual si te quiere por tu personalidad, tu físico, tu dinero, etc. Ella es quien al final dice si.

Esperando a que se arregle.

Cuidado aquí, compañeros, me permito ahondar en este apartado ofreciendo un consejo: Nunca, jamás, bajo ningún concepto, metas prisa a tu media naranja mientras se arregla. Da igual que vuestra princesa dude más sobre qué ponerse que Windows sobre lo que queda para terminar de pasar el archivo al pendrive.

Sólo conseguirás herir de muerte el plan que tengáis pensado para esa noche: tu pareja, ante tus apremios, se dará la misma prisa que antes, ninguna, eso sí. A partir de ahora tu pasas a ostentar toda la culpa de que no haya salido todo lo guapa que deseaba, de que se haya olvidado algo y en general de que se le haya estropeado la noche.

Está escrito que la mujer es la que hace esperar al hombre en estos casos. Amiga, si es tu novio el que te hace esperar a que se arregle para salir, reconsidera la posibilidad de tener hijos con él. Sólo conseguirás hacerlo más difícil cuando, dentro de unos años, te confiese que es gay.

No penséis ni por asomo que la lista acaba aquí, la lista sigue con otras perlas como esperar a que salga del baño, esperar a que aparque (¿por qué las mujeres insisten en aparcar de morro en los parkings?), e incluso esperar a que termine de comer.

Nunca entenderé por que las mujeres comen tan lento, ¿o sólo le pasa a la mía? Tranquilos, no espero respuesta: se que algunos de vosotros leéis esto en compañía de vuestras parejas.

Por descontado que estas esperas no se ven reflejadas en la ficción de las películas empalagosas que pueblan las carteleras. Películas que, de acuerdo a su contenido, deberían ser encasilladas en el género de Ciencia Ficción.

Claro que no son los único detalles que el cine se deja en el tintero:

¿Para cuándo esa película realista en la que el malo abre el portátil para activar las cabezas nucleares y tiene que esperar a que se actualice el Acrobat? 

Vaya por delante que yo quiero mucho a mi pareja. Así como que soy totalmente consciente que ella también tiene que esperar por mi a veces. Como cuando la pobre se baja del coche en la entrada del local y tiene que esperar a que yo de vueltas y vueltas para aparcar y luego andar bajo la lluvia.

Probrecita.

Además, todos sabemos lo que pasa cuando nuestra novia nos llama y no contestamos… antes del tercer tono:

«-¿por qué has tardado tanto en cogerlo?

-estoy paseando al perro y no oía el móvil, hay mucho ruido en la calle y…

-¿seguro?

-¿qué pasa? ¿no confías en mí?

– ¡claro que sí tontito! que se ponga el perro…»

Y ahora es cuando hago las paces con vosotras, diciendo que con vuestros más y vuestros menos no podríamos vivir sin vosotras etc..

Bien aquí va:

@cansinoroyal

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ESTOY MALITO

No importa lo mucho que te abrigues. Ni tampoco que tomes tanta vitamina C que no descartes defecar una naranja. Cuando las frías garras del resfriado común (en el mejor de los casos) rasgan las puertas de tu salud, de poco sirve esconderse en el armario y simular estar fuera de casa.

La Parca Verde (adivinad por qué tiene ese color) alcanza por igual a héroes y cobardes. Pues todos somos susceptibles de caer en sus redes. Primero empieza con una Coca-Cola demasiado fría en el McDonald’s. Al día siguiente notas cierta sequedad en la boca.

Piensas que se trata de una sed desmedida, pobre infeliz (o infeliza) y bebes. Seguramente un par de refrescos helados más…  No te das cuenta de que la invasión ha empezado y que, lejos de disparar las contramedidas, no haces más que bajar aún más al infierno.

La sequedad da paso a flemas,  mucosidad creciente, y otras tantas secreciones que no usaré aquí. Tu cuerpo te avisa -a buenas horas- de que algo anda mal incrementando drásticamente la temperatura  de tu cuerpo dando lugar a la temida fiebre. Este síntoma nace y se extingue sin que la voluntad tome en ello la menor parte, al igual que el amor, el odio y la tontería ésta de dejarse barba ¿Y que podemos hacer contra la fiebre?

Lo primero es decirlo:

Si tienes fiebre y no lo vas diciendo por ahí es como si no la tuvieras.

Lo siguiente sería correr a la farmacia a por un termómetro porque, reconozcámoslo: nadie tiene un termómetro en casa a menos que todavía viva con su madre.

Hablando de las madres, ¿Qué pasa con las madres y la gripe? ¿Cómo es posible que si alguien  de la familia contrae la enfermedad, toda ésta quede inevitablemente infectada excepto la matriarca?

Nuestra madre también puede ser presa del resfriado, si. Pero no cuando uno o más de sus hijos se encuentran afectados por la dolencia; ello supondría ir en contra del orden cósmico, y nadie quiere ir en contra del Cosmos, ¿verdad?

Como iba diciendo, vamos a la farmacia, compramos el dichoso aparato y algunos fármacos, y nos volvemos a casa intentando no parecer Gays.

Porque reconozcámoslo:

No hay forma heterosexual  de llevar una bolsita de farmacia.

Creo oportuno señalar que hay que tener sumo cuidado a la hora de dirigirnos al farmacéutico, a veces nuestra enfermedad nos juega malas pasadas.

» —¿Tiene pastillas contra la ironia?

—No.

—Qué raro, sí aquí siempre tenéis de todo. ¡Recuérdeme que venga a comprar aquí el próximo día!’.

Constatada la fiebre lo mejor que podemos hacer es guardar cama y mantener la frente humedecida con un pañuelo frío.
Por cierto, recuerda que guardas los pañuelos  en el mismo sitio que los termómetros: en casa de tu madre.

En los casos en que la fiebre suba demasiado se recomienda acudir al médico.

» -Descríbame su vida sexual.

-Pero ya lo hice en la sesión anterior,doctor.

-Ya,pero me reí tanto que quería tenerlo grabado.»

No me gustaría despedirme sin pediros ayuda en una cosilla: ¿La montaña de Kleenex infectado se recicla o se guarda como arma biológica?

@cansinoroyal

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CORRER IV

Esta entrada está dedicada a esas chicas que publican fotos suyas que parecen sacadas de catálogos de Victoria Secret y cuando las conoces en persona parece que vendan romero.

(primera entrada sobre CORRER. Leela pulsando AQUI)

¿Es correr una moda? ¿Se tratará simplemente de algo pasajero que abandonaremos en cuanto encontremos otra novia o en cuanto olvidemos a la anterior? ¿llegará un momento en el que ser Runner se recuerde con el mismo respeto que ser un trekkie? ¿un momento en el que las Nike Pegasus Requeteplus sean un artículo de coleccionista adquirible únicamente en una tienda de antigüedades o un Stradivarius?

De ser así, lo mejor es ir haciéndose ya con un par de ejemplares. Y da la casualidad de que dispongo de un par del 43 que…

Nadie sabe las respuestas a estas y otras preguntas del mundo Runner.

Un Runner es capaz de aguantar media hora sin ir al servicio con tal de no estropear su marca diaria, apretando las nalgas para detener la descarga ilegal tan fuerte que se han registrado casos clínicos en donde las nalgas se han juntado tanto que se han subido la una a la otra, cerrando el ano como si del cierre de un monedero de abuela se tratase.

Sin embargo empieza a llover y el Runner se para. Todo el mundo empieza a correr…  Y él se para… Aunque ya puestos no hay una forma más efectiva para que un Runner se detenga que gritarle «CORRE FOREST, CORRE».  Mano de santo. Se paran enseguida. Otra cosa es que reanuden la marcha hacia tí pero ese es otro tema.

Como he dicho en otras ocasiones, aunque practico este deporte/hobbie/manía/enfermedad, no hace mucho yo era una persona… difícil de mover. 

Una vez un entrenador personal me dio su tarjeta; se la devolví manchada de chocolate.

«-¿dónde está la bolsa de Doritos de 5 kilos que he traído del super?

– ¿jé bolja?»

Por suerte abandoné esa actitud y adopté una mucho más sana y dinámica, lo que me enseñó algunas cosas como la de que hay que salir a correr por las mañanas lo más temprano posible antes de que el cerebro se dé cuenta de lo que estamos haciendo.

Claro que cualquiera, principiante, amateur o profesional, puede tener un día en su vida en el que no le apetezca ir a correr. Hoy no te apetece, y no sabes por qué. Llevas tiempo dándole vueltas a una razón cuando en realidad lo que buscas es una excusa creíble por los demás.

No sufres ningún impedimento físico, si excluimos a la propia morriña; la meteorología no la ha tomado especialmente con el día y no hay ninguna prohibición por parte de las autoridades de salir a correr con motivo de algún apocalipsis Zombie fortuito.

Sea como fuere, tú no tienes ganas de correr hoy. Pero tampoco quieres que los demás se aperciban de ello. No puedes permitir que la gente sepa piense que eres débil. Y para evitar eso, no hay nada como una buena enfermedad improvisada. Eso sí, al revolver el Frenadol no olvides hacer mucho ruido con la cucharilla, a fin de que todo el mundo aprecie lo malo que estás.

No quisiera despedirme sin decir algo que se me ha ido quedado en el tintero en mis  anteriores entradas sobre correr:

Antes de correr hay que calentar, después de correr hay que estirar, y después de estirar hay que DUCHARSE.

Digo esto último porque en este tiempo con corredores he podido advertir que el animal mitológico favorito de algunos es el champú.

«-mira hijo, conservamos el champú de cuando eras pequeño

-aquí pone champú para ornitorrincos…

-lo que importa es que ahora eres muy guapo cielo»

Bueno Runners. Os dejo por ahora, que he agitado el bote de ColaCao sin cerrar la tapa y ahora soy una modelo de Max Factor.

@cansinoroyal

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LA TEORÍA DE LA HIJOPUTABILIDAD

La entrada de hoy está dedicada a esas cajeras que disfrutan creando el Caos diciendo «pasen por esta caja por orden por favor».

Hola, y bienvenidos a las clases a distancia de mateprobafisidistica del profesor Supereze. Hoy vamos a aprender a calcular el factor de Hijoputabilidad de un sujeto basándonos en una serie de variantes que nos permitan crear la ecuación necesaria para realizar un perfil de la persona sospechosa de ser un HP.

Esta práctica nos será de inestimable utilidad en nuestro día a día, tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Un poco de historia…

En la época de los sumerios (allá por marzo del siglo uve palo palo), el rey Fulano Equis Palo Uve reunió a su consejo de sabios alegando encontrarse cabalgando en la melancolía. La culpable de tamaña tristeza no era otra que su prometida, la cual había experimentado una serie de drásticos cambios de humor conforme se acercaba la fecha de la boda.

«-¿que te pasa nena?

-nada.

-Vale.

-si, eso, ¡PASA DE MÍ COMO SIEMPRE GILIPOLLAS!

-¡¿pero amor qué es lo que pasa?!

-nada.»

La pasión de Fulano era equiparable a la empresa, pues temía que aquella «enfermedad» empeorara con el enlace. Tales eran sus temores que llegó a vivir con el miedo a  que su descendencia heredase ese rasgo tan común extraño en la mujer. Así anduvo escuchando, alicaído e inconsolable, canciones de gotas en la ventana y pijama.

Pero un día sus consejeros, que habían estudiado el asunto sin descanso, acudieron a su regia presencia y le plantearon una teoría que ahondar en el por qué de esos caminos que había tomado su prometida: la Teoría De La Hijoputabilidad, que consiste en la siguiente ecuación.

Hp = XXX (St + Tr + inf)

Donde:

XXX = tiempo transcurrido desde la última relación  sexual

St = tiempo transcurrido desde la última visita al WC (streñimientus) 

Tr = contratiempos laborales en el dia

inf = traumas en la infancia

Calculadas estas magnitudes tenemos que

•    A mayor incremento de cualquiera de los valores, mayor incremento de la Hijoputabilidad. Por otro lado, si reducimos el tiempo desde el última relación sexual a 0 (XXX=0) tenemos que:

Hp=0(St+Tr)

¡¡¡Hp=0!!!

Demostrando así que justo después de practicado el encuentro carnal. El sujeto debería de ser más manso que una cesta de gatetes.

Aún  así,  hay otras tantas variables que se han ido añadiendo en posteriores estudios con el paso del tiempo que no han hecho más que hacer la fórmula muy poco fiable. En conclusión, el enunciado de del teorema sería el siguiente:

Quédate con la que tenga el sofá más cómodo, porque enfadarse se enfadan todas.

No debemos olvidar que por cada sujeto potencial, hay un detonante que provoca su mal desarrollo, haciéndole susceptible de mostrar los síntomas del denominado síndrome Hp.

«-Cielo, ¿me ayudas con un problema?

-Claro nena. ¿Cómo de grande quieres que se vuelva?»

Pero no todo se trata de problemas de convivencia. Una infancia cargada de traumas y complejos puede volvernos un claro candidato.

«-Estas reuniones son para tratar traumas desde el respeto, la comprensión y el cariñ…

-¿Puedes abrir una ventana?

-Vaya… ¿que os parece? El puto gordo tiene calor.»

La infancia de la generación actual puede haber resultado de lo más traumática, pero no tanto como otras anteriores como la de mi abuela,cuyo primer beso fue interrumpido por el llanto de su tercer hijo. 

«-anda que no te hubiera venido bien a ti una buena mili…

-¡¿que has dicho?!

-nada Abuelo, nada»

Nuestras amistades tampoco están a salvo de caer en el síndrome Hp.

«PLAFF

-¿pero a qué a venido esa bofetada?

-acabo de llegar a la cárcel, y aquí hay que hacerse respetar desde el primer minuto.

-ya,  pero no en la carcel del Monopoly.

-mi putita va tirar los dados o no?»

Estos no son más que unos pocos de los cientos de ejemplos posibles en los que queda patente la necesidad de una táctica para identificar y aislar a los potenciales HP.

Hay exponentes que no elegimos (familiares)  a los que no queda otra que acostumbrarse y evitar verlos salvo en contadas ocasiones, pero hay otras variantes como son los compañeros de trabajo (ver compañeros) que de disponer un buen método de identificación hubiéramos podido eliminar de la ecuación hace tiempo. Estos hermanos de sueldo pueden llegar a ser unos HP memorables.

«-Houston, Houston, tenemos un problema

-tienes, tienes un problema, que yo estoy aquí bien cómodo con mis auriculares, pero dime, perla»

En resumen, que hay personas en este camino que es la vida que hacen que nos preguntemos por qué nadie ha inventado aún el término «despresentarse». No obstante, quizá gracias a ellos hemos aprendido a apreciar a la buena gente que nos rodea. ¿Vosotros que creéis? ¿Son los HP un mal necesario?

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CORRER 3. A equiparse se ha dicho

Si acabas de llegar a este Blog, lo primero darte la bienvenida, lo segundo recomendarte que antes de leer esta tercera entrega  de la saga te leas las dos primeras entradas de CORRER. coje el dedo y arrastra pa’bajo sin miedo. Por ahí deben estar.

Esta entrada se la dedico al visionario que dijo por primera vez «vaaaaaaamos» a modo de saludo. Dónde quiera que estés, quédate ahí.

Bueno.  Una vez hemos llegado a este nivel entiendo que todos habéis llegado a correr sin parar durante más tiempo que un capítulo de los Simpson (sin contar el de las pausas, no nos pasemos). El problema surge cuando nos damos cuenta de que ya no tenemos 20 años, ni tampoco pesamos 60 kilos, y todas las partes de tu cuerpo que intervienen en la carrera acusan dolencias.

¿Qué podemos hacer contra esto?

Dejarlo.

Apuesto a que hay más de uno que ha llegado aquí y a dicho «pues si lo dice él, que corre con pantis largos, razón no le debe faltar, se acabó».

Que nooooo, que hay solución para casi todo. Podemos buscar entre las distintas medidas para solventar estos incómodos problemas. Porque de todo se sale, hasta del IKEA.

«Día 246, he creído hallar la salida de IKEA en una luz al final de este pasillo, pero ha resultado ser una lámpara de pie llamada Geürstanag (19’95€), empieza a hacer frío, y se me están acabando los lápices»

ADQUIRIENDO EQUIPAMIENTO

«¿pero qué viene, con música?»,»mira yo sólo quiero una playera no un esclavo que la use» O «¿qué son,  de oro?» son algunas de las típicas reacciones ante el precio de la zapatilla deportiva media.

Unas Nike Pegasus Requeteplus, unas Mizuno Correqueloflipas o unas Asics Meriendasueldos. Pueden ser lo mejor en comodidad y seguridad (hasta el año que viene, momento en el cual serán repudiadas en pos de sus nuevas versiones) y además ayudan a las personas que quieren perder peso, pues les arrebata la posibilidad de comer ese mes.

Afortunadamente el calzado, lo más importante a tener en cuenta a la hora de correr, es también lo más caro, por lo que una vez hecho ese desembolso podemos estar tranquilos.

¿Podemos?

Yo ya no estaría  tan seguro.

«¿corres sin haberte hecho las plantillas a medida? ¿Estás loco? te vas a reventar»

«¿no usas medias compresoras? ¿estas loco? Se te van a sobrecargar los gemelos»

«¿pero todavía no te has pillado una cincha de tendón rotuliano? ¿Estás loco? ¡VAS A MORIR!»

A mi si que me va a reventar el del banco cuando vaya a pedir mi segundo descubierto para pillarme otro pedazo de tela elástico.

Es increíble la cantidad de dinero que requiere correr de manera segura y decente. Si entendemos por decente parecer un boxeador de Muai Tai.

No entiendo a que viene tanta maratón solidaria cuando quizás terminaríamos antes si donásemos toda la pasta que nos gastamos en equipación. O incluso antes si en lugar de correr nos dedicásemos a trincar por el cuello a estos ladrones y exigirles que devuelvan lo que han robado.

Ups,  acaba de llegarme un mensajico del CNI, mejor volvamos al tema.

Antes de empezar en esto del running yo tenía la firme de teoría de que todo se trataba de un complot…esta gente sabía algo que nosotros no sabemos y se preparaban para huir.

Pero al final empecé a verlo de otra manera y a apreciar las cualidades de tan solemne deporte. No tanto como para ponerles nombres etíopes a mis hijos pero si que me mantiene interesado. Por tanto me he visto obligado a gastar en una buena equipación para correr de manera  segura y…  Fardar. Dejémonos de tonterías. Esto sólo vale pa fardar.

¿Pero fardar frente a quién? ¿los transeúntes? ¿los coches? ¿otros corredores? No creo, pues para esos tres colectivos sólo significamos una cosa: estorvo

La principal diferencia entre un tío que sale a correr y un Runner son 360 euros en equipación fosforescente (mp3 no incluido). Y es que desde que Nike se ha unido a Apple en su campaña de «O lo tienes,  o vale más que te reintroduzcas en tu madre» no hay Runner que no reciba una cordial felicitación  de Nike por navidad.

Atracar a una persona que va por la calle es delito. Atracar a un Runner es una putada. Al transeúnte medio con quitarle la cartera y el móvil te puedes dar con un canto en los dientes. Dejando a esa persona más pobre y con el ego afectado, pero no tan afectado como al del Runner, cuando te veas obligado a pedirle que se desnude en tu afán por llevarte algo de valor.

«- ¿Ves eso, hijo? Es un runner.

– ¿Y por qué corre, papá?

– Básicamente para amortizar lo que le ha costado la equipación.»

Feliz año a todos. Y espero que las casi 800 visitas a este Blog signifiquen que seguiremos en contacto aunque sólo sea por aquí. Una vez más gracias por dedicarme unos minutos cada par de días. Pasadlo bien y brindad. Hay quien dice que no hay que brindar con agua porque da mala suerte, otras que hay que tomarse toda la copa.

Da igual lo que tomes,pues lo importante en estas fiestas, es eso, brindar. Sed felices.

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LA EDUCACION

Esta nueva entrada se la dedico a la gente que aprieta los párpados al mirar algo lejano.

Algo tan escaso como la educación bien debería considerarse moneda de cambio en la actualidad. Claro que es muy fácil llamar a una persona maleducada diciéndolo con la boca llena de comida a la vez que exploramos nuestro oído con el tenedor.

Y es que nosotros también debemos pasar autodiagnosis de vez en cuando. Yo cuando veo a conductores insultando a la vez que tocan el claxon me imagino que se están autocensurando sus palabrotas con cada pitido.

Antes de seguir sería conveniente que nos tomásemos un momento para ahondar en la ambigüedad del concepto de educación. Por un lado tenemos el más común en el habla popular, entendiendo éste como la adecuación de nuestra conducta a las normas de cortesía comúnmente admitidas, estando éstas al cargo de nuestros responsables familiares.

«-papa ¿puedo jugar con los enchufes?

-lávate antes las manos»

Por otro lado, nos estaríamos refiriendo a la transmisión de conocimientos a una persona para que ésta adquiera una determinada formación, también llamada educación académica.

Bien, no vamos a hablar de la educación académica. Poco podemos decir en la actualidad sobre este concepto en España, donde los estudiantes, cuando acaban la universidad, en vez de lanzar los birretes al aire como los de USA,  lanzan su gorra del McDonalds.

«-Yo soy doctorado en medicina general y cirujano. Tengo tres masters y una cátedra.

-Pues yo soy abogado laboralista y procurador y además he llegado antes así que en este cajero duermo yo».

Como decía, el tema que aquí nos ocupa no es otro que la educación social que esgrime la gente de a pié para con los demás. Si nos vamos a los orígenes de la educación de cada individuo no hay duda de que debemos pensar en los progenitores, familiares inmediatos y en resumen cualquiera con capacidad de darnos una hostia  ejercer en nosotros autoridad moral.

LA POTESTAD SANCIONADORA

Cada maestrillo tiene su librillo, en el caso de mi padre, por ejemplo, me educó usando psicología (si entendemos «usar psicología» como emplear también la mano izquierda) y me dió los valores en los que hoy en día me apoyo (si entendemos valores por muletas)

No obstante, no me preocupo por ese tópico de que un hijo criado a golpes golpeará a su hijo el día de mañana; me han pegado tanto que el día que tenga un hijo no se si podré atinarle.

Es posible que muchos consideren un cabezazo en la cara como un acto que roza el maltrato. Pero como decía mi padre, «bofetón a tiempo quita mucha tontería». Eso sí, siempre hay que seguir unas pautas a la hora de identificar y corregir los malos hábitos:

Aquel que no saluda merece un pescozón; aquel que no devuelve el saludo merece ser reintroducido en su madre.

           (Viejo Testamento según
San Mateo 13/23)

Mateo es mi padre.

Aunque el sistema educativo de mi padre es más que efectivo, quizá en la actualidad no sea tan legal. Hoy en día la educación de nuestros vástagos es un tema harto delicado. Por un lado, somos los principales responsables de su conducta en sociedad a pesar de tener la custodia compartida con la TV. Unas pautas educativas equivocadas pueden convertir a un tierno adolescente en un auténtico hijoputa problema.

Pero por el otro, las últimas tendencias sociales consistentes en contacto físico cero con la cara del niño dificultan notablemente nuestra tarea. Siendo en algunos casos necesaria la ayuda de un profesional.

«-Soy Pedro García Aguado y esto es Hermano Mayor. ¿Dónde está el niño?

-Gracias a dios que está aquí, venga conmigo. Está en su habitación,  ha roto la puerta y…

-Lo siento, no tengo tiempo. Debo ayudar a otras familias. Dele esto cada 4 horas hasta que mejore.

-¿El qué…?

¡PLAFF!»

En efecto, es una tarea que no ha hecho más que ver incrementada su complicación entre las últimas medidas legales y, cómo no, las últimas actualizaciones del sistema pubertino: las niñas de 12 años de hoy en día suspiran por sus supuestos novios; yo a esa edad soplaba a los juegos de la Game Boy para que funcionaran.

LAS DOTES DOCENTES INNATAS

Hay individuos a los que la naturaleza, la experiencia o tener unas manos como sartenes les ha dotado de un aura que incita el máximo respeto. Morgan Freeman por ejemplo: respeto tanto a ese hombre que cuando veo Secretos del Universo cojo apuntes. A estos magníficos seres no les hace falta ni soltarse una chancla para impartir obediencia en un niño.

DANDO EJEMPLO

Lógicamente, un progenitor que no comulgue  con el ejemplo jamás logrará granjearse el respeto mínimo necesario para ser escuchado y respetado por el infante. Tu hijo no abandonará una conducta si ve que tu sigues adoptándola.

«-No puedes ir por la vida siendo tan crédulo hijo. ¡Ni que fueras Piscis con ascendente a Géminis  cuando Venus está en Andromeda, por el amor de dios!»

EL ADOLESCENTE SIEMPRE TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

Claro que no todas las conductas erróneas pueden ser achacables a una mala educación; culpar a los padres de una niña de 16 años que ha quedado embarazada es como culpar a John Ford  de que te hayan pillado con tu Focus a 140 km/h por una zona de 50.

El adolescente tiene la última palabra. En el caso de mi hija sus últimas palabras podrían ser «Papá…  Me ha pasado una cosa con el Joni… » y jamás se supo de su persona.

Naturalmente, los infantes y no tan infantes están muy enterados de las tendencias de pensamiento actuales sobre la educación que les deja como retrasados Y no dudarán en usarlas en beneficio propio.

«-Es que no hay información…

-lo que no hay es ganas de ponerse la gomita Wendolin.

-eso tampoco… dame perras.»

En resumen. Que un bofetón a tiempo quita mucha tontería no es ninguna mentira. Pero antes de ejecutar sentencia deberías asegurarte de que no hayas apuntado al chaval a Vale Tudo, Muay Tai, o lo que este de moda ahora. No sea que vayas a tratar de corregirle y te haga un Perfect.

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EL FRACASO

 

Cuando una persona, independientemente de su sexo, se mira al espejo una mañana y no le gusta lo que ve, se ve más gorda, más vieja, tiene dolores que no cree merecer, etc. Es entonces cuando la palabra «fracaso» se abre paso entre  las legañas y se pone delante del sueño húmedo de la noche anterior para acaparar toda nuestra atención. 

No obstante, al ser mal de muchos nos consolamos como tontos que somos. Sabemos que eso le pasa a todo el mundo, y nos sentimos mejor, añadamos pues el sentirse bien con el sufrimiento de la gente a la lista de los muchos fracasos que cometieron tus padres con tu educación.

En serio, no pasa nada. La vida está llena de fracasos: el académico, el amoroso, el laboral, el Telegram… Y no por ello vamos a dejar de vivirla. A no ser que seas el tipo que inventó el botón ESC de los teclados. Ese sí, que se muera.

Si buscamos el origen del fracaso en nuestra raza quizás estaríamos equivocados. De hecho, en orden de mantener el rigor informativo, seguramente deberíamos remontarnos muy atrás en tiempo. El fracaso existe desde  la primera vez que el hombre se propuso algo. Digo más, el homo antecesor (que no es un gay de las cavernas como su nombre insinúa) ya tuvo sus primeros contactos con esta fuerza implacable de la existencia.

El día que este ser, llamémoslo Antonio, ya que por motivos de seguridad me ha pedido que no revele su verdadera identidad, pensó en crear una herramienta, la que fuera, un hacha de sílex, un palo afilado, lo que fuera, fue sin duda un impulso motivado porque antes intentó realizar alguna tarea para la que sus manos desnudas no fueron suficientemente eficaces. Y ahí tenemos seguramente el primer fracaso de la historia.

Pensemos durante un segundo en la sensación de desdicha que tuvo el pobre Antonio al darse cuenta de que no podia actualizar su iPhone realizar semejante tarea. Por primera vez se dió cuenta Antonio de que había cosas que estaban fuera de su alcance y que no parecía haber otra opción que aceptarlo y sufrir. Tuvo que ser como cuando después de poner la alarma en tu movil lees: «quedan 4 horas y 33 minutos para que suene la alarma».

Tengo un amigo que es karateka (qué le vamos ha hacer, no ha querido estudiar) que dice que,  según Confucio, una persona que,  sin ánimos de ofender, para ser chino tiene un nombre raro de narices, «fallarás el cien por cien de las cosas que no intentes».

Yo no estoy tan seguro, Confu… Hay una serie de cosas que mejor dejarlas a un lado, pues son un fracaso anunciado, como por ejemplo elegir un password o contraseña.

No existe ni una sola persona con acceso a Internet que se libre de enfrentarse a frases automáticas de sistema como:

«lo sentimos, su password ha de tener como mínimo 8 letras, un número, un versículo de la biblia y un nombre de Pokemon legendario»

O…

«lo sentimos, viendo la mierda de password que ha elegido dudamos mucho que haya nada de valor sobre usted para guardar»

Claro, al final tanta contrariedad acaba ofuscado al usuario.

«El password es muy corto, el password debe contener un número, es pasword debe tener al menos… ¡¿ME DISE TÚ EL PASUOR O KÉ ASE?!»

                   Anónimo (visto en Fb)

Y hablando de fracasos no podemos dejar de lado un gran invento como es el autocorrector.

«Cerebro: ¡He inventado un poema con el que enamorar a Susana!

Pulgares: ¡Bien, nosotros vamos a escribirlo!

WhatsApp: ¡Genial, yo lo enviaré!

Autocorrector: Me vais a comer todos la p…»

Y no os creáis que pasa sólo con el castellano. Hay que leer bien todo antes pulsar la tecla de enviar

Lo que quieres decirle:
«it’s not you, honey.  It’s me»

Lo que ella va a recibir:
«it’s not you, honey.  It’s melissa»

No podemos librarnos del fracaso porque es inherente a la raza humana. Nada más lejos de mis pretensiones el desanimar a nadie. Todo lo contrario, al igual que mi amigo Confu, que está muerto, os animo a no rendiros nunca. Eso sí, teniendo claro este dato. Cualquier cosa que hagas implica la posibilidad de fracasar. Y si no que se lo digan a Antonio, el gay de las cavernas.

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