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LA ESTUPIDEZ HUMANA

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Me fascina el término «estupidez humana». Como si hubiera otro tipo de estupidez. No digo que toda la humanidad sea estúpida. Pero lo que si estoy dispuesto a postular es que los extraterrestres deben de saber que somos una raza fácilmente conquistable si nos han visto dándole vueltas una y otra vez al movil intentando ver derecha una foto ladeada. Hay muchos ejemplos por los que no nos merecemos ser considerada vida inteligente. Sin embargo seguimos empeñados en el humanismo.

El humanismo. Esa estúpida tendencia que gente tan pagada de si misma como Luis Vives, uno de los mayores defensores de esta doctrina reivindicaba comop la creencia ciega en la posición del hombre en el centro del universo.

¡Pero si somos un fracaso en toda regla! ¿Cómo puede ser el centro del universo una raza capaz de gastar 400 euros en un smartwatch?

«—¿Te has comprado el Apple Watch?
—¡Si, es una pasada! Mira, tiene medidor de pulso cardíaco, notificaciones directas de WhatsApp…
—¿Qué hora es?
—Si, claro. Debe de estar por aquí, a ver. No, a ver por aquí…  Bueno, casi mejor espera, que la miro en el móvil.»
—… »

Cualquiera que lea esto puede pensar (y con razón) que soy de esas personas que piensan que la única inteligencia que vale es la mía (hipsters) y que pienso que el resto del mundo es estúpido. Bien, esa es una afirmación a medias acertada. Y en seguida sabréis que parte es falsa y cuál no.

Por todos es sabido que yo no soy ninguna lumbrera. Soy perfectamente capaz de encender la Batseñal para llamar a Batman y cuando llegue se me haya olvidado lo que iba que decirle.

«—Soy Batman, ¿que ocurre?
—Em…  Si… te cuento. Ya que vas a estar despierto a ver si puedes avisarme a las 7 que no me fio de la alarma de mi movil»

Porque si, soy imbécil. Y cada vez más orgulloso de ello. La última vez que me puse las gafas sin recordar que había olvidado que llevaba las lentillas puestas pensé que me había convertido en Spiderman. No salté por la ventana porque daban los Simpson y no me quería perder un capítulo que solo había visto diecisiete veces.

Lo dicho, me enorgullece mi cualidad. Teniendo en cuenta cómo les va a los imbéciles hoy en día, a mi juicio se ha convertido en algo de lo que presumir. Esta  iluminación a la que he llegado solito y sin GPS me lleva a lo siguiente.

CUANDO LA ESTUPIDEZ VENDE

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¿Recordáis a esas chonis de barrio que salían de cuando en cuando en la tele dándole patadas al diccionario? Esas niñas que iban pintadas a su juicio muy guapas y a juicio de otro preparadas para cortar cabelleras.

«—Ferretería, dígame.
—Si buenos días, quisiera una pintura para exteriores como la que lleva la chica de perfumería en la cara»

¿Nenas y no tan nenas que esgrimían el «haiga» como punta de lanza de la cultura poligonera. Que a su total y absoluta falta de educación social y cultural la llamaban «naturalidad»?

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Pues ahora resulta que esto vende. Porque se puede ser una poligonera, pero lo que sale últimamente por la tele no tiene cabida en ningún gráfico. El descaro con el que estas princesas propinan patadas voladoras al diccionario no es ni remotamente aceptable. Y eso que la Real Academia de la Lengua hace todo lo que puede por incluir sus guturales sonidos en nuestra lengua en aras de…

¿En aras de qué? No consigo imaginar en que manera puede ayudar el incluir esas aberraciones idiomaticas. Para mí que últimamente la RAE ha estado comprando costo al por mayor. Como ya hizo alguna vez antes («tío, tío, ¡pon murciélago! Jajajajaja»).

Y es que después de la «cocreta» de la eterna madre coraje, los uppercuts al léxico se han convertido en requisito indispensable, parece, para los castings de los realities.

Reality Show: no hay una expresión mas engañosa en cuanto a lo que verdaderamente representa.

¿Cómo le digo yo ahora a mi hija que el ejemplo a seguir es el licenciado en ingeniería que nos atiende en el McDonald’s y no la choni barriobajera que se forra en Salvame después de haberse hecho una «manualidad» bajo el edredón a otro en Gran Hermano?

El problema es que esta «genialidad» es cada vez más difícil de encontrar. Al menos, la de pura cepa. Sea por lo que fuere, las chonis parecen estar en peligro de extinción. Conscientes de este horrible hecho, varias plataformas y superficies han empezado campañas para proteger a esta especie. El pull&bear ver por ejemplo.

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De repente, lo inculto y soez vende, y es el pasaje para salir del asiento de atrás del Seat León del Jonathan y saltar a la fama. Como quien estudia ingeniería para que lo cojan en la Fórmula 1, Hay que buscar esa capacidad chonil donde sea. Y es entonces cuando vemos aberraciones como las «estudiantes unicersitarias» (o eso dicen ellas) de gran hermano. En concreto me encanta una rubia que yo pensaba teñida, pero al escuchar su hazañas en un par de preguntas de cultura general, me lo estoy replanteando. No puedo asistir a estos eventos de la humanidad sin pensar: ¿es esto real? ¿Hay gente así o es un papel?

En fin, creo que se me está acabando el pase de pellote, así que mejor dejar de escribir ya. No sea que me vaya a quedar tonto con tanta tontería y me recluten para Mujeres y Hombres Y Viceversa. (me encanta este título, su desprecio por las comas)

Twitter=@cansinoroyal

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¡VACACIONES! YUJUUUU

Estoy bastante seguro de que el nivel de vuestro aprecio por mí ha bajado sustancialmente conforme visionabais ese «yuju».  Apuesto a que, visto lo visto hasta ahora, esperáis que os detalle con saña unos planes vacacionales idílicos consistentes en una vida feliz y cara de una semana de duración.

Deberíais avergonzaros de pensar así de mí. ¿Cuándo os he fallado yo? A estas alturas no vale de nada intentar negar mis pretensiones de mataros a todos. Pero nunca he dicho que fuera a torturaros antes.

«¿Te vas de vacaciones? ¿Cuántos días te quedan hasta que empiecen? ¿A dónde vas? ¿durante cuánto tiempo?»

¿Alguien ha escuchado o planteado esta pregunta alguna vez en su vida (las madres no valen)? A que no… Pues entonces ¿Por qué la gente no para de dar ese tipo de datos en lugar de dar otros más interesantes como el pin de su tarjeta?

«—¿Qué tenemos?
—Varón, raza blanca. Pasó la mañana dando detalles sobre sus planes para sus vacaciones. Presenta claros signos de violencia extrema.
—Merecida
—Totalmente»

Yo he puesto en funcionamiento varias medidas para lidiar con el tema de los que se dedican a compartir sus planes vacacionales. Entre otras estratagemas he hecho circular por la oficina el rumor de que pertenezco a una banda de ladrones albano-kosovares. Así la gente se cuida muy mucho de hacerme saber que va a viajar.

Por cierto, pequeño apunte con relación a los que desgastan la frase «ambos inclusive»: siguen siendo cuatro días de mierda.

Yo, por mi parte, para decidir a dónde voy en verano lanzo un dardo a un mapamundi que tengo en la pared. Y allí paso todas las vacaciones, lanzando dardos a la pared. Porque como en casa no se está en ningún sitio. Y vosotros estáis tan de acuerdo con esto como con la política de cookies.

Permitid que me explique antes de que alguien me corte el cuello con un billete de Ryanair: ¿Cuántas veces habéis tenido un percance con alguien, sea amigo o conocido? Alguna de estas veces habréis usado cierta frase que, sin ser de mi invención, la he adoptado como mía por lo mucho que me ayuda a afrontar estos quebrantos con amigos, compañeros de trabajo, la policía etc… Dicha frase reza de la siguiente manera:

«con lo agusto que estoy en mi casa… «

Amigos y amigas, esa frase vale para todo tipo de discusión.

«¿Que no vuelva a llegar tarde? Venga hombre, con lo a gusto que estoy en mi casa.»

«Pues si te ofende lo que digo me voy. Con lo a gusto que estoy en mi casa…»

«¿Aviso de desahucio? Si hombre, con lo a gusto que estoy en mi casa»

¡Y es verdad! Por muy bien que te lo montes en tus viajes de ocio, como en casa en ningún sitio. Lo que pasa es que haces lo imposible, ahorrando o hipotecando hasta al perro, para pagar cualquier cosa que te saque de tu vecindario porque sabes que lo peor no es no irte de vacaciones,  sino tener que regar las plantas, recoger el correo y cuidar de la mascota de los que sí se van.

Llamadme mal vecino si queréis. Pero yo nunca hago ese favor. Ya en su momento postulé sobre el hecho de que la conversación ascensoril sobre meteorología debía ser el único nexo de interacción vecinal. Argumentando con pruebas fehacientes que superar esa línea tan solo conllevaría la muerte contratiempos.

Digan lo que digan los pelos del culo abrigan en casa se está muy bien. Además siempre hay cerca algún vecino con piscina que poco a poco se va haciendo amigo mío (aunque él no lo sepa).

Y es que ¿a dónde vamos a ir? ¿A un hotel? Altamente (no) recomendado. El último hotel en el que estuve era un hotel tan cutre y triste, que en vez de recepcionista tenía decepcionista. Las cucarachas eran gigantes. Un día, una enorme se me acercó a la hamaca y con un extraño acento me dijo. «Vamos a hacer Aquagym. ¿Se apunta?»

Presa del pánico, salí despavorido llamando al personal del hotel en busca de ayuda, pero el de las hamacas me tranquilizó aclarándome que la cucaracha en cuestión era un animador senegalés muy simpático que llevaba en la nómina del hotel varios años.

El Todo Incluido es lo que tiene: empieza uno a tomar cerveza desde bien temprano y luego el alcohol le juega malas pasadas. Cuál no sería mi nivel del mismo en sangre que no me calmé hasta conseguir que el conserje  rociase al senegalés con insecticida, por si las moscas. Al ver al muchacho tosiendo en el suelo hecho un ovillo me quedé más tranquilo: A las cucarachas de verdad los insecticidas no les afectan.

EL SÍNDROME POSTVACACIONAL Y TÚ PUTA MADRE

«—¿Qué tal las vacaciones?
—Cortas.
—Jajajaja, qué original eres.
—Y tú qué gorda.»

A todos nos toca volver a la rutina, ya sea de un viaje a Tailandia o de lanzar dardos en la pared de nuestra habitación. Y la rutina trae este mal cada vez más reconocido entre los expertos.

Pocas cosas a parte de la paciencia son verdaderos paliativos de este problema. Pero curiosamente y por el contrario, hay muchos posibles agravantes. Como por ejemplo insistir en revelar, paso por paso, todos y cada uno de los detalles de tu viaje.

«—Muy buenas las 508 fotos de tu viaje. ¿No tienes más?»

Ante este tipo de personas tan elocuentes, recordad: No hay ningún contratiempo en la vida que no arreglen ocho puñaladas en el tórax.

El que suscribe desconoce totalmente la relación entre el síndrome citado y el Karma, pero sabed que la intensidad del mismo es directamente proporcional al coñazo que deis con vuestras hazañas estivales.

A modo de despedida, voy a irme. Y no porque yo quiera sino porque lo digo yo. ¡Feliz síndrome postvacacional a todos!

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El BULLYING, QUE NUNCA PASA DE MODA

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La entrada de hoy no es precisamente para hacer reír. Bueno, un poco si. Hace poco me he enterado de que una pequeña personita de mi familia está sufriendo en el cole. Y a ella va dedicada esta entrada.

Quizás penséis que no es lugar para colgar esto. Pero era esto o Twitter y lo que quiero compartir no cabía en un tuit.

¿Conocéis a alguien que vaya diciendo que en el colegio le pegaban? Yo tampoco.

Encuentro fascinante la curiosa metamorfosis que sufre la gente cuando llega a la edad adulta. Muchos de nosotros hemos llorado en la cama sólo con pensar en tener que ir a la escuela al día siguiente, y no precisamente porque no quisiéramos estudiar.

Sin embargo a la hora de contar nuestras andanzas en el cole siempre situamos a nuestro pequeño Yo del lado de los malos o,  como mínimo, en un ficticio terreno neutral que,  a menos que fueras del sexo opuesto, aparecía y desaparecía como la isla de San Borondón (cuando los malotes encontraban a otr@ más gord@ que tú y te dejaban a un lado).

Por lo visto todos dábamos leña y ninguno la recibía. Quiza las víctimas simplemente no sobrevivieron a la pubertad, porque de otra manera tiene cabida que todos los que quedamos fuéramos discípulos de Nelson. ¿Qué cuerda vibra en el alma de una persona para querer, después de haber «madurado» que le relacionen con los que le hacían la vida imposible? ¿Qué clase de Síndrome de Estocolmo post partido es éste?

Todavía recuerdo cuando volvía a casa llorando y le contaba mis penas a mi madre. Y ella por toda respuesta me decía «ignóralos nené».

UNA LOCA

¿Cómo iba a ignorar a 30 hijos de puta energúmenos que me querían hacer la vida imposible durante 6 o 7 horas por día?

Incapaz de retener toda la sabiduría que desprendía mi madre en este tema me giré hacia mi padre y le conté los sucedido. Y mi padre actuó tal y como esperaba: «pues dales una patada en los huevos». Otro imbécil: ¿Cómo voy a pegarles a semejante número de condones rotos y marchaatrases?

«-Papa, en el cole me han dado una paliza

-lo importante es: ¿te vengaste?

-Pues claro, si no me vengo me matan».

Y es que es irrelevante el miedo que tu tengas. Para tus padres no son más que cosas de niños. Aunque los niños en cuestión necesiten dejar en casa un par de libros para hacer sitio en la mochila a la navaja de Curro Jiménez que esgrimen con la dulzura de su inocencia.

En fin, cuando me di cuenta que mi futuro estaba en manos de dos dementes, mi cabeza empezó a reflexionar. Como decía el gran Enrique Pinti, algo en mí cambió.

A mí en el colegio me pegaban siempre. Luego ya me apunte a Karate y después de entrenar duro y sin descanso conseguí que me pegaran en el colegio y en Karate.

Mi cambio no fue lo que se dice drástico. Pero al inicio de unas vacaciones de verano, mientras me dirigía a casa con las notas en la mano, las gafas rotas, y varios «amigos» pisándome los talones, me dije que algo tenía que hacer.

Así que ese mismo día me miré  al espejo y empecé a preguntarme cosas. Aquellas preguntas se repitieron durante varios días.

Por qué se ríen de mí

Qué les he hecho yo

Quién soy yo

Qué soy yo

¡QUÉ SOY!

Hasta que al décimo día me dije «¡ERES UN GORDO DE MIERDA!»

Supongo que cualquiera en semejante situación hubiera roto a llorar inconsolablemente ante esa verdad tan cruel. Pero pasó algo muy extraño: quizás ya había llorado lo suficientemente, quizás la calima reinante a principios de verano me había resecado los lagrimales. Pero no lloré. Es más, empecé a reirme.

Pero no sólo de mí (que tambien) sino de la situación, de la gente que abusa y ridiculiza, del resto de personas ridiculizadas y torturadas. Porque yo no era el único. Se ríen del gordo, si. Pero también lo hacen del enano, del que tiene un parche en el ojo, del que tiene brackets…

La gente teme lo que no entiende. Yo por ejemplo tengo miedo a las letras de las canciones de Shakira.

El ser humano (volviendo a la filosofía de Pinti), lo que es distinto no lo puede tolerar. Y por norma general lo que es diferente a la mayoría, o lo matamos o lo ponemos de payaso. Menos mal que a mi no me tocó lo primero.

Gracias a esta epifanía que me abordó en aquel cuarto de baño, mientras me terminaba el tercer bollicao (más bolli que cao, debo añadir) de la mañana. Empecé a verlo de otra manera. Y comencé  a trabajar en ello. Era eso o adelgazar, y con calima no se debe correr.

Cuando la persona objeto de burla deja de reflejar sufrimiento, el show pierde atractivo. ¿No os habéis fijado en que es más fácil que te pongan un apodo despectivo cuanto más lo repruebas y denuncias? Exacto.

El primer día de clase, pasado el verano, me planté delante de la pizarra, delante de los niños, delante del profesor. Por cierto este último olía ligeramente a café, quien dice ligeramente dice bastante y quién dice café dice coñac, pero ese es otro tema.

«Aquí está la montaña de grasa. -recité- No os preocupeis si no veis la pizarra que termino en seguida. Como decía, soy un gordo de mierda. Estoy más gordo que el año pasao. Me voy a tirar unos canelos que os voy a matar a todos. Y al que me llame gordo pienso darle un beso en la boca. Más que nada para premiar tanto poder de observación.

En otro orden de cosas, pienso traer en la mochila los calzoncillos del día anterior. Los cuales introduciré periódicamente en una de vuestras mochilas. No os preocupeis que habrá un cuadrante en la puerta pegado con cinta para que nadie se pelee por ello. Así, cuando hagáis los deberes por la tarde os acordareis de mí, tal y como vosotros os habéis encargado de hacer que yo os recuerde todas las tardes.

Si alguien quiere tocarme el culo mi pupitre es ese abollado de allí. Un puto héroe, diría yo, al igual que estos botones de mi camisa. No tenéis ni idea de lo que me cuesta no respirar para que no salgan disparados y os saquen un ojo.

Y se acabó, se acabaron las burlas, las persecuciones, los insultos, las tocadas de culo, los suspensos, bueno los suspensos siguieron. Pero lo demás se acabó.

@cansinoroyal

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CORRER IV

Esta entrada está dedicada a esas chicas que publican fotos suyas que parecen sacadas de catálogos de Victoria Secret y cuando las conoces en persona parece que vendan romero.

(primera entrada sobre CORRER. Leela pulsando AQUI)

¿Es correr una moda? ¿Se tratará simplemente de algo pasajero que abandonaremos en cuanto encontremos otra novia o en cuanto olvidemos a la anterior? ¿llegará un momento en el que ser Runner se recuerde con el mismo respeto que ser un trekkie? ¿un momento en el que las Nike Pegasus Requeteplus sean un artículo de coleccionista adquirible únicamente en una tienda de antigüedades o un Stradivarius?

De ser así, lo mejor es ir haciéndose ya con un par de ejemplares. Y da la casualidad de que dispongo de un par del 43 que…

Nadie sabe las respuestas a estas y otras preguntas del mundo Runner.

Un Runner es capaz de aguantar media hora sin ir al servicio con tal de no estropear su marca diaria, apretando las nalgas para detener la descarga ilegal tan fuerte que se han registrado casos clínicos en donde las nalgas se han juntado tanto que se han subido la una a la otra, cerrando el ano como si del cierre de un monedero de abuela se tratase.

Sin embargo empieza a llover y el Runner se para. Todo el mundo empieza a correr…  Y él se para… Aunque ya puestos no hay una forma más efectiva para que un Runner se detenga que gritarle «CORRE FOREST, CORRE».  Mano de santo. Se paran enseguida. Otra cosa es que reanuden la marcha hacia tí pero ese es otro tema.

Como he dicho en otras ocasiones, aunque practico este deporte/hobbie/manía/enfermedad, no hace mucho yo era una persona… difícil de mover. 

Una vez un entrenador personal me dio su tarjeta; se la devolví manchada de chocolate.

«-¿dónde está la bolsa de Doritos de 5 kilos que he traído del super?

– ¿jé bolja?»

Por suerte abandoné esa actitud y adopté una mucho más sana y dinámica, lo que me enseñó algunas cosas como la de que hay que salir a correr por las mañanas lo más temprano posible antes de que el cerebro se dé cuenta de lo que estamos haciendo.

Claro que cualquiera, principiante, amateur o profesional, puede tener un día en su vida en el que no le apetezca ir a correr. Hoy no te apetece, y no sabes por qué. Llevas tiempo dándole vueltas a una razón cuando en realidad lo que buscas es una excusa creíble por los demás.

No sufres ningún impedimento físico, si excluimos a la propia morriña; la meteorología no la ha tomado especialmente con el día y no hay ninguna prohibición por parte de las autoridades de salir a correr con motivo de algún apocalipsis Zombie fortuito.

Sea como fuere, tú no tienes ganas de correr hoy. Pero tampoco quieres que los demás se aperciban de ello. No puedes permitir que la gente sepa piense que eres débil. Y para evitar eso, no hay nada como una buena enfermedad improvisada. Eso sí, al revolver el Frenadol no olvides hacer mucho ruido con la cucharilla, a fin de que todo el mundo aprecie lo malo que estás.

No quisiera despedirme sin decir algo que se me ha ido quedado en el tintero en mis  anteriores entradas sobre correr:

Antes de correr hay que calentar, después de correr hay que estirar, y después de estirar hay que DUCHARSE.

Digo esto último porque en este tiempo con corredores he podido advertir que el animal mitológico favorito de algunos es el champú.

«-mira hijo, conservamos el champú de cuando eras pequeño

-aquí pone champú para ornitorrincos…

-lo que importa es que ahora eres muy guapo cielo»

Bueno Runners. Os dejo por ahora, que he agitado el bote de ColaCao sin cerrar la tapa y ahora soy una modelo de Max Factor.

@cansinoroyal

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COMPAÑEROS II (el bestiario continúa)

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Esta entrada está dedicada a esas madres que tiene 8 hijos y luego se escandalizan si ven un pene en la tele.

(primera entrada sobre COMPAÑEROS, leela pulsando AQUI)

Ya ha pasado algún tiempo desde aquella primera entrada sobre COMPAÑEROS. No hablo de la serie de señores que iban a clase con 35 años, sino de aquel pintoresco bestiario que creí oportuno elaborar y que con el paso del tiempo vosotros, amigos, habeis tenido a bien ayudarme a extenderlo con ciertos especímenes que se me escaparon.

Esta lista ha ido aumentando hasta tal punto que ahora he decidido mezclarla con otros de mi personal descubrimiento (estaban por ahí escondidos, haciendo fotocopias)  para continuar la relación.

Espécimen 422. EL REBAÑA MARMOLES (Jalatis Ajenus)

Una vez más me atrevo a asegurar que todos tenemos o hemos tenido un compañero pasado de kilos (o de cannabis) que ha sido bendecido con una gula superior a la media que, al ser incapaz de aplacarla con lo que le cabe en su tapper, si es que trae, el Jalatis Ajenus se ve obligado a internarse en esa tierra de nadie que son las baldas de la nevera del trabajo.

La OMS recomienda como medida preventiva cepos de oso alrededor de la nevera, tappers «senuelo» con nuestras deposiciones del día anterior, etc…

EL CANSINO

Si el primero de la lista es un afamado devorador de alimentos, hay una subespecie que ambiciona algo menos palpable que tu sándwich pero igualmente importante: tu atención. Ese es sin duda el CANSINO . Veamos sus variantes:

Espécimen 4138 (Oratorium Exfinis)

El Oratorium Exfinis u Orador Sin Fin pertenece a la categoría de los cansinos desde siempre. Su modo de ataque consiste en ráfagas de palabras aparentemente inocuas pero que van mermando la paciencia de la víctima hasta hacerla estallar.

La Organización Mundial De la Salud recomienda evitar entablar amistad desde buen principio y resistir con monosílabos hasta que pase otra víctima potencial.

La federación entenderá como una práctica poco lícita señalarle víctimas al 4138 para salvar la vida propia. El infractor corre el riesgo de ser privado de la licencia federativa de pesca con caña

Especimen 4139 (Oratorium Tactilae)

El Oratorio Táctil tardó un poco más en ser encuadrado en los CANSINOS debido precisamente a la singularidad que le da su nombre. Ésta consiste en que no para de dar toquecitos con los dedos o el dorso de su mano mientras habla, por lo que en un primer momento fue catalogado en la línea de los ABUSONES.

Dicha técnica puede crear a largo plazo hematomas y posteriormente la muerte. La federación archivó un caso en 2009 en el que un 4139 ejecutó a diecinueve compañeros de trabajo, una limpiadora, dos vigilantes de seguridad y al negociador de la policía consecutivamente mientras contaba la sinopsis de una película que había visto, hasta que fue abatido por las autoridades.

Indicar que éstas tuvieron que recurrir a un francotirador en aras de la seguridad de los efectivos, que no se atrevían a acercarse.

Espécimen 4530: QUEMADO CRONICO (Amargatum Persé)

Los Quemados Cronicos suelen tardar un tiempo en manifestar sus características distintivas. Pero tarde o temprano, cierto compañero destacará entre los demás por manifestar, cada vez con más frecuencia, ciertos descontentos con los jefes, los compañeros, el convenio, el color del papel de la pared, etc.

Combinan esta faceta los Quemados con cierta tendencia a sospechar y acusar de esquiroles o esclavos del sistema a los que no le siguen la corriente añadiéndose a su protesta matutina.

Por muchos estudios que se efectúen, es imposible hallar un motivo concreto por la que pudiere aparecer esta dolencia y mucho más una cura.

Dada la extrema capacidad infecciosa del espécimen, la OMS recomienda evitar a estos individuos en la medida de lo posible y un poco más. Aunque ello signifique saltar por una ventana, esconderse detrás de un cuadro o hablar con una limpiadora.

LOS JEFES AUTOPROCLAMADOS (Mandonus Infelictus)

Todo trabajo en dónde haya más de un empleado supone un perfecto caldo de cultivo para el Infelictus, tambien llamado «Casco Blanco»  por el resto del personal.

El infelictus es célebre por atribuirse a sí mismo más «responsabilidades» de las que a su puesto se le supone. Y dado que quien tiene una responsabilidad, tiene una potestad, se otorgan -una vez más, ellos mismos- una autoridad más allá de su competencia, de la que se sirven para dar ordenes a sus semejantes y, dado el caso, recriminar los fallos de estos en voz alta y sancionadora.

Albert Quitter, vicepresidente de Comisiones Obreras (C. C. O. O.) Recomienda como medida cautelar ante un posible caso de Mandonus Infelictus, un cabezazo en la cara. «De ser el posible huésped de mayor estatura que el encargado o encargada de aplicar el correctivo, dicho huésped está obligado por los estatutos del trabajador a facilitar una silla o metodo similar para igualar la altura de ambos» indica Albert.

Espécimen 2899: RECAUDADOR NO OFICIAL (Mendigus Caradurae)

Todos tenemos un compañero despistado. Si entendemos por despistado el dejarse la cartera cuando hay que ir a comer, o no llevar suelto cuando va a la máquina de café.

Para esto último tiende a pasearse alrededor del aparato con un billete de 20 pidiendo cambio hasta que alguien, por pena o por perderlo de vista, le invita al brebaje. Es curioso como dicho billete desaparece a la hora del desayuno.

De la misma manera este sujeto es capaz de pedir el móvil a un compañero para «mirar una cosa» y alejarse hacia una esquina, no soltando el terminal hasta haber pulido todos los megas.

Máx Maximice, superviviente ocasional y presidente de la Federación del Puño Cerrado recomienda una táctica que,  si bien tardaremos en pulir, podremos poner en práctica desde el primer momento. «Ábrete la cabeza con la pata de una mesa que previamente hayas arrancado» apunta Máx.

Hasta aquí la segunda entrega de COMPAÑEROS. Si alguno de vosotros tiene en mente otros especímenes os ruego no dejes de comentárselo por cualquiera de los medios que tengáis al alcance.

@cansinoroyal

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CONDUCIR 2 (aparcando)

Esta nueva entrada va dedicada a mi vecino, por su acierto al decidir que un tambor sería mejor regalo de reyes para su hijo que una Nintendo Ds.

Como dije en mi anterior entrada de CONDUCIR, la cuál recomiendo encarecidamente  que os leáis antes de ésta; pues de no hacerlo correis el riesgo de que esto que voy a decir no tenga maldita la gracia, pocas cosas hay que me causen más satisfacción que conducir. Y eso que, cómo también dije,  hay gente que pone todo su empeño en matarme evitar que disfrute.

«Sólo conozco dos tipos de conductores, los que no tienen ni puta idea de conducir y los que son unos hijos de puta conduciendo»

Al abordar este tema uno piensa en autopistas y coches a toda velocidad, pero esta vez pensaba acercarme más a otros aspectos de la conducción de los que no se habla tanto como, por ejemplo, aparcar.

¿Quién no ha pasado más de una hora dando vueltas para estacionar preguntándonos si la siguiente será la definitiva?

Por cierto:

¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando buscamos aparcamiento?

¿Es que pretendemos oír el hueco antes de verlo? En fin, manías. Qué sería de nosotros sin ellas, como la de explorarnos la nariz cuando estamos en los semáforos. Si estos durarán más miedo me da lo que haríamos con el dedo.

Menos mal que el ayuntamiento, fiel cuidador de nuestra educación, ha tenido a bien para combatir esta fea manía el contratar a esos muchachicos vestidos como si acabasen de salir del XUXA Park y muchachicas de sobaca mora (axilis inafeitabilis); que hacen el gilipollas cosas con unos palos a lo largo del paso de peatones. Por cierto, a ver si cambian un poquito el guión, porque yo hasta que no muera uno de un palazo en la cabeza no pienso darles un duro, aviso.

Pero la de aparcar es posiblemente la más desagradable y cargante faceta de conducir, buscar y buscar sitio para nuestro utilitario. No podemos evitar buscar en nuestra memoria una película americana, sólo una, en la que el protagonista no encuentre sitio para aparcar en la misma puerta del sitio a donde va. Vemos como el reloj va avanzando y la desesperación te lleva a preguntarle a un contenedor si va a salir o esta aparcando.

Pero ya hemos encontrado sitio. Ahora tocan las maniobras.

Sabes que un amigo es UN AMIGO cuando es capaz de recorrer el medio metro que has dejado desde su puerta hasta la acera sin emitir comentario alguno.

Momento en el cuál tu no puedes reprimir la famosa frase exculpatoria de «es que este no es mi lado, yo aparco mejor por la izquierda»

Por fín, primer problema del día solventado. Ahora toca llevarse el radiocasete. Ah, no. Que ya no hace falta. Cuánto atractivo, cuánto swag que dirían los del Twitter, hemos perdido con la incapacidad de ir por la calle portando el radiocasete. En aquel bolso bandolera negro en el que cabían, oh si, los papeles del coche.

Por eso cuando veo un chaval con uno de esos bolsos cuadrados golpeando su cadera pienso «mira, ahí va otro gay hipster de esos a los que les gusta lo vintage». Una pena que le moleste tanto ese bolsito cuando juega con los palos en el semáforo.

No quisiera despedirme sin rogaros un minuto de silencio por aquel visionario que decidió poner toda la carne en el asador y montar una empresa de bolsos porta casetes. Seguro que el pobre ya ha vendido todo lo que tenía en su casa para poder comer, a excepción de su betamax, su laserdisc y su bandera pro franquista.

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SEGURIDAD SOCIAL PARA LOS COCHES YA

Hoy he protagonizado una epopeya de lo más interesante:  He llevado el coche a la revisión preITV.

¿No os parece interesante? Pues los del taller estaban la mar de interesados…

No veo de recibo aprovechar este nexo que nos une para despotricar en contra de la inspecciones de vehículos que el estado, celoso cuidador de nuestra seguridad, ha tenido los cojones de a bien poner en el camino del conductor. No obstante, si que veo de recibo (y más después de haber visto el «recibo» del taller) ahondar un poco en esas maravillosas personas que son los mecánicos.

El gremio de mecánicos, según  dicen, no es en absoluto un gremio bien pagado. Claro que también dicen lo mismo del de veterinario y… Bueno.  Dejémoslo en que los médicos de los animalicos tendrán su merecido en otra entrada.

Yo no digo que los mecánicos sean malas personas, al menos no de nacimiento. Seguramente algunos tuvieron infancia, con padres que les querían y brillantes regalos de Navidad.

Pero el hecho de que entres al taller a preguntar una dirección, y cuando te des la vuelta encuentres  tu coche suspendido a dos metros de altura mientras un señor de manos callosas y ataviado con un mono azul/camuflaje urbano le falta al respeto por debajo mientras mira con ademán de reprobación y te dice «no se si voy a tener esto para hoy», quieras o no le hace flaco favor a su reputación.

Dios me libre de pretender atacar a los mecánicos y a otros trabajadores de pareja alcurnia. No obstante, mas pero aunque sin embargo, me veo en la obligación moral de hacer algo. Y no veo mejor solución que la de pedir, digo más, exigir un seguro que cubra de una vez las necesidades médicas de nuestros vehículos.

Se acabó esperar a cobrar para que atiendan al miembro más importante de la familia. Se acabó el echarnos las manos a la cabeza ante los despiadados números con los que nos atacan los mecánicos. Y se acabó el tener que llevarlos a talleres de dudosa moral y profesionalidad.

«-¿Qué le pasa al coche?

-Tiene estopiñado el coryonador izquierdo.

-¿Seguro que es usted mecánico?

-¡Claro que sí! Mire los almanaques de la pared.

-ah, menos mal. Usted perdone,  es que hay cada uno por ahí… »

Se acabó el que nos reciban de malas maneras.

«-Usted cree que tendrá arreglada mi rueda para mañana?

-Me la trae floja.

-No puede ser,  si le eché aire antes de venir.

-No me ha entendido»

En resumen, un servicio de calidad, rápido y amable. Igualito que el de la Seguridad Social… 

¿No?

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LA TEORÍA DE LA HIJOPUTABILIDAD

La entrada de hoy está dedicada a esas cajeras que disfrutan creando el Caos diciendo «pasen por esta caja por orden por favor».

Hola, y bienvenidos a las clases a distancia de mateprobafisidistica del profesor Supereze. Hoy vamos a aprender a calcular el factor de Hijoputabilidad de un sujeto basándonos en una serie de variantes que nos permitan crear la ecuación necesaria para realizar un perfil de la persona sospechosa de ser un HP.

Esta práctica nos será de inestimable utilidad en nuestro día a día, tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Un poco de historia…

En la época de los sumerios (allá por marzo del siglo uve palo palo), el rey Fulano Equis Palo Uve reunió a su consejo de sabios alegando encontrarse cabalgando en la melancolía. La culpable de tamaña tristeza no era otra que su prometida, la cual había experimentado una serie de drásticos cambios de humor conforme se acercaba la fecha de la boda.

«-¿que te pasa nena?

-nada.

-Vale.

-si, eso, ¡PASA DE MÍ COMO SIEMPRE GILIPOLLAS!

-¡¿pero amor qué es lo que pasa?!

-nada.»

La pasión de Fulano era equiparable a la empresa, pues temía que aquella «enfermedad» empeorara con el enlace. Tales eran sus temores que llegó a vivir con el miedo a  que su descendencia heredase ese rasgo tan común extraño en la mujer. Así anduvo escuchando, alicaído e inconsolable, canciones de gotas en la ventana y pijama.

Pero un día sus consejeros, que habían estudiado el asunto sin descanso, acudieron a su regia presencia y le plantearon una teoría que ahondar en el por qué de esos caminos que había tomado su prometida: la Teoría De La Hijoputabilidad, que consiste en la siguiente ecuación.

Hp = XXX (St + Tr + inf)

Donde:

XXX = tiempo transcurrido desde la última relación  sexual

St = tiempo transcurrido desde la última visita al WC (streñimientus) 

Tr = contratiempos laborales en el dia

inf = traumas en la infancia

Calculadas estas magnitudes tenemos que

•    A mayor incremento de cualquiera de los valores, mayor incremento de la Hijoputabilidad. Por otro lado, si reducimos el tiempo desde el última relación sexual a 0 (XXX=0) tenemos que:

Hp=0(St+Tr)

¡¡¡Hp=0!!!

Demostrando así que justo después de practicado el encuentro carnal. El sujeto debería de ser más manso que una cesta de gatetes.

Aún  así,  hay otras tantas variables que se han ido añadiendo en posteriores estudios con el paso del tiempo que no han hecho más que hacer la fórmula muy poco fiable. En conclusión, el enunciado de del teorema sería el siguiente:

Quédate con la que tenga el sofá más cómodo, porque enfadarse se enfadan todas.

No debemos olvidar que por cada sujeto potencial, hay un detonante que provoca su mal desarrollo, haciéndole susceptible de mostrar los síntomas del denominado síndrome Hp.

«-Cielo, ¿me ayudas con un problema?

-Claro nena. ¿Cómo de grande quieres que se vuelva?»

Pero no todo se trata de problemas de convivencia. Una infancia cargada de traumas y complejos puede volvernos un claro candidato.

«-Estas reuniones son para tratar traumas desde el respeto, la comprensión y el cariñ…

-¿Puedes abrir una ventana?

-Vaya… ¿que os parece? El puto gordo tiene calor.»

La infancia de la generación actual puede haber resultado de lo más traumática, pero no tanto como otras anteriores como la de mi abuela,cuyo primer beso fue interrumpido por el llanto de su tercer hijo. 

«-anda que no te hubiera venido bien a ti una buena mili…

-¡¿que has dicho?!

-nada Abuelo, nada»

Nuestras amistades tampoco están a salvo de caer en el síndrome Hp.

«PLAFF

-¿pero a qué a venido esa bofetada?

-acabo de llegar a la cárcel, y aquí hay que hacerse respetar desde el primer minuto.

-ya,  pero no en la carcel del Monopoly.

-mi putita va tirar los dados o no?»

Estos no son más que unos pocos de los cientos de ejemplos posibles en los que queda patente la necesidad de una táctica para identificar y aislar a los potenciales HP.

Hay exponentes que no elegimos (familiares)  a los que no queda otra que acostumbrarse y evitar verlos salvo en contadas ocasiones, pero hay otras variantes como son los compañeros de trabajo (ver compañeros) que de disponer un buen método de identificación hubiéramos podido eliminar de la ecuación hace tiempo. Estos hermanos de sueldo pueden llegar a ser unos HP memorables.

«-Houston, Houston, tenemos un problema

-tienes, tienes un problema, que yo estoy aquí bien cómodo con mis auriculares, pero dime, perla»

En resumen, que hay personas en este camino que es la vida que hacen que nos preguntemos por qué nadie ha inventado aún el término «despresentarse». No obstante, quizá gracias a ellos hemos aprendido a apreciar a la buena gente que nos rodea. ¿Vosotros que creéis? ¿Son los HP un mal necesario?

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EL FRACASO

 

Cuando una persona, independientemente de su sexo, se mira al espejo una mañana y no le gusta lo que ve, se ve más gorda, más vieja, tiene dolores que no cree merecer, etc. Es entonces cuando la palabra «fracaso» se abre paso entre  las legañas y se pone delante del sueño húmedo de la noche anterior para acaparar toda nuestra atención. 

No obstante, al ser mal de muchos nos consolamos como tontos que somos. Sabemos que eso le pasa a todo el mundo, y nos sentimos mejor, añadamos pues el sentirse bien con el sufrimiento de la gente a la lista de los muchos fracasos que cometieron tus padres con tu educación.

En serio, no pasa nada. La vida está llena de fracasos: el académico, el amoroso, el laboral, el Telegram… Y no por ello vamos a dejar de vivirla. A no ser que seas el tipo que inventó el botón ESC de los teclados. Ese sí, que se muera.

Si buscamos el origen del fracaso en nuestra raza quizás estaríamos equivocados. De hecho, en orden de mantener el rigor informativo, seguramente deberíamos remontarnos muy atrás en tiempo. El fracaso existe desde  la primera vez que el hombre se propuso algo. Digo más, el homo antecesor (que no es un gay de las cavernas como su nombre insinúa) ya tuvo sus primeros contactos con esta fuerza implacable de la existencia.

El día que este ser, llamémoslo Antonio, ya que por motivos de seguridad me ha pedido que no revele su verdadera identidad, pensó en crear una herramienta, la que fuera, un hacha de sílex, un palo afilado, lo que fuera, fue sin duda un impulso motivado porque antes intentó realizar alguna tarea para la que sus manos desnudas no fueron suficientemente eficaces. Y ahí tenemos seguramente el primer fracaso de la historia.

Pensemos durante un segundo en la sensación de desdicha que tuvo el pobre Antonio al darse cuenta de que no podia actualizar su iPhone realizar semejante tarea. Por primera vez se dió cuenta Antonio de que había cosas que estaban fuera de su alcance y que no parecía haber otra opción que aceptarlo y sufrir. Tuvo que ser como cuando después de poner la alarma en tu movil lees: «quedan 4 horas y 33 minutos para que suene la alarma».

Tengo un amigo que es karateka (qué le vamos ha hacer, no ha querido estudiar) que dice que,  según Confucio, una persona que,  sin ánimos de ofender, para ser chino tiene un nombre raro de narices, «fallarás el cien por cien de las cosas que no intentes».

Yo no estoy tan seguro, Confu… Hay una serie de cosas que mejor dejarlas a un lado, pues son un fracaso anunciado, como por ejemplo elegir un password o contraseña.

No existe ni una sola persona con acceso a Internet que se libre de enfrentarse a frases automáticas de sistema como:

«lo sentimos, su password ha de tener como mínimo 8 letras, un número, un versículo de la biblia y un nombre de Pokemon legendario»

O…

«lo sentimos, viendo la mierda de password que ha elegido dudamos mucho que haya nada de valor sobre usted para guardar»

Claro, al final tanta contrariedad acaba ofuscado al usuario.

«El password es muy corto, el password debe contener un número, es pasword debe tener al menos… ¡¿ME DISE TÚ EL PASUOR O KÉ ASE?!»

                   Anónimo (visto en Fb)

Y hablando de fracasos no podemos dejar de lado un gran invento como es el autocorrector.

«Cerebro: ¡He inventado un poema con el que enamorar a Susana!

Pulgares: ¡Bien, nosotros vamos a escribirlo!

WhatsApp: ¡Genial, yo lo enviaré!

Autocorrector: Me vais a comer todos la p…»

Y no os creáis que pasa sólo con el castellano. Hay que leer bien todo antes pulsar la tecla de enviar

Lo que quieres decirle:
«it’s not you, honey.  It’s me»

Lo que ella va a recibir:
«it’s not you, honey.  It’s melissa»

No podemos librarnos del fracaso porque es inherente a la raza humana. Nada más lejos de mis pretensiones el desanimar a nadie. Todo lo contrario, al igual que mi amigo Confu, que está muerto, os animo a no rendiros nunca. Eso sí, teniendo claro este dato. Cualquier cosa que hagas implica la posibilidad de fracasar. Y si no que se lo digan a Antonio, el gay de las cavernas.

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