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UN TAL MURPHY Y LA MADRE QUE LO PARIÓ

Para los que no conozcan las Leyes de Murphy, basta con decir que era un poco pesimista, pues su máxima era “si algo puede salir mal, saldrá mal”

“Si algo puede salir mal, saldrá mal; si algo puede salir mal en el gobierno, saldrá mal por triplicado, sellado y con fotocopia compulsada”.

Murphy es como el típico cuñado que te dice por dónde no tenías que haber pasado justo después de pinchar la rueda. Solo que Murphy encima acompaña el comentario con una de sus leyes, y tú te sientes aún más estúpido por que “mira que no conocer mis leyes…”.

Una de sus famosas afirmaciones es aquella que glosa sobre la absoluta certeza de que si una tostada se te cae, la cara que toque el suelo será la de la mermelada. Visto con perspectiva esto es una ventaja. Yo soy muy indeciso, y nunca se por qué cara de la tostada untar la mermelada. Gracias a esta frase tan solo tengo que tirar la tostada al suelo para salir de dudas.

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Si la ley de Murphy fuera española, la tostada caería por el lado que dijeran los bancos.

De todas maneras no debemos echar la culpa a Robocop de todas las desgracias de la vida. ¿Qué otras posibles causas hay?

El KARMA

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Se escribe karma, y se pronuncia “Jódete por cabrón”. A mi el karma me recuerda a cuando eramos pequeños y nos llovía una hostia. Ante aquel sobresalto (y escozor)  mirábamos a nuestra madre en muda búsqueda de una explicación y ella, por toda respuesta a nuestra pregunta no pronunciada esgrimía un afilado “tú sabes por qué”.

Si que lo sabíamos. Y es que amigos: no llaméis karma a las cosas que os pasan por gilipollas.

Descartada la venganza del universo, busquemos otra posible fuente de desventuras.

EL DESTINO

¿Existe un patrón urdido por una entidad superior e incomprensible para nuestra vida y la de todos? Y de existir, ¿Tiene éste la culpa de que las cosas nos salgan mal?

No soy muy ducho en temas esotéricos. De hecho siempre he pensado que al destino hay que darle un empujoncito si quieres que salga como “está escrito”. Pero en estos temas cabría plantearse en dónde reside el destino, si es que existe. ¿Se encuentra quizá en el horóscopo? La idea de que mi vida este regida por el mes en el que he nacido me parece ante todo curiosa.

“Querido Tauro, no te preocupes, tu novia no hizo nada malo en aquella fiesta…  Ah, que eres piscis. Lo siento, no te había reconocido con esos cuernos”

Tal día como otro cualquiera me levanté temprano, me lavé la cara, y después de mi intento matutino de hacer el moonwalk, leí el horóscopo de Virgo. En realidad soy Cáncer, pero siempre leo también el de Virgo porque me interesa mucho este signo y porque de pequeño me pegaban más por encima de la espalda que por debajo. Esto es así, o te arriesgas a que tu hijo te denuncie por acoso sexual o te arriesgas a tener un hijo tonto perdío como yo.

En fin, la predicción semanal de este signo rezaba:

“Querido Virgo, conocerás a una persona muy especial. Antes de terminar el día serás asesinado por ella”

Bien, después de leer aquello, lo primero que pensé fue que semejantes palabras se me antojaban demasiado inexactas para suponer el porvenir de todos los Virgo. Pero tal y como dije antes, al destino hay que darle un empujoncito, así que no me lo pensé más y bajé a la calle con un cuchillo a cargarme a todos los Virgo que encontrase.

En serio ahora, a mi cuando una chica me pregunta qué horóscopo soy ya juzgo que no vale la pena seguir conociéndonos.

“—Soy Geminis con ascendente a Escorpio, ¿Y tú?

—Déjate de horóscopos y vamos a jugar al ajedrez

—Vale pero esta vez barajo yo, que no me fío.”

Entonces, si el destino no tiene nada que ver, ¿qué otra cosa nutre la obra de este señor?

LA MALA SUERTE

Esa fuerza devastadora que, aunque muchos que se llaman a sí mismos sensatos reniegan de su existencia, es posiblemente el único pilar estable en dónde este genial cenizo de cenizos se apoyaba para proclamar su lema.
La mala suerte está ahí, y cualquiera que lo niegue o bien miente, o bien se miente a sí mismo, en cualquier caso es un mentiroso: matémosle. 

Pero… ¿qué es la mala suerte?

Mala suerte es que la gente se haga un tatuaje en “un día de borrachera” y a mí, que lo tengo totalmente claro, me hagan esperar un mes.

Mala suerte es sentarte en el inodoro con la puerta del baño abierta y oír como se abre la de la calle acompañada de las voces de amigos de tu pareja.

Mala suerte es decir “me voy que llego tarde”, llegar media hora antes, y tener que esperar porque la persona con la que has quedado si que “llega tarde”.

Mala suerte es formar parte de la familia de Liam Neeson en Venganza.

Mala suerte es saltar al vacío y pillarlo lleno.

Mala suerte es ir a ver un eclipse y que vaya la luna y se ponga en medio.

Mala suerte es meterte a cura y que te viole un niño.

Mala suerte es estar con la ouija, que te salga un espíritu argentino y acabar con esguince de muñeca.

“—L-U-K-E-Y-O-S-O-Y-T-U P-A-D-R-E

—Con la ouija no es lo mismo, Constantino

—Y-A… ”

Eso es mala suerte y lo demás es no haber estudiado. Porque también vemos mala suerte donde no la hay. O si la hay pensamos que no merecemos tal cantidad de la misma ¿Creéis que 7 años de mala suerte son muchos por haber roto un espejo? Probad a romper un preservativo.

Bueno a estas alturas ha quedado claro y diáfano que la mala suerte está ahí,  y que nuestro amigo lleva algo de razón el de Super Detective en Holywood lleva a algo de razón. Una vez aclarado esto, ¿qué podemos hacer contra ella?

Para evitar estos mecanismos fatales de la vida hay una serie de trucos supersticiosos. Ah, la superstición. Qué habría sido de muchos de nosotros sin ella. Cuánto deben los fabricantes de bebidas alcohólicas a la frases “brindar con agua da mala suerte”.

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Yo no soy supersticioso. Tan sólo evito vestir de amarillo, cruzarme con gatos negros, pasar por debajo de una escalera, comer sin rezar o empezar a salir con una chica sin sacrificar antes un par de pollos, desnudo a la luz de un par de velas negras, lo típico.

Como decía, no creo en las supersticiones, pero por si acaso, mejor comparte este Blog con 3476286 amigos o tu WhatsApp pasará  a ser de pago. Yo ya lo he hecho y puedo demostrar que funciona. No me han cobrado ni un duro.

Twitter=@cansinoroyal

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EL FRACASO

 

Cuando una persona, independientemente de su sexo, se mira al espejo una mañana y no le gusta lo que ve, se ve más gorda, más vieja, tiene dolores que no cree merecer, etc. Es entonces cuando la palabra “fracaso” se abre paso entre  las legañas y se pone delante del sueño húmedo de la noche anterior para acaparar toda nuestra atención. 

No obstante, al ser mal de muchos nos consolamos como tontos que somos. Sabemos que eso le pasa a todo el mundo, y nos sentimos mejor, añadamos pues el sentirse bien con el sufrimiento de la gente a la lista de los muchos fracasos que cometieron tus padres con tu educación.

En serio, no pasa nada. La vida está llena de fracasos: el académico, el amoroso, el laboral, el Telegram… Y no por ello vamos a dejar de vivirla. A no ser que seas el tipo que inventó el botón ESC de los teclados. Ese sí, que se muera.

Si buscamos el origen del fracaso en nuestra raza quizás estaríamos equivocados. De hecho, en orden de mantener el rigor informativo, seguramente deberíamos remontarnos muy atrás en tiempo. El fracaso existe desde  la primera vez que el hombre se propuso algo. Digo más, el homo antecesor (que no es un gay de las cavernas como su nombre insinúa) ya tuvo sus primeros contactos con esta fuerza implacable de la existencia.

El día que este ser, llamémoslo Antonio, ya que por motivos de seguridad me ha pedido que no revele su verdadera identidad, pensó en crear una herramienta, la que fuera, un hacha de sílex, un palo afilado, lo que fuera, fue sin duda un impulso motivado porque antes intentó realizar alguna tarea para la que sus manos desnudas no fueron suficientemente eficaces. Y ahí tenemos seguramente el primer fracaso de la historia.

Pensemos durante un segundo en la sensación de desdicha que tuvo el pobre Antonio al darse cuenta de que no podia actualizar su iPhone realizar semejante tarea. Por primera vez se dió cuenta Antonio de que había cosas que estaban fuera de su alcance y que no parecía haber otra opción que aceptarlo y sufrir. Tuvo que ser como cuando después de poner la alarma en tu movil lees: “quedan 4 horas y 33 minutos para que suene la alarma”.

Tengo un amigo que es karateka (qué le vamos ha hacer, no ha querido estudiar) que dice que,  según Confucio, una persona que,  sin ánimos de ofender, para ser chino tiene un nombre raro de narices, “fallarás el cien por cien de las cosas que no intentes”.

Yo no estoy tan seguro, Confu… Hay una serie de cosas que mejor dejarlas a un lado, pues son un fracaso anunciado, como por ejemplo elegir un password o contraseña.

No existe ni una sola persona con acceso a Internet que se libre de enfrentarse a frases automáticas de sistema como:

“lo sentimos, su password ha de tener como mínimo 8 letras, un número, un versículo de la biblia y un nombre de Pokemon legendario”

O…

“lo sentimos, viendo la mierda de password que ha elegido dudamos mucho que haya nada de valor sobre usted para guardar”

Claro, al final tanta contrariedad acaba ofuscado al usuario.

“El password es muy corto, el password debe contener un número, es pasword debe tener al menos… ¡¿ME DISE TÚ EL PASUOR O KÉ ASE?!”

                   Anónimo (visto en Fb)

Y hablando de fracasos no podemos dejar de lado un gran invento como es el autocorrector.

“Cerebro: ¡He inventado un poema con el que enamorar a Susana!

Pulgares: ¡Bien, nosotros vamos a escribirlo!

WhatsApp: ¡Genial, yo lo enviaré!

Autocorrector: Me vais a comer todos la p…”

Y no os creáis que pasa sólo con el castellano. Hay que leer bien todo antes pulsar la tecla de enviar

Lo que quieres decirle:
“it’s not you, honey.  It’s me”

Lo que ella va a recibir:
“it’s not you, honey.  It’s melissa

No podemos librarnos del fracaso porque es inherente a la raza humana. Nada más lejos de mis pretensiones el desanimar a nadie. Todo lo contrario, al igual que mi amigo Confu, que está muerto, os animo a no rendiros nunca. Eso sí, teniendo claro este dato. Cualquier cosa que hagas implica la posibilidad de fracasar. Y si no que se lo digan a Antonio, el gay de las cavernas.

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