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La vuelta al cole y la madre que lo parió 

Hola amigos. Os preguntaréis qué he estado haciendo hasta ahora. Por qué Supereze no ha sido capaz de dignarse a abrir la aplicación que le conecta con vosotros y hace vuestras  vidas  menos placenteras.
Pues he estado liado. Si, he estado estudiando muuuucho mucho mucho y al final he suspendiiiiido ido ido. Por cierto, ¿por qué cuando la gente aprueba dice “aprobé” pero cuando suspende dice “la culpa es del corrector ortográfico? En fin. Misterios.

Como decía, he estado un poco liado y aunque en breve volveré a estudiar (y espero que no a suspender), me gustaría seguir compartiendo algunas cosas con vosotros. Si es que aún me queréis. Y una de ellas es la razón por la que, aún habiendo terminado los exámenes en junio, vengo a subir una entrada ahora.

Dicha razón consiste en que he tenido un compromiso tan ineludible como complicado que ha requerido de todo mi esfuerzo y dedicación: forrar los libros de texto de mi ahijado.

Bien, permitidme que ahonde un poco en el asunto. Cuando el abajo firmante era pequeño (y gordo) los libros de texto sobrevivían unos cuantos años. Me explico: Tú pasabas de curso y el libro era el mismo que el del año pasado. Lo que te brindaba la posibilidad de heredar los libros de tu hermano mayor (no del repetidor, lógicamente, sino del que ahora trabaja en Alemania) y ahorrar a tus padres un dinero, además de otra discusión del tipo “te dije que era mejor tener un perro”. 

Ahora la tónica es bien distinta: los libros cambian cada año. En un alarde de sentido del humor, los mercados dicen que porque así la educación se mantendrá siempre actualizada. Normal, uno nunca sabe cuando 2+2 puede pasar a ser 5 y no 4.

En fin, quejas anticonsumistas a parte, la realidad es esta: Los  libros de texto durarán, no sólo en las manos de tus hijos, sino en las de cualquiera, un año como máximo. Salgan cuando salgan.

Bien. Dicho esto, yo me pregunto:

¿Qué coño le puede pasar a un libro de texto en un año que te obligue a tener que forrarlos? 

Humildemente os pido perdón por mi lenguaje pero esto se me antoja el colmo del gasto innecesario. O sea, no es suficiente con los 400 euros de media que vas a gastarte comprando todos los libros cada año que encima tienes que invertir en un plástico para protegerlos… de qué…

Porque antes tenía una razón de ser esta protección adicional. Aquello pasaba de mano en mano, de mochila en mochila, etc. durante varios años. A parte de la oxidación natural del papel al paso del tiempo,  claro. Aquellos libros tenían que durar.

Encima del gasto económico hemos de contemplar también el trabajo que implica forrar correctamente un libro: Evitar dobleces, burbujas (que acabábamos pinchando con el compás) y un largo etcétera para dejar protegido un libro para los años que tenía por delante.

Pero hoy…  un año…

Qué me perdonen los fabricantes del engorroso plastiquito. Pero veo una estupidez forrar un libro. Pues lo peor que puede pasarle está en la cabeza del cafre de tu hijo. Porque reconozcámoslo, se tarde lo que se tarde en plastificar esa fuente de conocimientos, a la semana va a tener un pollón como la manga de un abrigo dibujado en la contraportada. Y perdón por lo de contraportada. 

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Pequeña reflexión sobre el mundo

RUSIA
tienes 2 vacas
El estado te las quita y te da leche de vez en cuando

ALEMANIA
Tienes 2 vacas
El estado te las quita y te vende la leche

FRANCIA
Tienes dos vacas
No dan leche
Reaccionas rompiendo las botellas de leche del camión de reparto que compran tus vecinos

ESPAÑA
Tienes dos vacas
El gobierno te quita una
Tienes que ordeñar la vaca que te queda pero hoy hay Champions
Tienes que alimentar la vaca que te queda pero hoy hay Mundial
Tienes que limpiar la vaca que te queda pero GOOOOOOOOOL
La vaca muere
La culpa es del gobierno

ARGENTINA
Tienes 5000 vacas
No sabes que hacer con ellas así que te las comes
Emigras

GRAN BRETAÑA
Tienes 2 vacas
Las vacas están locas

LA INDIA
Tienes 2 vacas
Las adoras como dioses
Tus hijos mueren de hambre
Los tiras al río y sigues rezando

IRAK
Tus vecinos creen que tienes muchas vacas
Tú lo niegas
Tus vecinos te bombardean y se meten en tu casa
Ahora tienes 0 vacas y 0 hijos. Pero oye, por fin tienes democracia

ESTADOS UNIDOS
Tienes 2 vacas
Vendes una para comprarte un Iphone
A la otra le exiges que dé la leche de 4 vacas
La vaca muere y tú usas el dinero de la otra vaca para contratar un abogado y saber quién te ha matado la vaca
Oye… ¿El vecino no tenía una vaca?

GRECIA
Tienes 2 vacas
Te las comes
Pides ayuda a los vecinos
Tus vecinos te prestan una vaca
Te la comes
Pides ayuda a la asociación de vecinos
Tus vecinos te prestan otra vaca
Te la comes
Tus vecinos vienen a por las vacas que te prestaron
Tu no abres
Vuelven a tocar
Abre tú madre y les dice “jroña ca jroña”

IRLANDA
Tienes 2 vacas y mucho alcohol
Una de las vacas resulta ser un caballo

CHINA
Tienes 2 vacas
Tienes a 300 personas ordeñándolas
Le dices a los vecinos que en tu casa hay una gran productividad y plena igualdad laboral
Tu hijo se chiva de que no es así
Lo castigas de por vida

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Redit CORRER

¿Qué es exactamente lo que se le pasa a una persona por la cabeza el día que empieza a correr? ¿Qué cuerda vibra en el alma de un individuo y/o/u individua para que de repente diga “mañana madrugo y…(esta frase nunca termina bien)… me voy a correr?

Son preguntas a las que jamás hallaré respuesta, o al menos ninguna respuesta que no me lleve a más preguntas. Ni siquiera si nos vamos a la principal: ¿por qué corre la gente? No me refiero a por que corrían en Alemania en el 45. No, me refiero a por qué corre la gente en la actualidad.

Correr y 2014 son dos cosas que a mi juicio no caben en el mismo contexto. Es como el alquiler de películas: Mi madre fue a un videoclub y alquiló una película ayer mismo. Fue a un videoclub… Y pago por ver una película… En 2014…

Quizás habría que buscar en la raíz del asunto. Que es Paco, ese amigo tuyo que dice correr todas las mañanas y que desde que empezó es más feliz, esta más sano, la tiene más grande etc. Encima se toma la libertad de recomendarte una marca de calzado deportivo especial para estos menesteres, el Paco. Aún no se qué razón convincente hay para ir a unos grandes almacenes y adquirir unas playeras para running. ¡Running! ¡que no es una marca como Nike o Adidas aunque lo ponga en el 90% del calzado del Decathlon! ¡que por lo visto son para correr!

Y no acaban ahí las sorpresas, le pides al dependiente que te alcance unas Nike Pegassus Requete plus, que te ha recomendado tu colega el corredor y cuando el tío te trae la caja de cartón y la abres, tus ojos sufren un infarto al contemplar semejante combinación de colores chillones. Te preguntas si son para correr o para trabajar en las pistas del aeropuerto.

Tú que en todo te fijas no puedes reprimir la curiosidad y le planteas la duda a un grupo de corredores a los que has identificado rápidamente porque entre ellos utilizan un extraño dialecto con palabras como “pronador” y “supinador” ( y porque por lo visto desde que empiezas a correr sólo puedes usar ropa de correr, ya sea para ir a hacer la compra o a una boda. No se qué tiene esta gente contra los pantalones largos) sobre a qué viene semejante colorido, a lo que los tres a la vez te contestan como si hablarán con un niño de cinco años que son colores que se ven mejor para correr de noche por carretera.

¿¡Correr de noche!? ¡y por carretera nada menos! ¿Qué pasa, que no hay aceras por la noche? Esta gente esta loca. Le arrancas los zapatos luminosos al colega de las manos y te diriges corriendo a la caja y sin mirar a nadie, no sea que aún quede alguna barbaridad por aprender de este siniestro deporte, pero aun así no puedes evitar que una voz grite a tu espalda “¡bascula más el tobillo para que no se cargue! “.

Así que aquí estás, a las 7 de la mañana de un día que promete ser memorable haciendo estiramientos que, por muy ridículos que a ti te parezcan, no son ni la mitad de ridículos de lo que opina todo el que te ve. Después de haber dedicado unos respetables 15 segundos a calentar, comienzas el trote. Todo tu ser sabe perfectamente que tú, a día de hoy, no estas hecho para correr, y te lo recuerda con discretos espasmos pulmonares, que serían más discretos si no tuvieras la nariz semitaponada. Cosa que parece venir por las Nike Pegassus Requeteplus porque tú en tu vida has tenido la nariz así.

Una serie de ideas te empiezan a rondar por la cabeza. El aire esta demasiado caliente o frio, hay demasiada contaminación, es muy temprano y la humedad molesta a los pulmones… En resumen, cualquier cosa vale para excusar lo gandul que has sido hasta hoy.

Doce minutos más tarde te encuentras sentado en el suelo con la espalda apoyada en un árbol. Hace cinco minutos que has dejado de correr pero es ahora cuando empiezas a recobrar el sentido y dejar de temer por tu vida. Miras las Nike Pegassus Requeteplus que descansan cómodamente en la parte más alejada de tu cuerpo y te acuerdas de todos los familiares de tu amigo Paco a la vez que te preguntas si podrás encasquetarselas a alguien y recuperar el pastón que te han costado.

Sacas el móvil. Y después de cerrar la estúpida aplicación para correr que te costó un ojo de la cara, llamas a tu amigo el corredor.

-¿Sí?

-¿Paco, tu qué número calzas?

-uno distinto al tuyo

-¿y eso? ¿cómo lo sabes?

-porque ya lo investigué cuando pretendía venderte mis putas Nike Peggasus Requeteplus.

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(redit) COMPAÑEROS DE TRABAJO

Como ya dije en mi anterior entrada, no me interesa comentar en qué trabajo. No obstante y visto con una perspectiva no demasiado forzada, mi trabajo o al menos lo que destaco de él es perfectamente extrapolable a la mayoría de los trabajos. Todos tenemos un jefe.

Y no digo con esto último que vaya a referirme a esas “bellisismas” personas que Dios a tenido a bien colocar en mi coronilla. Desgraciadamente hay para todos. Pero esta segunda entrada es para mis queridos compañeros.

Naturalmente no todo va a ser malo. Siempre hay alguien que te caiga mejor que los demás, con el que congeniarás, e incluso con el que puedes trabar una amistad más allá de las puertas del curro. Y que si vuestros caminos no se separan podría incluso convertirse en una gran relación amistosa.

Pero para no variar y por mucho que quiera a esas personas no las aprecio tanto como para escribir sobre ellas. Sin embargo existen otros “tipos” de “compañeros”, y ya paro con las comillas, que merecen una mención especial.

Un par de cosas antes de enumerar a esos queridos hermanos de sueldo:

1.el Sexo, salvo excepciones, es completamente irrelevante pues ambos sexos presentan gran cantidad de especímenes para cada punto de la lista.

2.El orden no altera el producto, es decir, yo no prestaría especial atención a quién aparece primero o quién último en esta relación. Dado que están puestos de manera fortuita y sin segundas. Así pues, vamos allá.

EL INUTIL (sobrinus del jefus)

Sin menospreciar a los jefes, todos tenemos ese compañero que no entendemos como ha llegado allí. Hasta el punto en el que nos hemos llegado a preguntar si a este se les olvidó entrevistarlo, hubo alguna prueba que se les olvidó hacerle o simplemente venía con el mobiliario. Pero los cierto es que este señor sabe lo justo y necesario para resultar convincente al contar en qué trabaja en una charla de bar. Pero que dista mucho de ser el empleado del mes. Aunque me constan casos en los que lo consigue aún sin proponérselo. Este Forrest Gump de tu curro se caracteriza por no tener ni pajolera idea del 80 por ciento de los pormenores de su labor. Sin embargo, es capaz de pasar sin pena ni gloria y lo que es más, llegar al final del día sin tener un solo contratiempo. Cosa que por otro lado no sería posible sin la gran labor de sus compañeros que lo cubren con tal de terminar el trabajo y salir a la hora y de algún jefe que otro que le perdona la vida alegando “es que es así”. Lo mejor de este señor es que hace la mitad que tú , se esfuerza la mitad que tú , y por supuesto se pone nervioso la mitad que tú, pero cobra lo mismo que tú . Lo cuál te hace preguntarte quién es verdaderamente el inútil de los dos.

EL PELOTA (chupaculum)

Una vez más, Dios me libre de intentar arrebatar ese título a los jefecillos, que él os acoja en su seno (cuanto antes mejor).

Poco hay que decir de este señor. ¿Recordais como eran el cole? Pues igual. Mucho ojo cuando la caguen. Un error de un pelota es igual de peligroso que una bomba, lo mejor es estar lejos de la onda expansiva.

La zona de muerte viene a ser el rango de compañeros a los que el pelota puede encasquetar el error. Y luego está la zona de radiación, que es el rango, mucho más amplio, de colegas susceptibles de ser culpables de que el pelota lo haya cometido.

TETAS CON PATAS (interestus felatis)

No quiero meter a todas las hembras en este saco. Sólo a las que están buenas, lo saben, y tienen intención de explotarlo, pero no en Hombres Y Mujeres Y Viceversa como mandan las escrituras, no, sino en la empresa en la que tu trabajas.

Esta es la mayor cualidad (o sea las dos “cualidades” ) que la define. Para una mayor compresión de esta raza vuelve a leer EL INÚTIL y ponle tetas y lágrimas en tu imaginación.

¿Has terminado de tocarte? ¿puedo seguir? Gracias

EL MÁQUINA (fantasmorum)

Todos tenemos a un compañero que lo hace todo más rápido, mejor, y gastando menos tinta de bolígrafo. No se sabe aún para qué. No se le conoce patria ni fe a estos fuera de serie. Sólo se sabe que están ahí para quedar de puta madre (ver PELOTA) y que tu te vayas a casa riéndose de él a carcajadas mientras en el fondo te preguntas cómo coño lo hace.

Mola tenerlo al lado. Pero no le lleves la contraria porque por lo visto él lo sabe todo y tú no sabes una mierda. Oye que no lo digo yo ¿eh? Lo dice EL MAQUINA.

EL VETERANO (carcamalis zopencae)

Este se cree que lo sabe todo solo porque lleva más tiempo. Y por lo general no sabe ni su nombre. Si no has tenido uno así nunca vete borrando eso de “12 años de experiencia” de tu curriculum.

El individuo en cuestión sale como los hongos en todo trabajo que conste de más de un empleado hasta el punto que si por lo que fuera lo echaran, gran acierto por parte de la empresa, automáticamente alguno de tus compañeros recogería su cetro y corona convirtiéndose en su sucesor. Evita hacer caso a este señor que suele conocer hasta un truco para que el café de la máquina sepa como el que Juan Valdés sirvió a su suegro el día que le pidió la mano de su hija.

Si te dice que hagas algo de tal manera, hazlo de la otra, si te dice que guardes tal papel, quémalo. Y si hacen un asadero los de la empresa NO LE SIGAS A EL.

EL METE MIERDA (tocahuevus impresionantis)

Otro gran personaje de esta nuestra comunidad. En realidad el METE MIERDA no es más que una mezcla indeterminada de todas las acepciones anteriores. El M. M. es ese gran compañero a sus ojos que no para de echarte a pelear con los demás. Todo a saber por qué razón. No concibe un día de trabajo sin criticar a éste o poner de manifiesto los defectos del otro. Otro al cuál, por cierto, estuvo cascándole de ti antes de ayer.

El M. M. es pelota, hipócrita, tiene celos del MAQUINA, y anda detrás de la TODAS CON PATAS pero como a ella no le interesa la pone a parir. Aprovecha siempre que puede para echarse unas risas en tu compañía a costa de otro y viceversa y suele caer bien a los jefes ya que les va con chismes de todos los anteriormente citados. Aléjate de él, dile que si a todo con la boca y que no con la cabeza.

RASPADOR. (alergicus laboralis)

Otro artista. Este individuo alberga un poder especial para hacer lo mínimo he indispensable aunque eso suela significar que el resto lo vas a hacer tú como el campeón que eres. No es un máquina pero es igual de listo que él, no es inútil pero hace lo mismo o menos. No es polémico a menos que destapen su cualidad frente a los demás compañeros. Pelota es, pero lo justo para enmascarar lo que hace frente a los jefes: nada

Y poco más queda por destacar

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Pequeño off topic

No quisiera empezar sin desearos a todos un feliz año. Ya se que ya no son horas. Pero han sido unas navidades muy difíciles (desde el punto de vista laboral) y no he tenido tiempo a penas de ver lo que se ha ido cociendo en mi Blog ni en el de la gente que sigo y admiro.

Tanto es así que he llegado a la estimable cifra de 100 seguidores y más de 4000 visitas y no me había dado cuenta hasta hace relativamente poco. Os doy a todos las gracias por leerme y más aún a los fenómenos que comentáis mis entradas. Y os pido disculpas por haber pasado tanto tiempo sin haber compartido más entradas. Pero os aseguro que sigo ahí  al pie del cañón. No voy a prometemos que voy a recuperar mi ritmo de una entrada semanal, pero os prometo que lo voy a intentar. Sin más me despido dedicandoos todo mi cariño (pero que corra el aire) y deseeandoos que seáis felices y que nos sigamos viendo por aqui

Un saludo

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EL LENGUAJE SOEZ

El autor de esta entrada se halla en el deber de advertir al lector que está a punto de toparse con ciertas palabras malsonantes con cierto potencial para herir su sensibilidad. Sobretodo si es usted un puto santurrón blandegue y casi con toda probabilidad homosexual.

Hay una especie de justicia poética en que la primera palabra que te viene al quedarte sin papel higiénico sea: “¡Mierda!”

Las palabrotas llevan con nosotros desde tiempos inmemoriales. Fuera cual fuese la primera palabra que se dijo en el mundo, no cabe la menor duda de que ese día tan especial no acabo sin que se dijera alguna palabrota.

Si nos detenemos a averiguar el de la primera palabra malsonante nos encontraremos con una empresa condenada al fracaso. Sin embargo no es tan difícil suponer que ha habido una serie de momentos que, por la frustración en ellos reinante, pudieron ser el origen de muchas expresiones de dudosa honra como las que nos atañen. Uno de estos momentos duró más de medio siglo:

LA LATA QUE PROVOVOCÓ QUE EL NIÑO JESÚS LLORASE

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Estamos en 1810. El gobierno francés lleva a cabo una campaña en busca del mejor método para la conservación de la comida en campaña (los camiones de tomates no valen). Entonces aparece un señor muy listo y muy práctico con un bote bajo el brazo. Así hace acto de presencia la famosa lata de conserva. Como diría Iker “pulseritas” Jiménez, hasta aquí todo normal.

Los soldados francos verían, gracias a esta maravilla moderna, una sensible reducción en su índice de enfermedades derivadas de comer comida en mal estado y su dieta se volvería más agradable al paladar. Pero siempre hay un punto negativo en toda historia. Y es que el abrelatas no fue inventando hasta casi cincuenta años después.

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No hace falta ser muy perspicaz para imaginar la cantidad de improperios que nacieron por no tener abrelatas; santos y santos bajados del cielo sin contemplaciones ante la imposibilidad de los hambrientos guerreros de abrir el botecito de las narices. Una auténtica algarabía de palabras horribles como las de la elfa del Señor de los Anillos llamando a un río de caballos de agua.

Cierto es que el ser mal hablado no te abrirá muchas puertas en la vida, a no ser que digas “Abre, coño” (Bueno, igual esa frase tiene otras acepciones que no tienen cabida en un Blog culto e inocente como este). Pero no deberíamos condenar el uso de las palabras malsonantes solo por el mero hecho de serlo.

VULGARIDAD VERBAL COMO ALTERNATIVA AL PROZAC

No se trata tanto de un problema de educación como de una cuestión de necesidad. Aunque no está comprobado científicamente, un martillazo en el dedo duele menos con un “¡Joder! ” que con un “¡cáspita!”. Esto es tan verídico y efectivo como que el hombre espera y la mujer… hace esperar.

“—María. He conseguido mesa para aquel restaurante que te gustaba.
—¡Bien! Voy a vestirme.
—Es para dentro de 3 meses.
—¡¿Ya estamos con las prisas?!”

Señoras y señores del jurado, el desahogo que aportan las palabrotas no lo pueden aportar ni las drogas. Ocasiones como esa en la que te preparas la cena perdiéndote la película porque no llegan los anuncios, al final te sientas frente a la tele con tu cena… y cenas viendo los anuncios. No me digáis que el asunto no merece al menos un “¡me cago en…”.

También sirve para esa época de tu vida en la que te dan ganas de afilar el palo con el que tocas a la gente. Como cuando el guardia de seguridad de la oficina de empleo te dice en un arranque de originalidad “quieto parado”. Debería ser legal poder insultarle.

¿Qué otra cosa que no sea una palabrota puedes liberar a la atmósfera cuando trabajas con incompetentes (a parte de tí, quiero decir) que no pueden dejar pasar ni una sola ocasión para demostrar sus “virtudes”?

“—¡GRANAAAADAAAA!
—… Tierra soooñada por miiiii…
—¡Cuerpo a tierra, gilipollas!”

Cualquier ocasión es buena para bajar Santos del cielo. En casa, por ejemplo. ¿O acaso conocéis vosotros a algún vecino cuyo hijo sepa tocar bien la maldita flauta? Que no es que me caigan mal los vecinos. Yo no soy capaz de odiar a una persona durante más de diez minutos. Cambiando de tema: ¿sabíais que en diez minutos puedes matar a una persona y ocultarla?

Esta es solo una ínfima parte de las razones por las que no debemos criticar el lenguaje soez ni a la gente que lo emplea. Pues todos tenemos a una verdulero dentro. Solo necesitamos una fuente de inspiración que ayude a exteriorizar nuestros sentimientos.

“—¿Es cierto que usted se cagó, y cito, en los muertos pisoteados del demandante así como en la puta idea qué tuvo la zorra de su madre de concebirlo?
—No, Señoría. Lo que yo dije fue ‘Reinaldo, amigo y compañero del alma, creo oportuno indicarte que estas derramando el metal fundido sobre mi espalda y eso, en honor a la verdad, me escuece un pelín’ “.

Sin más me despido hasta otra entrada, amigos. No sin antes compartir con vosotros una duda que atenaza mi alma:

Si cuando al final de ese programa llamado El Jefe Infiltrado, los empleados entran a hablar con el jefe sin disfrazar, pero aún así no lo reconocen como su jefe… ¿para que lo disfrazan al principio?

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LA GENTE MAYOR

“Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir más tiempo”

          Charles A. Sainte-Beuve

Hoy voy a hablaros de un gran colectivo cada vez más numeroso según los últimos estudios debido a la falta de natalidad y un aumento de la longevidad general: la gente mayor. Al decir esto me siento como Manuel Torre iglesias, presentador del programa Saber Vivir dedicado a la salud y los buenos hábitos para mantenerla. “Mi gente mayor -decía- mi queridísima gente mayor“. Siempre me resulta impactante ver a un señor mayor dirigirse a su propia quinta como si no formase parte de ella.

El gran Pepe Colubi decía que este señor (M. T.) planeaba dominar el mundo. Que estaba adiestrando una raza de superabuelos sanos y fibrosos que sólo comen verdura, que a penas duermen y son capaces de cubrir grandes distancias a pie armados con muñequeras medidoras de tensión. Colubi aseguraba que algún día nos arrepentiríamos de infravalorarlos.

Javier Cansado, gran humorista parte de la pareja cómica Faemino y Cansado, por su parte aseguraba:

“El día en que los viejos entiendan que no tienen nada que perder, dominarán el mundo”

En fin, muy fan de Manuel Torreiglesias. Para nuestros amigos que no conozcan su gran labor, aquí os dejo una foto de nuestro héroe con uno de sus amigos de la infancia.

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Lejos de lo que pueda parecer después de leer algunas de mis entradas en las que toco el tema de la tercera edad como en conducir, yo adoro a la gente mayor, mi queridísima gent… ¿¡Veis¡? ¡es qué no puedes evitarlo! ¡qué grande eres,  Torreiglesias!

Como decía, soy un firme defensor de estas sabias y menospreciadas personas y creo que hay que apoyarlas y ayudarlas. Yo lo hago a menudo, y es porque disfruto mucho ayudando a la gente mayor.

Una de mis prácticas favoritas para con mis mayores es ayudarlos a cruzar. El problema es que hay algunos que todavía no saben que quieren cruzar. Ellos se suelen negar pero yo imagino que es por cosas de la edad que se les va la cabeza y eso.

Se les va tanto que muchas veces justo después de cruzarlos van los muy pillos y vuelven a cruzar. Menos mal que me gustan los retos…

Algunos me miran mal. Pero yo me lo tomo con filosofía. Yo no hago estas cosas por los agradecimientos. Y si, es de bien nacido ser agradecido, pero mi inteligencia está muy por encima de esos nimios rencores ¿qué le vamos hacer si son todos unos malnacidos?

Un aspecto que no sólo no comparto, sino que además no permito que se atribuya a la gente mayor es la falta de cultura. Máxime cuando a muchos de vosotros os quitan el autocorrector y no sois naide.

“¡Como encuentre al carbón que me ha reactivado el fruto autocorrector le corto los cojines!”

Por otro lado, y aún manteniéndome defensor de las virtudes de la tercera, tengo que decir que ya no hay abuelos como los de antes, que a las diez de la mañana ya llevaban tomados dos carajillos, un coñac y dos sol y sombra. Ahora a lo sumo se toman un Danacol: otro de esos yogures de beber diminutos que al parecer tienen cada uno una finalidad distinta relacionada con el colesterol, las defensas, etc. pero que a mi juicio salen todos de la misma cuba, en donde han echado los yogures caducados y los han rebajado con agua para que no se note, brindándoles a estos pobres lácteos otra oportunidad para pasar por nuestros intestinos.

Y es que los abuelos ya no son lo que eran. A mí mi abuelo jamás me dio un caramelo Werther’s Original y estoy seguro de que a él tampoco se los dio su abuelo como decía el del anuncio.

“—Aún recuerdo cuando mi abuelo me daba mis Werther’s Original. Igual que ahora te los doy yo a ti.

—Caballero, le repito que no le conozco, suelte esa caca de perro o al menos aléjela de mi, por favor”

Es más, teniendo en cuenta cómo sacaba mi padre la “mano a pasear” y habida constancia de que su padre lo hacía mucho más, por esa regla de tres lo único que recibiría mi abuelo de su abuelo serían martillazos en la cabeza.

Mi abuelo era un artista también. Siempre me decía “ustede lo chiquillo de ahora na más que valen pa hacer el mal” y se iba. Luego sacaba otra vez la cabeza por el marco de la puerta y repetía “¡EL MAL!” y ya se iba a beber (dato real).

Y es esta predisposición que tenían mi abuelo y su homónimo a arreglarlo todo con el látigo cinturón, la que nos lleva a abordar el siguiente tema: las manías de la gente mayor.

La gente mayor, en adelante GM (pronunciarlo en vuestra mente como yemmmh, muy importante la h al final, que representa al último aliento de vida), tiene una serie de particularidades bastante significativas que nos ayudarán a identificarlos.

Los GM’s tienen, entre otras, la curiosa manía de decir que los jóvenes de hoy en día despilfarran su vida, poniendo esto por una lastima. Y lo hacen desde la barra del bar de la asociación de vecinos donde pasan entre 6 y 8 horas diarias.

Amigo GM (esa h, que no se oye), lo nuestro es una pena, pero más pena es lo vuestro, que os queda menos tiempo. Las a estadísticas van en vuestra contra así que vosotros sabréis…

“—Qué bien te habría venido una mili de las de antes…

—¿Qué has dicho?

—Nada abuelo, nada.”

No es recomendable reírnos de la gente mayor. No sólo por las razones lógicas de respeto y educación. Sino porque todos,  en el mejor de los casos, acabaremos así. Por mucho que a los 40 empieces con el running nada te salvará de llegar a la tercera edad salvo la muerte,  que por otro lado intentas evitar a toda costa haciendo ejercicio; un círculo vicioso.

Yo por mi parte creo que ya me estoy haciendo mayor. He empezado a pensar cosas, como en que me pasaría el día dándoles de bofetones a los chavales hasta ponerles las dichosas gorras derechas. En fin, no se si me hago viejo, pero está claro que soy hijo de mi padre.

Este es un tema delicado para mí. Pero no porque tenga tanto miedo a envejecer que siga llamando “seño” a la profesora de la universidad, sino porque me hago cargo de la ignorancia de la gente respecto a los ancianos, pues se ríen de ellos como si ignorasen que tan sólo son un reflejo de su propio futuro.

Así pues, Cuando vayas a una discoteca con tus veinticinco añazos, no es recomendable preguntar entre risas qué hace ese señor que roza la cincuentena sentado a la barra mirando su ron con Bitter Kas, pues es muy posible que simplemente te esté calentando el puesto.

APRENDIENDO A ACEPTAR EVITAR LO INEVITABLE.

Por último, quiero ayudaros a aceptar el final evitar entrar en la vejez antes de tiempo. No os preocupéis, he estado buscando por internet la friolera diez minutos y he descubierto que la vejez es en cierta manera prorrogable. Hay ciertas pautas de comportamiento que debemos evitar si aún no queremos salir de la segunda edad:

-Decir “aaaaaay” cuando nos levantamos del sofá.

-Decir “es la primera vez que me siento en todo el dia”

Admitir que tengas problemas en la vista, el oído, etc. Siempre has de tener una escusa preparada para esas situaciones:

“—Del uno al diez, ¿cuál es su nivel de sordera?

—Si.”

Dejar de poner las manos delante cuando do te caes de bruces. No se a que edad empieza esto, pero los mayores desarrollan cierta predisposición a aterrizar con la cara.

Decir “la noche es joven”  a las 20:30. Es más, mejor no lo digamos nunca.

Intentar engañar al personal esforzándonos por utilizar léxico de cuando eramos más jóvenes, así que ya sabéis, cuando vayáis a la discoteque, hablad d’abuten. De esas palabras molonas nasty de plasty, ¿okidoki?.

Revelar a alguien lo que había antes de lo que está. Ejemplo: “antes de este centro comercial, todo esto era una plantación de plataneras”.

Mirar el tiempo meteorológico: Cuando tenemos 30 años el tiempo es eso que pasa cuando estás fuera -cuando eres vigilante de seguridad el tiempo es eso que pasa de la cámara 1 a la 17-. Pero a partir de cierta edad empezamos a planificar el día siguiente en función del tiempo. “hoy no salimos que va a llover”; “mañana vamos al mercado en vez de al centro, que va a hacer calor.” Estas planificaciones tendrían su sentido si pretendiésemos coronar el Everest o ganar el París-Dakar, pero no para el día a día a menos que seas mayor.

Tardar más de 10 minutos en el cajero.

Conducir como si nuestro coche solo tuviera dos marchas: la lenta y la lentísima.

Bailar con los niños en las bodas.

Todo esto lo he encontrado en 10 minutos. Lo que nos da una idea aproximada del terror general que hay a envejecer. Pero amigos, no deberíamos temer llegar a viejos. La muerte, esa fuerza implacable de la realidad,  todopoderosa, que alcanza a ricos y a pobres, al joven y al valiente. El tribunal final al que todos tenemos que dar cuenta. Tarde o temprano nos alcanzará, tengamos la edad que tengamos.

A mi parecer, envejecer es magnífico. Pues es la única manera de mirar a la cara a esa fuerza omnipotente que es la muerte y decirle “¿a qué coño estabas esperando, HIJA DE PUTA?”

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