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DE COMPRAS

Como ya dije en una entrada anterior, se acercan las fiestas de San Consumo De La Santísima Cosumición, con lo que ello implica: hay que comprar adornos, comprar regalos, comprar comida típica de estas fechas. Y para ese tostón menester están las novias.

Bien, novias, iros a dar una vuelta por Pinkie. Los inútiles hombres tenemos que hablar.

Una novia sólo necesita tres frases para manejar a su novio por todo el centro comercial como si de un títere se tratase:

•    Mantén.

•    Dile que te de una talla más.

•    ¿Dónde estabas?

Con estas frases místicas el tarado de tu novio estará más que controlado durante las escasas  horas que dure tu safari.

Así es amiguetes. Estoy de compras con la jefa. Lo bueno de ello es que tengo tiempo de sobra.

De sobra.

De sobra.

De sobra.

De sobra para escribir esto.

Salir con tu novia a un centro comercial es una gran actividad siempre y cuando no pretendas disfrutar. Las únicas veces que te librarás separarás de ella bajo su consentimiento será cuando tengas que ir al servicio.  Que seguramente estará cerrado por causas desconocidas o con un gigantesco carro de limpiadora bloqueándolo.

Encima cuando entras te da la misma sensación que te daba cuando eras pequeño y le pisabas lo fregado a tu madre; se suponía que habías entrado a aliviarte y sales con un cargo de conciencia. No antes de haberte lavado las manos. Porque todos nos las lavamos… ¿Verdad?

Si, ¿quién no se va a lavar las manos sabiendo que es otra atracción  más del centro  comercial? Como por ejemplo el secador de aire caliente, cuya principal misión es hacer ruido mientras te secas las manos en los pantalones (los propios a ser posible).

En fin, ya hemos ido al baño y toca esperar en una esquina del Stradivarius, que parecemos una mezcla entre portero de discoteca y perchero. Pero eso en el Stradivarius, porque yo al Desigual procuro no entrar. Con lo que vale una camisa ahí dentro no entiendo que no tengan para poner un par de bombillas más.

En efecto, cada vez que entro a esa tienda me quedo esperando a que me venga un empleado con un candelabro y mirada sombría a pedirme que le siga. Señores de Desigual, no cuela lo de que los colores chillones de la ropa reflejen la luz, quiero ver lo que me estoy comprando, y más tratándose de su género, que luego llego a mi casa y al abrir la bolsa me encuentro un tablero del Twister donde tenía que haber una camiseta.

Pues eso, toca esperar.

Si te fijas, esperar por tu pareja puede bien ser la palabra que defina vuestra relación; esperas a que quiera ser tu novia, esperas a que termine de comer porque ella come más lento, esperas a que termine de comprar, esperas a que salga del baño, esperas a que se vista, esperas a que se maquille…  Por cierto, ni se te ocurra meter prisa a una mujer mientras se engalana para salir, pues se dará la misma que antes (ninguna). Eso sí, sí no sale exactamente con la pinta que quiere, o si se le olvida algo,  adivina de quién va a ser la culpa.

Sólo me consuelo sabiendo que todos los chavales que están en las esquinas están en mi misma condición. Pero ninguno nos quejamos. ¿sabéis por qué? Porque sabemos cuál es nuestro lugar. No como ese que va por el Ikea dos pasos por delante de la novia toqueteando cosas y añadiendo comentarios del estilo “mira cari, es ésta”.

Esto último mientras se mete el vigésimo quinto lápiz en el bolsillo. Un gran divertimento para la próxima vez que vayas al IKEA: cuando llegues a la caja fijate en la cantidad de gente que se pincha las manos al ir a sacar la cartera.

De nada.

¿En serio, chaval?¿de verdad crees que TÚ estás dirigiendo la compra? Infeliz… ¿Creéis que la novia va detrás de él porque no es capaz de llevar su ritmo? Nuestras novias son quinto dan de Zara y cuarto de Mercadona. Seguramente estará mirando lo que verdaderamente van a comprar mientras el otro juega a las compras. De vez en cuando lo vigila para que no se pierda entre los sillones y piensa satisfecha: “miraló, esta noche va a dormir a pierna suelta”

A ver si nos convencemos, señores. Que en lo que respecta a comprar NO SOMOS NADIE. Esta afirmación por mi parte puede dar lugar a presuponer que ésta es la típica entrada para reírse de las novias y reivindicar no se que estúpida creencia que tenemos los hombres por parte de un amargado que escribe aquí porque no se atreve a decírselo a su pareja a la cara.

Pues bien, aunque entro perfectamente dentro de esa descripción, mis palabras van en dirección contraria a la aparente. Señores. Dejemos que nuestras santas se ocupen de los por menores de los regalos de Navidad. ¡Dejemos de despreciar un bien tan escaso como es el de una persona que piense por ti en estas condenadas fiestas! ¿es que no vemos el puntazo que supone?

“Ay… Pues yo en el LeRoy Merlín si que…”

Tu en el LeRoy Merlín no tienes ni puta idea. Quizás tu novia tiene menos. Pero tu, valga la redundancia, no eres nadie. Y aún así nosotros vamos en un plan por el LeRoy con la pivita… OOOOOH. Inflamos el pecho entre las cocinas como si las hubiéramos montado nosotros. Lo dicho, infelices.

Alguno hay que incluso  coje un listón de madera y lo mira como si apuntara con un fusil. Que tu igual no vienes buscando madera pero son cosas que los hombres tenemos que comprobar, no sea que alguna muchacha desvalida (nunca un hombre)  vaya a llevarse a casa un listón doblado.

Pero al final, como si de piezas de un juguete infantil se tratase, cada uno entramos por el agujero troquelado con nuestra forma, pues tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a la verdadera razón de estar en el LeRoy. Y no te quedará otra opción que esperar a que otro desgraciado como tú termine de preguntar al dependiente para acapararlo tú con tus dudas.

Resumiendo, tenemos que aprender a apreciar la labor de nuestras cónyuges para con nosotros al ofrecernos estos momentos de recogimiento que son el mantenernos en el umbral de los probadores preguntándonos “¿se podrá pasar o me echarán la bronca y me llamarán pervertido?”.

Aprovechad como yo para dar rienda suelta a vuestra imaginación en lo que ella está en su mundo. ¡A lo tonto he escrito una entrada! El problema es que todavía estamos en la primera tienda a la que hemos entrado.

Me pregunto si en la última tienda seré tan generoso con mis palabras.

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2 thoughts on “DE COMPRAS

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